DEVOLVAM O MACBOOK PARA MINHA IRMÃ
Escrevo esse poema para que seu Macbook apareça.
Foi roubado por um nóia de dezessete anos
que prenderam há uma semana e que jura que vendeu o laptop.
Minha irmã o pôs no pau
e a mãe do moleque - com lágrima nos olhos -
pediu para que ela o perdoasse.
Espere um momento, dona.
Primeiro nos devolva o Macbook, e depois nos falamos.
O que me faz recordar que quando tinha quinze ou quatorze anos
um cara me deu um empurrão e surrupiou
o boné que tinha acabado de comprar.
Corri atrás dele mas não consegui pegá-lo
e mesmo tendo passado dias eu não parava
de pensar no meu boné, até que eu o vi numa mercearia,
cheguei perto dele e bati com toda a força
na cabeça e a arrebentei
mas em seguida me dei conta de que não era o meu,
nem que aquele cara não era o cara.
Sei que não estamos em Portland
e que a poesia não irá trazer de volta
o Macbook para a minha irmã.
É mais provável que a arqueóloga dominicana
encontre Cleópatra em Alexandria
que minha irmã seu laptop.
Mas escreve esse poema para que seu Macbook apareça.
Escrevo e as palavras saem de meus dedos
como os raios que os super heróis disparam.
Devolvam o Macbook mais tardar amanhã.
Sorry, maninha, é tudo o que pude fazer.
NA NOITE PASSADA SONHEI QUE ERA UM DJ
Telefono pro Miguel e pergunto a ele
se acha que eu me sairia melhor como DJ ou poeta
Miguel me responde que como poeta.
Minha namorada também me diz que como poeta.
O irmão da minha namorada também diz que como poeta
mas uma periguete que estava na fila do cinema e que tinha acabado de conhecer diz que como DJ.
As garotas me veem mais como DJ
mas as mulheres que compram no supermercado
dizem que eu devo persistir com os poemas.
Mamãe diz que como poeta.
O encanador diz que poeta.
Os cinco poetas que conheço me disseram
que eu me sairia melhor como DJ.
Minha irmã se absteve de votar.
Fui me encontrar com o DJ Tiesto
e uma gringa pegou nas minhas mãos
e me explicou que os DJ's são criaturas de Deus.
- São anjos - disse e enquanto falava
eu imaginava os DJ's voando
com seus turntables ao redor de Deus
como se fossem mosquitos e Deus os espantasse
com a mão.
Enfim, a questão é se os poetas e os DJ's
podem se conciliados.
Se é possível ser um só,
se é possível escrever com uma mão poemas
e na outra virar os discos,
se é possível ser metade poeta e metade DJ
do umbigo pra cima sou poeta
e do umbigo pra baixo sou DJ
ou ao contrário
ou talvez um poeta que se transforme
em DJ nas noites de lua cheia
ou talvez eu esteja exagerando
e no fundo todo DJ quer ser poeta
e todo poeta quer ser DJ.
Tem uma fábula na qual um DJ e um poeta
caem num poço.
Começam a gritar a gritar
até que um homem aparece e lhes atira uma
corda para que subam um, depois o outro.
Sobe primeiro o DJ e quando
jogam pro poeta este grita que o deixem lá embaixo
e o homem e o DJ assim o fazem, esperam
em silêncio e partem em seguida.
(Traducción de Paulo Ferraz)
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viernes, 15 de julio de 2016
jueves, 20 de diciembre de 2012
La esposa (traduciendo a Robert Creeley)
Conozco dos mujeres
y una de ellas
es de sustancia tangible:
de carne y hueso.
La otra habita
mi mente.
Ahí su estricta
proporción
se mantiene.
Pero cómo
he de vivir
con tales criaturas
en mi cama
o cómo deberá él
que tiene una esposa
convertir dos en una
y observar la otra morir.
domingo, 9 de diciembre de 2012
Annus Mirabilis (traduciendo a Philip Larkin)
Las relaciones sexuales comenzaron
Página 146, Philip Larkin Collected Poems, Faber and Faber.
En mil novecientos sesenta y tres
(Lo que fue muy tarde para mí) –
Entre el fin a la censura a Chatterley
Y el primer elepé de los Beatles.
