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miércoles, 2 de enero de 2008

Roberto Bolaño pregunta por Frank O´Hara en una sesión de espiritismo

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Lamento mucho la pérdida de mi grabación de Joe Brainard leyendo I Remember que, para quienes no lo saben, influye directamente en los Je me Souviens de George Perec y ambos en Un Paseo por la literatura de Bolaño. Pues bien, Joe Brainard con su delicada voz, tan delicada que uno se lo imagina con pintalabios, dice:
I remember the first time I met Fra
nk O’Hara. He was walking down Second Avenue. It was a cool early Spring evening but he was wearing only a white shirt with the sleeves rolled up to his elbows. And blue jeans. And moccasins. I remember that he seemed very sissy to me. Very theatrical. Decadent. I remember that I liked him instantly.

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El otro día estaba viendo en You Tube un recital del poeta Amiri Baraka en la universidad de Berkeley, durante un programa denominado Lunch Poems, nombre tomado a partir del mítico libro de Frank O´Hara. Antes de empezar con sus poemas, Amiri Baraka, habló de su amistad con el poeta y de sus cameos en ese libro y cómo el estuvo ahí, pero con otro nombre, ya que entonces se llamaba Leroi Jones, cuando O´Hara concibió el nombre de su nuevo movimiento, Personalism, en una cafetería neoyorkina donde almorzaban juntos.

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Como bien se sabe, el movimiento Personalism fue producido, dirigido y escrito y protagonizado por el mismo Frank O´ Hara
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Este es el video de Amiri Baraka



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He estado leyendo los poemas de Roberto Bolaño incluidos en La Universidad Desconocida.
Una de las sorpresas más gratas del libro, son algunos poemas que recuerdan el titubeante estilo de Frank O´Hara, el cual muchos poetas gringos y no gringos han venido copiando. Un estilo que ha hecho escuela y que consiste en escribir un poema como si estuvieras hablando con un amigo en un bar o por teléfono. Esto de seguro, suena idiota. Ahora bien, al leer un poema de Frank O´Hara nos damos cuenta de que efectivamente eso es lo que hace. Si eso lo escribo yo, suena insípido y vago, como agitar una botella de Coca Cola con las dos manos sin que ocurra nada. Pero cuando lo escribe O´Hara se trata de Champagne y salta el corcho y todo el mundo contento con su copa llena, es como cuando uno se queda fascinado por horas ante una instalación o una pintura de un museo que no comprende, al punto de que tiene que venir una señora y tocarnos el hombro para decirnos que es hora de cerrar.

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Hay quienes dicen que el logro de O´Hara radica en introducir por primera vez la estética gay
en un poema. O lo que decía Ashberry que iluminaría todo esto, pero que lamentablemente he olvidado. Lo siento mucho.

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Foto de Bolaño con su padre.

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Primer poema de Bolaño
que me recuerda a O´Hara.

Vete al infierno, Roberto, y recuerda
que ya nunca más
volverás a metérselo
Tenía un olor peculiar
Largas piernas pecosas
Cabellera caoba y bonita ropa
En realidad poco es lo que recuerdo ahora
Me amó para siempre
Me hundió

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Uno más.

El Dinero

Trabajé 16 horas en el camping y a las 8
de la mañana tenía 2.200 pesetas pese a ganar
2.400 no sé qué hice con las otras 200
supongo que comí y bebí cervezas y café con
leche en el bar de Pepe García dentro del
camping y llovió la noche del domingo y toda
la mañana del lunes y a las 10 fui donde
Javier Lentini y cobré 2.500 pesetas por una
antología de poesía joven mexicana que
aparecerá en una revista y ya tenía más de
4.000 pesetas y decidí comprar un par de
cintas vírgenes para grabar a Cecil Taylor
Azimuth Dizzie Gillespie Charli Mingus
y comerme un buen bistec de cerdo
con tomate y cebolla y huevos fritos y escribir
este poema o esta nota que es como un pulmón
o una boca transitoria que dice que estoy
feliz porque hace mucho que no tenía
tanto dinero en los bolsillos