Hasta entonces lo que existía
Era un tipo de regateo,
Discusiones por un anillo,
Un oprobio que empezó a los dieciséis
Y se propagaba a todo.
De repente se acabó la disputa:
Todo el mundo se sintió igual,
Y el diario vivir se convirtió
En una brillante ganancia,
Un juego calmado y sin perdedores.
Así que la vida no fue nunca mejor que
En mil novecientos sesenta y tres
(Aunque ya muy tarde para mí) –
Entre el fin a la censura a Chatterley
Y el primer LP de los Beatles.Página 146, Philip Larkin Collected Poems, Faber and Faber.
sábado, 8 de diciembre de 2012
un fragmento de El Mundo no se Acaba (traduciendo a Charles Simic)
La época de los poetas menores se acerca. Adiós Whitman, Dickinson, Frost. Bienvenido tú cuya fama nunca irá más allá de tus familiares cercanos, y quizás uno o dos amigos reunidos después de cenar ante una jarra de fuerte vino tinto... mientras los niños que tratan de dormirse se quejan del ruido que haces al hurgar en el armario en busca de tus viejos poemas, temeroso de que tu esposa los haya tirado en la limpieza de la primavera pasada.
Está nevando, dice uno que le le dio una ojeada a la noche oscura para luego volverse hacia ti que te vas preparando para leer de una forma algo teatral y con la cara enrojecida, un poema de amor extenso e incoherente cuya última estrofa (desconocida para ti) lamentablemente se ha extraviado.
--A la manera de Aleksandar Ristovic'
viernes, 7 de diciembre de 2012
Los amigos de Heráclito (traduciendo a Charles Simic)
Tus amigos han muerto, con los cuales
Recorrías las calles,
A todas horas, hablando de filosofía.
Así que hoy anduviste solo,
Deteniéndote en ocasiones
Para cambiar sitio
Con tu compañero imaginario,
Y discutir de nuevo contigo mismo
Las teorías de apariencia:
El mundo que vemos en nuestras cabezas
Y el mundo que vemos a diario,
Cuán difícil distinguir uno de otro
Cuando la pena y el dolor nos abaten.
Ustedes dos se dejan llevar tanto por las divagaciones
Que con frecuencia se encuentran perdidos,
En barrios calientes, en medio de tipos nada amigables,
En barrios calientes, en medio de tipos nada amigables,
Teniendo que preguntar por direcciones,
Justo cuando están a punto de alcanzar
El entendimiento supremo,
Repitiendo la pregunta
A una anciana o a un niño
Quienes quizás son sordo mudos.
¿Cuál fue ese fragmento de Heráclito
Que tratabas de recordar
Cuando pisaste el gato del carnicero?
Mientras tanto, te extraviaste
Entre el nuevo zapato negro de alguien
Abandonado en la esquina
Y el súbito terror y la euforia que te vino
Al ver de frente esa chica
acicalada para ir a bailar
que aceleraba con sus patines.
lunes, 3 de diciembre de 2012
La feria de las vanidades (traduciendo a Charles Simic)
No importa si te perdiste
el perro de seis patas.
Nosotros lo vimos, recostado en la esquina.
En cuanto a las patas extra,
se adaptaron a las otras de inmediato
y ya uno pensaba en otra cosa.
Como en que fría y oscura noche
para estar a la intemperie en la feria.
Entonces el dueño lanzó un palo
y el perro fue tras él en sus cuatro patas,
las otras dos revoloteando detrás,
lo que hizo que una chica se explotara de la risa.
Estaba borracha como el hombre
que se la pasó besándole el cuello.
El perro alcanzó el palo y miró hacia nosotros.
Y eso fue todo el show.
jueves, 29 de noviembre de 2012
Paraíso (traduciendo a Charles Simic)
En
un barrio que una vez se llamó “Hell’s Kitchen”
Donde
un pordiosero juraba estar tocando el violín de Nerón
Mientras
la ciudad ardía en la canícula del verano;
Donde
una barbera que se hacía llamar a sí misma Cleopatra
Blandía
la tijera del destino sobre mi cabeza
Amenazando
con cortarme las orejas y la nariz:
Donde
un hombre y una mujer se echaron a andar desnudos
por el lado oscuro de la calle al amanecer.
Debo
estar soñando, me decía a mí mismo.