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El que sigue a continuación tiene hasta un epígrafe de Frank O´Hara.

es agradable poder aferrarse a algo simple y real como echar a alguien de menos
Frank O´Hara

Escucho a Barney Kessel
y fumo fumo fumo y tomo té
e intento prepararme unas tostadas
con mantequillas y mermelada
pero descubro que no tengo pan y
ya son las doce y media de la noche
y lo único que hay para comer
es una botella casi llena
con caldo de pollo comprado por la
mañana y cinco huevos y un poco
de moscatel y Barney Kessel toca
la guitarra arrinconado entre la
espada y un enchufe abierto
creo que haré consomé y
después me meteré en la cama
a releer La Invención de Morel
y a pensar en una muchacha rubia
hasta que me quede dormido y
me ponga a soñar.

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Imagino que durante la redacción de esos poemas, Bolaño de seguro tenía los libros de O´Hara abiertos en su mesa de trabajo. Lo bueno de la edición de La Universidad Desconocida, es que tiene una bibliografía donde se puede rastrear las fechas en que se publicaron los poemas. De acuerdo a esto, los poemas fueron publicados entre 1994 y 1995 en revistas y libros enviados a concursar. Permitáseme divagar un poco. Hace un tiempo compré una traducción de poemas de Charles Simic en Mateca, publicados por DVD poesía. Es el único libro que tengo en mis estantes de esa extraña colección en español. Recuerdo que leyendo el catálogo que está en una de las solapas, se refieren a la edición de los Lunch Poems de Frank O´Hara, traducidos como Poemas a la hora de comer. Si el libro de Charles Simic es de finales de los noventa, puede que para esos años Roberto Bolaño haya tenido la edición de DVD poesía de los poemas de O´Hara. Puede ser. ¿Vendría el epígrafe de esa edición? No sé. De repente todo gira en sentido contrario, ya que las crudas referencias de los poemas hacen pensar en un periodo anterior de la vida de Bolaño que no tiene que ver nada con los noventa. Por lo que descartemos lo del libro y pensemos más bien que Bolaño tuvo un encuentro de tercer tipo en una sesión espiritista con Frank O´Hara.

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Esto es todo.

Nota 5 de enero
Giselle me cuenta de la muerte de Mike Goldberg, pintor norteamericano, amigo de Frank O´Hara. En el poema Why I am not a painter, Frank O´Hara se refiere directamente a este. También leo que Gregory Corso escribió el poema Marriage pensando en Mike Goldberg y
Patsy Southgate. Darle un vistazo en el blog de Ron Silliman al poema y a la pintura de Mike Goldberg que lo inspiró.

viernes, 21 de diciembre de 2007

Revista Ping Pong # 6


Así como algunos cierran los ojos en el aeropuerto de Los Angeles y los abren en el aeropuerto de Tokio, hemos llegado al sexto número de la Revista Ping Pong. Esto quiere decir, que la Revista Ping Pong ( www.revistapingpong.com ) ya se encuentra en línea y que deben entrar. Queremos agradecer a las personas que colaboraron en este número y a cada uno de nuestros lectores.

El contenido de la sexta Revista Ping Pong es el siguiente.
Selección de Poesía Contemporánea Peruana
Denisse Vega Farfán
José Cabrera Alva
Andrea Cabel García
Lucho Zuñiga
Miguel angel Malpartida Quispe
Patricia Colchado Mejía
Arianna Castañeda
Dalmacia Ruiz - Rosas Samohod
Willy Dómez Migliaro
Diego Lazarte
Ana María Falconi
José Miguel Herbozo Duarte
Entrevistas
Al escritor Junot Díaz sobre su obra y su relación con la poesía.
Al intelectual Pedro Conde Sturla sobre poesía dominicana.
Artículos sobre poesía
Sobre John Ashberry de Luis Chacón
Presentación del libro Bicéfalo de Ariadna Vázquez y Daniela Camacho por Frank Báez
Manuel del Cabral no envejece por Frank Báez
La universidad Desconocida de Roberto Bolaño por Javier Moreno
Reseña
Tú si eres Junot Díaz de Paul Alvarez
Traducciones
Nueve poemas caribeños de Derek Walcott por Frank Báez e ilustrado por July Monción
Selección de poemas de Billy Collins por Giselle Rodriguez Cid e ilustrados por ella misma.
Poesía Visual
Selección de poesía visual del poeta brasilero Almandrade

jueves, 20 de diciembre de 2007

Revista Punto en Línea

Esta es la portada del cuarto número de la Revista Punto en Línea 4. La publica el departamento de Literatura de la UNAM de México y desde hace unos meses se encuentra en la red. Para este número me han publicado una selección de poemas que han denominado: Las Cenizas de Roberto Bolaño y otros poemas. Este es el link.

miércoles, 19 de septiembre de 2007

Sergio González Rodríguez como personaje de Javier Marías y Roberto Bolaño

Sergio González Rodríguez se pasea, como si se tratara de un parque o de una playa, por dos de las novelas en lengua española capitales de los últimos diez años. Me refiero a 2666 de Roberto Bolaño y Negra espalda del tiempo de Javier Marías.

En 2666 Sergio González Rodríguez es el personaje del periodista Sergio González Rodríguez y en Negra espalda del tiempo funciona como corresponsal de Javier Marías en la resolución de la extraña muerte de Wilfrid Ewart que murió después de que una bala atravesara su ojo derecho.

Como se me ha hecho difícil conseguir en las librerías su libro Huesos en el Desierto, basado en lo asesinatos de mujeres en Ciudad Juarez, he buscado en google y leído una serie de entrevistas y artículos acerca de este escritor que ya ha sido inmortalizado en la literatura.

Sobre el libro se ha escrito lo siguiente: Huesos en el desierto: crónica, reportaje y ensayo de historia cultural al mismo tiempo configura un dramático archivo de relatos que presenta las claves para comprender y resolver a fondo estos homicidios, así como conjeturar la geografía del mal supremo, aquel que puede entreverse desde la perspectiva de Dürrenmatt: «Nuestra razón sólo ilumina el mundo de un modo insuficiente. En la zona crepuscular de sus límites tiene lugar toda paradoja».

En una entrevista que le hace Roberto García Bonilla dice: En la psicopatía de los asesinos parece haber un elemento adicional que le otorga un grado de alevosía mayor a sus crímenes: cierto rencor social que se ensaña con víctimas pobres. El poder del narcotráfico en México, así como sus nexos con empresarios y políticos resulta algo inobjetable, tanto como el hecho de que el narcotráfico implica una estructura patriarcal, jerárquica, iniciática, caciquil, que depende del secreto, de la sangre y del sacrificio en su cruzada contra el orden establecido. La violencia extrema, es decir, la violencia de género en este caso, es uno de sus mecanismos activos, aunada a la mediación de creencias irracionalistas, como la narcobrujería, el narcosatanismo, o la fe en la Santa Muerte.

Y en esta de Osvaldo Espino responde: Roberto Bolaño escribía su novela 2666 cuando supo, a través de Jorge Herralde y Juan Villoro, que yo preparaba una pesquisa documental sobre el femicidio en Ciudad Juárez, y se puso en contacto conmigo por correo electrónico. Quería intercambiar puntos de vista sobre el tema. De pronto, me solicitaba información muy exacta sobre, por ejemplo, las armas que usaban los narcotraficantes, o bien, algunos detalles judiciales de tipo forense. Creamos una secta de dos en la que intercambiábamos datos e ideas sobre los asesinatos, o los probables asesinos. En el otoño de 2002 pude visitarle en su casa de Blanes, ya había leído Huesos en el desierto y me comunicó que yo aparecía como personaje en su próxima novela, lo que me sorprendió bastante. Fue muy generoso al reseñar mi libro, y nunca me imaginé que su vida estaba tan cerca de terminar. Meses después leí 2666 y me impresionó su magistral trama, su minuciosa reconstrucción del infierno juarense, que por razones literarias ubica en un poblado llamado Santa Teresa. Escribir aquello debió ser un ejercicio extremo para él. La trascendencia vasta de esta novela será reconocida en el futuro.