Era
como conocer una pareja de esfinges.
Esperaba
que tuvieran alas, cuerpos de leones;
Él
con su salvaje pecho tatuado;
Ella
con sus tetazas colgantes.
¡Ocurrió
demasiado rápido, y hace tanto tiempo!
¿Conoces
esa hora justo antes de que el día rompa
cuando
uno anhela recostarse en las sábanas frías
de
un cuarto con las persianas bajadas?
La
hora en que los hermosos suicidas
que
yacen extremo a extremo en la morgue
se
levantan y caminan hacia la primera luz.
Las
cortinas de los hoteles baratos vuelan fuera de las ventanas
Como
gaviotas, pero todo lo demás está tranquilo…
Vapores
se alzan de las rejillas del Metro…
Cuerpos
brillantes de sudor…
¡Locura,
y bien podrías decir, Paraíso!
martes, 30 de octubre de 2012
Un Tren puede ocultar otro de Kenneth Koch
(Letrero en un cruce en Kenya)
En un poema, un verso puede esconder otro verso,
como en un cruce, un tren puede esconder otro tren.
Eso significa que si estás esperando cruzar
los rieles, espera hacerlo por un momento
al menos hasta que el primer tren se aleje. Y así cuando leas
espera hasta que hayas leído la próxima línea –
entonces es seguro proseguir la lectura.
En una familia una hermana puede ocultar a la siguiente hermana,
así que cuando estés cortejando, lo mejor es tenerlas todas al frente
de lo contrario al visitar a una te podrías enamorar de la otra.
Si eres mujer, un padre o un hermano pueden ocultar al hombre,
a quien has estado esperando amar,
así que siempre ponte de pie de la manera
en que las palabras se levantan frente a los objetos,
los sentimientos y las ideas.
Un deseo puede ocultar otro. Y la reputación de una persona
puede ocultar
la reputación de otra. En el patio un perro puede ocultar otro,
así que si escapaste del primero eso no significa que estés a
salvo;
una lila puede ocultar otra lila y también un montón de lilas
y sobre el Appia Antica una tumba
puede ocultar una serie de tumbas. En el amor, un reproche puede
ocultar otra cosa,
una pequeña queja puede ocultar una mayor.
Una injusticia puede ocultar otra – una colonia puede ocultar otra,
un uniforme rojo chillón otro, y otro, una columna completa.
Un baño puede ocultar otro baño
como cuando, después de bañarse, uno camina en la lluvia.
Una idea puede ocultar otra idea: la vida es sencilla
oculta que la vida es increíblemente compleja, al igual que en la
prosa de Gertrude Stein
una oración oculta otra y es otra al mismo tiempo.
Y en el laboratorio un descubrimiento oculta otro descubrimiento,
una tarde oculta otra, una sombra, un nido de sombras.
Un rojo oscuro, o un azul, o un púrpura – esto es una pintura
hecha por alguien llamado Matisse. Uno espera en el riel hasta que cruzan, esos ocultos dobles o, en ocasiones, lo que se les asemeja.
Un gemelo idéntico puede ocultar otro.
¡Y puede que haya más ahí! El ginecólogo contempla
el valle de Var. Solíamos vivir ahí, mi esposa y yo, pero
una madre vivaz oculta una hija atontada. La hija oculta
su propia vivacidad de hija al revés. Ellas están en una
estación de tren y la hija sostiene una funda
más grande que la funda de la madre y la oculta exitosamente.
Al ofrecerse a llevar la funda de la hija uno se encuentra a sí
mismo confrontado por la madre
y tiene que llevar esa otra funda también. Así que un tipo pidiendo bola puede abiertamente esconder otro tipo pidiendo bola, y una taza de café otra, también, hasta que uno está sobre excitado.
Un amor puede ocultar otro amor o el mismo amor
como cuando “te amo” de repente resuena falso y uno descubre
un mejor amor esperando más allá, como cuando “Estoy lleno de dudas” oculta “Estoy seguro en cuanto algo, y es eso”
y un sueño puede ocultar otro sueño como siempre hemos sabido. En el Jardín del Edén
Adán y Eva pueden ocultar a los verdaderos Adán y Eva.
Jerusalén puede ocultar otro Jerusalén.