Y de repente me encuentro con una reseña que Sergio González Rodríguez realizó de Los Detectives Salvajes de Bolaño en que juzga la novela de una manera injusta, según me parece, al poco tiempo de estar haber ganado uno de sus galardones. En la segunda parte de Los Detectives Salvajes, aquella de los monólogos que se repiten uno detrás de otro, pudiéramos incluir al personaje Sergio González, que de alguna manera también se convierte en un personaje de este libro.

Noche y Día / Los detectives salvajes
Por Sergio González Rodríguez
REFORMA
(16 Enero 1999).-Todavia hasta principios de los años 80, todo mundo en el medio literario tenía una anécdota qué referir -casi siempre más próxima a la indiferencia que al escándalo- sobre un grupo de escritores -o aspirantes a escritores, a decir de muchos- que se hacían llamar los infrarrealistas. El último de sus mohicanos -Mario Santiago Papasquiaro- murió meses atrás atropellado por un automóvil en una avenida capitalina: destino fiel y al mismo tiempo aciago para quienes transcurrieron su vida en el país de la calle, los cuartos de azoteas, las cantinas, la bohemia y las cafeterías obsolescentes.Fueron devorados uno tras otro por una ciudad que crecía ajena a sus presunciones de tardío vanguardismo: el anhelo de llevar la revuelta poética a la vida cotidiana. Tal militancia en las ilusiones perdidas los llevó a oponerse al establishment de nuestra vida literaria. Solían llegar a tertulias de escritores prestigiados en sitios públicos o privados y colarse para representar algún performance, o sabotear a gritos desde el sillerío de los espectadores alguna lectura o acto literario. Una vez lo hicieron con Octavio Paz y éste se les puso al brinco. Otra vez Carlos Chimal debió enfrentarlos con una pluma de escribir en la mano, y luego se quejaron de que los había intimidado con un cuchillo -en el delirio toxicómano, es comprensible, las cosas se vuelven proteicas.

Esas y otras historias estarían condenadas a persistir sólo como tema insólito de charla o memoria afectiva entre quienes convivieron con los infrarrealistas, de no ser porque ahora ha llegado a México la obra que ganó el Premio Herralde de Novela 1998, Los detectives salvajes, del chileno Roberto Bolaño, que está dedicada a rendir un anti-homenaje a ese grupo y usar su caso para elaborar un retrato de humor feroz sobre las andanzas reales y ficticias de uno de los últimos resabios vanguardistas en América Latina.

El Premio a Los detectives salvajes se explica en parte por el gusto actual en España por los relatos de costumbrismo retro o rescate de la memoria extraviada. O por la tendencia a la sobrepaginación de los libros y el éxito comercial del pintoresquismo localista y divertido. Roberto Bolaño registra de primera mano la vida literaria de la Ciudad de México de los años 70 a partir de las andanzas de un grupo denominado los real visceralistas, que giran en torno de dos personajes: Ulises Lima y Arturo Belano, a su vez inmersos en una pesquisa seudodetectivesca acerca de una ignota poeta, Cesárea Tinajero.

Alrededor de éstos, se urde una red de personas, voces, relatos abigarrados que sirven para que el narrador despliegue sus mejores aptitudes: la exactitud en lo cómico o absurdo; la ironía ante la estupidez, la ignorancia y las pretensiones fallidas; el sarcasmo que devela el juego de cortesanías, jerarquizaciones y rigideces de la sociedad literaria mexicana. Asimismo, la novela es un registro alucinante del habla y las pláticas de cantina de 20 años atrás.

Así retrata Roberto Bolaño a un típico real visceralista: “Ernesto San Epifanio dijo que existía literatura heterosexual, homosexual y bisexual. Las novelas, generalmente, eran heterosexuales, la poesía, en cambio, era absolutamente homosexual, los cuentos, deduzco, eran bisexuales, aunque esto no lo dijo. Dentro del inmenso océano de la poesía distinguía varias corrientes: maricones, maricas, mariquitas, locas, bujarrones, mariposas, ninfos y filenos. Las dos corrientes mayores, sin embargo, eran la de los maricones y la de los maricas. Walt Whitman, por ejemplo, era un poeta maricón. Pablo Neruda, un poeta marica. William Blake era maricón, sin asomo de duda, y Octavio Paz marica”.