Cuando alcances algo, detente para que pase
y puedas verlo plenamente. En casa, no importa donde,
los rieles internos son peligrosos también: un recuerdo
ciertamente esconde otro recuerdo, y de esto se trata la memoria,
la eterna reverberancia de las entidades que se contemplan.
Leyendo A Sentimental Journey miras alrededor,
en busca de Tristram Shandy, para ver
si está de pie ahí, debe estarlo, más fuerte
y más profundo y oculto como Santa Maria Maggiore
puede estar oculta en iglesias similares de Roma. Una acera
puede esconder otra, como cuando estás dormido allá, y
una canción esconde otra canción, los golpes arriba
ocultan el golpeteo de la batería. Un amigo oculta otro, te sientas a los pies de un árbol
con alguien y cuando te levantas para irte hay otro ahí
con el que hubieses preferido conversar. Un profesor,
un doctor, un éxtasis, una enfermedad, una mujer, un hombre,
pueden ocultar otros más. Detente para dejar que el primero cruce.
Te dices ahora es seguro avanzar, y eres golpeado por el siguiente tren. Hubiera sido mejor esperar al menos
un instante para ver que se ocultaba ahí.
un instante para ver que se ocultaba ahí.
(Traducción Giselle Rodríguez Cid y Frank Báez)
martes, 13 de diciembre de 2011
Diciembre (Traduciendo a Charles Simic)
nieva
y
aun los desarrapados
van
cargando
sus cartelones -
uno
anuncia
el
fin del mundo
el
otro
los
precios de una barberia local.
domingo, 13 de noviembre de 2011
viernes, 4 de noviembre de 2011
Un poema mío en Words Without Borders
Se trata de un especial que la revista Words Without Borders dedicó al Caribe y donde eligieron un poema mío que pueden leer acá. También redactaron una biografía mía y de mi traductor , Hoyt Rogers.
martes, 4 de octubre de 2011
Traduciendo a Derek Walcott (7)
32
Ahora sé feliz en Cap, por las cosas más sencillas
- por una línea de garcetas blancas que llevan a la palabra final,
por los conjuros del mar que vuelven a entrar a mi cabeza
para borrar las inquietudes y eliminar esa voz demoníaca
que recientemente me ha poseído; silenciosa,
susurra, al igual que el demonio le susurra al loco
que al ver sus manos ensangrentadas farfulla que lo han poseído, como el mar que gira en el oído de la concha, como el rugido
de aplausos que precede al actor con su gran duda,
que incluso lo paraliza de terror: de que su grandeza haya pasado. Es cierto que mi don se ha marchitado, que queda poco de él:
si este hombre está en lo cierto entonces no hay otra cosa que hacer que abandonar la poesía como a una mujer porque la amas
y no quieres verla herida, y mucho menos por mí:
así que camina al borde del acantilado y elévate sobre
el envidioso, el rencoroso, la grosería, con la gracia
de una fragata que cruza Barrell of Beef: su roca;
sé agradecido por haber escrito bien en este lugar,
deja que los poemas ajados zarpen de ti como una bandada
de garcetas blancas en un largo y postrero suspiro de liberación.
- por una línea de garcetas blancas que llevan a la palabra final,
por los conjuros del mar que vuelven a entrar a mi cabeza
para borrar las inquietudes y eliminar esa voz demoníaca
que recientemente me ha poseído; silenciosa,
susurra, al igual que el demonio le susurra al loco
que al ver sus manos ensangrentadas farfulla que lo han poseído, como el mar que gira en el oído de la concha, como el rugido
de aplausos que precede al actor con su gran duda,
que incluso lo paraliza de terror: de que su grandeza haya pasado. Es cierto que mi don se ha marchitado, que queda poco de él:
si este hombre está en lo cierto entonces no hay otra cosa que hacer que abandonar la poesía como a una mujer porque la amas
y no quieres verla herida, y mucho menos por mí:
así que camina al borde del acantilado y elévate sobre
el envidioso, el rencoroso, la grosería, con la gracia
de una fragata que cruza Barrell of Beef: su roca;
sé agradecido por haber escrito bien en este lugar,
deja que los poemas ajados zarpen de ti como una bandada
de garcetas blancas en un largo y postrero suspiro de liberación.