Los detectives salvajes está narrada a partir de dos perspectivas: la del diario de Juan García Madero, un poeta adolescente que se incorpora al grupo cuando éste ya se ha vuelto legendario en los bajos fondos de la literatura capitalina; y la de decenas de protagonistas laterales que entrecruzan sus historias para documentar la existencia del grupo y sus líderes, Lima y Belano. Por lo tanto, las voces transitan por la Ciudad de México, Santiago de Chile, Madrid, Barcelona, París, etcétera.

Roberto Bolaño conoce bien la literatura mexicana, y aparte de emplear los nombres de Octavio Paz, Carlos Fuentes, José Emilio Pacheco y muchos otros en momentos humorísticos o como pretexto de burla, su novela expresa una curiosa mezcolanza ya no sólo de José Agustín y Gustavo Sáinz -desenfado adolescente, lenguaje coloquial, hallazgo de la sexualidad, avidez de la lectura…-, sino de, por si aquellos fueran insuficientes, Carlos Monsiváis, figura circular en sus páginas.

Mediante los recursos de la parodia y el pastiche -ni modo: lo postmoderno se impone aún-, el narrador moldea el no-suspenso de la novela, porque ésta se funda en la falsa intriga hacia un desenlace condenado de antemano al fracaso. Como si se quisiera perseguir el camino, no el destino. Y el camino de Los detectives salvajes se construye con un avasallador acopio de ingenio y reiteraciones que terminan por desbalancear la novela, y la llevan al tránsito del entusiasmo al sopor que nace ante la verborrea ajena. Lo bueno -o lo malo- está en que sólo permanece en el lector el brillo de párrafos, episodios, ocurrencias magníficas. De hecho, la primera parte, “Mexicanos perdidos en México (1975)”, vale toda la novela. Ni modo: esto se llama muerte por desmesura.

jueves, 21 de junio de 2007

La Aventura de un Fotógrafo en la Plata de Adolfo Bioy Casares


En 1985, Bioy Casares contaba ya con setenta años cuando publicó una de sus mejores novelas: La Aventura de un Fotógrafo en la Plata. A Bioy todavía le quedaban catorce años más de vida, a su mujer, Silvina Ocampo le quedaba ocho años de vida y a su hija, Marta, le quedaban nueve años, a Jorge Luís Borges, su inseparable amigo, tan sólo le quedaba un año más. Pero por supuesto, todos ignoraban esto, y por lo tanto, nada de esto se ve reflejado en la novela.

Pero vamos a la novela. De nuevo el título. La Aventura de un Fotógrafo en la Plata. Se trata de un título anacrónico. Pero al igual que en varios de sus libros, el título sirve para describir con precisión el contenido de la novela, lo que supongo que debió traerle fuertes dolores de cabeza a los editores que siempre buscan la extravagancia de los títulos y las portadas, como esos de Anagrama o de Alfaguara que en ocasiones sus portadas no tienen nada que ver con el contenido del libro.

Dividida en 63 minuciosos capítulos y con una extensión de 183 páginas (de acuerdo a mi edición de Alianza Tres), La Aventura de un Fotógrafo en la Plata cuenta las peripecias de Nicolasito Almanza, joven de provincia, que es enviado a la ciudad de la Plata a tomar fotografías para ser incluidas posteriormente en un libro. Durante su recorrido por ciudad de La Plata con cámara en ristre, se ve envuelto en una serie de acontecimientos y de situaciones hilarantes que recuerda a lo mejor de la novela picaresca. Al mismo tiempo, se reiteran una serie de argumentos que Bioy nos tiene acostumbrados en su narrativa, tales como los intríngulis del amor, la fisura entre la realidad y la ficción, y sobre todo, la perfecta construcción de personajes secundarios, personajes que entran y salen a su debido momento y que siempre cumplen una función determinada con la trama.