White Egrets
miércoles, 28 de septiembre de 2011
Traduciendo a Derek Walcott (6)
42
Lorna
Goodison
Esta
prosa tiene la manera de andar de una mula
que
forzan a subir el camino de la montaña,
una
colina con fresas salvajes; sí, las fresas crecen allá,
y
los pinos también florecen; árboles nativos del exterior,
y
cafetales brillando en el fresco aire azulado
que
abanica los muslos de las montañas. El pernicioso jengibre
sobrecoge en las esquinas y las hojas de lima aplastadas
dejan
su recuerdo entre el pulgar y el tercer dedo;
cada
página tiene la frescura de la infancia de una muchacha,
de
cuando por un exiguo arroyo el blanco grito
de
una garceta golpea con el mismo ritmo con que los cuervos
sobrevuelan
carroñas invisibles en sus amplios sueños;
comas
brotan igual que arbustos espinosos a los lados de esta prosa curveada
que
desciende hacia algún pueblo llamado Harvey River
cuyas
cercas son protestantes. Una fina llovizna presbiteriana
bendice
cada corral con sus campanarios de madera
sobre
los hirvientes tejados de zinc. En este terreno
los
adjetivos se levantan con modestia;
esta
prosa mujeriega que se dirige a la modista
cruza
pequeños balcones húmedos y la ropa puesta a secar
de
un patio oloroso como el lunes; esta prosa
tiene
el repentino aroma de una inclinada ráfaga de lluvia
sobre
el asfalto quemado de las nubladas colinas de Jamaica.
De White Egret
domingo, 25 de septiembre de 2011
Traduciendo a Derek Walcott (5)
Garcetas
blancas
1
Cauto
ante la luz del tiempo y con cuanta
frecuencia dejará que las sombras matinales
se
extiendan en el césped,
a
las acechantes garcetas abrir sus picos y tragar
cuando
tú, no ellas, o tú y ellas, se hayan marchado;
a
las ruidosas cotorras alistar su flota en el ocaso
para
que abril encienda su violeta africano
en
el retumbante mundo que te humedece
esos
cansados ojos que detrás de dos lentes
se
empañan: amanecer, atardecer,
los
discretos estragos de la diabetes.
Acéptalo
todo con frases ecuánimes,
con
la solución esculpida que fija cada estrofa;
aprende
que el césped brillante no opone resistencia
a
las apuñalantes preguntas de la garceta
y
a las respuestas de la noche.
2
La
elegancia de esas acechantes garcetas blancas
de
picos anaranjados como aguamaniles,
los
gruesos olivos, los cedros que consuelan
al
arroyo que ruge torrencialmente en
tiempos
de lluvia; rumbo a esa paz
que
está más allá de los deseos y los remordimientos,
a
la cual eventualmente he de llegar,
donde
las palmeras se encorvan bajo el sol
como palanquines con sombras tigresas. Deberán estar allí
luego
que mi sombra cruce cargada de pecados
el
verdoso matorral del olvido,
con
la salida y la puesta de un centenar de soles
sobre
el valle de Santa Cruz, donde amé en vano.
3
Veo
los descomunales árboles estremecerse en la hierba
como
un jadeante mar sin olas, los bambúes sumergen
sus
cuellos como caballos enlazados mientras las hojas amarillentas,
rotas
por los latigazos de las ramas, caen en avalancha:
todo
esto antes que la asustadiza lluvia se derrame desde
el
empapado lienzo del cielo semejante a una vela desamparada,
soplando
y acosando completamente las colinas
como
si todo el valle fuera un casco atravesando la tempestad
y
los bosques no fuesen de árboles sino olas de un mar embravecido.
Cuando
la luz quiebra y el trueno grita como si maldijera
y
descansas tranquilo en una oscura casa perdida
en
Santa Cruz, sin luz, la electricidad que se va de repente,
piensas
en quién le dará cobijo al tembloroso gavilán,
a
la impecable garceta, a las garzas del color de las nubes
y
a las cotorras que se asustan ante los falsos fuegos del amanecer.
4
Estos
pájaros, la garceta de nieve o la blanca garza,
continúan
modelando para Audubon en un libro
que
en mi juventud se abría como el césped
en
la Santa Cruz de esmeralda, sabiendo lo bien que posan
y
la perfección de su pavoneo. Salpican las islas,
en
ciénagas, en manglares o pasto de ganado,
deslizándose
sobre estanques, para luego balancearse en el lomo
de
un novillo sedoso, o huyendo del desastre
en
los climas huracanados, y recogiendo pulgas
con
sus puñaladas eléctricas, tal si fuera un gran privilegio
que
pudieran estudiarlas por esa presunción mítica
de
que ellas volaron de Egipto y atravesaron el mar
con
el ibis faraónico: su pico anarajando y sus patas
reposan
sosegadas para adornar una cripta
y
luego abalanzarse con sus alas, que aleteando con fuerza,
son
tan parecidas a las de un serafín cuando baten.
5
El
ideal perpetuo es el asombro.
¡La
helada hierba verdosa, los árboles tranquilos, el bosque
en
la colina de allá, luego, el blanco suspiro de una garceta
que
vuela hasta el marco donde se tambalea para descansar
con
su paso torpe, erecto y emblemático!
Otro
pensamiento asombra: un gavilán en el puño
de
una rama, silencioso, como un halcón,
se
dispara hacia el cielo, circulando sobre alabanzas o condenas,
con
la misma alta indiferencia que ustedes:
ahora
se lanza a destrozar un ratón de campo con sus garras.
La
página de la hierba y esta página abierta son las mismas:
una
garceta sorprende la página, el altivo gavilán grazna
sobre
una cosa muerta, un amor que era puro castigo.
6
No
he visto a las garcetas desde la mitad de la semana de navidad,
y
nadie me dijo el por qué se fueron,
pero ahora han vuelto con la lluvia: su pico naranja,
sus zancas
rosadas y su cabeza de cuchillo, están de vuelta en el césped
donde
solían estar con la lluvia clara e ilimitada
del
valle de Santa Cruz, en el cual, llueve
continuamente
sobre los cedros hasta que la niebla cubre la llanura.
Las
garcetas tienen el color de las cascadas,
y
de las nubes. Algunos amigos, los pocos que aun tengo,
están
muriendo, pero las garcetas acechan tras la lluvia
como
si nada mortal pudiera aflijirlas, o se alzan
como
abruptos ángeles, planean y vuelven a posarse.
En
ocasiones las colinas desaparecen por sí mismas
como
amigos, lentamente, pero estoy tan feliz
de
que hayan vuelto ahora, como la memoria, como una plegaria.
7
Con
el ocio de una hoja cayendo en el bosque,
amarillo
pálido tirando a verde – mi final.
Pronto
será la temporada seca, las colinas se oxidarán,
las
garcetas hunden sus ondulantes cuellos, encorvándose
y
apuñalando a gusanos y larvas tras la lluvia;
en
ocasiones erectas como los pinos del bowling, se levantan
como
jirones de algodón pelados en las montañas;
entonces
cuando se mueven, torpemente, desplazan esta mano
con
los dedos abiertos de sus patas y sus cuellos como dardos.
Compartimos
un instinto: el voraz apetito
que
posee el pico de mi lápiz, pinchando retorcidos insectos
como
sustantivos y tragándoselos, ya que mi pico lee
mientras
escribe, sacudiendo con ira lo que rechaza.
Selección
es lo que enseña la garceta
en
el amplio y abierto cesped: su cabeza negando mientras lee
en
un silencio impuesto, en una lengua que está más allá del
discurso.
8
Estábamos
próximos a la piscina de la casa de un amigo en St. Croix:
Joseph
y yo hablábamos; él detuvo la conversación
- esperaba
que disfrutara esta visita -
para
señalar, con un quejido, no detenida ni acechando
sino
fijada en un gran árbol, un suspiro que lo sacudió
“como
algo salido del Bosco”, dijo. El inmenso pájaro estaba
de
repente ahí, quizás él mismo que lo estremeció,
una
garceta sepulcral o una garza - la impronunciable palabra estaba
siempre
ante nosotros, como Eumaeus, un tercer compañero -
y
lo que le fascinó, a él que amaba la nieve, lo que lo sacó de sí,
era
que el pájaro era de un blanco espectral.
Ahora
cuando de tarde o de noche en el césped
las
garcetas planean juntas en silenciosos vuelos
o
atraviesan, como una regata, la hierba verdosa del mar:
se
vuelven almas seráficas, como era la de Joseph.
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