También debemos resaltar la manera en que Bioy nos va moviendo por los lugares más significativos de La Plata: la casa de Alma Fuerte, La Plaza Rocha, el Parque Moreno, el zoológico, el monumento al Almirante Brown,
etc. Se puede diseñar un mapa para ir siguiendo el recorrido que hace Nicolasito Almanza por La Plata (este es un consejo gratis para el ministro de Turismo de La Plata o para el Ayuntamiento o para quien pueda interesar)

Sobre La Plata, uno de los personajes de la novela comenta: Una Ciudad Nueva, de gran pasado. Su pasado es de cuando el país tenía futuro.

La novela comienza con la siguiente oración: Alrededor de las cinco, después de un viaje en ómnibus, tan largo como la noche, Nicolasito Almanza llegó a La Plata.
A pocos minutos de su llegada, Almanza se encuentra con una extraña familia, compuesta por Juan Lombardo, el padre, sus dos hijas, Julia y Griselda, la prole de Griselda, una niña de cuatro años y un bebé. De alguna manera, el encuentro casual con esta familia prefigura el desenlace de los siguientes capítulos de la novela, que a medida que la trama va avanzando se tornan y tornan más descabellados.

Se trata de uno de
esos comienzos determinantes. Esos comienzos diabólicos con que arrancan El Maestro y Margarita de Bulgakov o el Watt de Beckett.

Nicolasito Almanza parece tío o papá del García Madero de los Detectives Salvajes de Bolaño. Un personaje ingenuo, inocente, que realiza reflexiones de este tipo: Francamente no tengo ganas de llevarla a un hotel.

Por ejemplo, Enrique Vila – Matas hace dicha observación, en la página 73 de El Viento Ligero en Parma, refiriéndose a los Detectives Salvajes de Roberto Bolaño: El ingenuo diarista tiene una voz con ecos del protagonista de La Aventura de un fotógrafo en La Plata de Bioy Casares (uno de los autores más familiares al mundo literario de Bolaño).

Y más adelante, en la página 112 del mismo libro, refiriéndose a Bioy, Enrique Vila – Matas escribe: Quienes admiramos su obra, sabemos que, aunque no esté él para defenderla, libros como La Invención de Morel o La Aventura de un Fotógrafo en La Plata (mi libro de Bioy preferido) se defienden solos.

En la página 76 de La Aventura de un fotógrafo en La Plata, Bioy medita sobre la fidelidad y nuestra sociedad matriarcal:


- Todo lo que puede pasar es un revolcón, pero después vuelve a mí, como siempre. Y si por una casualidad yo hiciera otro tanto, el resultado no varía. Es claro que para él las cosas son fáciles, porque las mujeres son más naturales. Y más vivas. No se dejan engañar por lo que dicen, no sé si me entiende. ¿Quiere una prueba de que son más vivas? Gobiernan el mundo. Los hombres se limitan a repetir lo que ellas les inculcaron. Fíjese, los hombres siempre fueron andariegos y mujeriegos, enemigos de las ataduras. Desde que se tiene memoria, las mujeres buscaban el casamiento y los hombres como podían lo evitaban. Ahora todo eso cambió. Ni les hable a los hombres de una aventura pasajera. Quieren formar pareja y construir algo, no saben qué. Repiten lo que las mujeres les dijeron. El resultado está a la vista. Hoy en día la mujer que pretende una aventura pasajera es una sobreviviente de otra época. No quedan hombres para ella. Entre los que quieren construir algo y los maricas, no quedan hombres. ¿Usted qué piensa?
- Francamente, no sé.


También, en la página 121, se pone a filosofar a través de un personaje y a darle consejos a la juventud:


- Claro, pero no hay que desperdiciarla. Te prevengo: la vida pasa pronto y estás en una edad peligrosa. Hasta los treinta, la gente no hace más que fornicar.
- ¿Y después?
- Nada cambia. Leí no sé dónde que la vida se compone de nacer, fornicar y morir. El resto no será más que yugo, para ganar el sustento, y representación (la llamada cultura), un teatro para quedar bien ante los otros y uno mismo.

miércoles, 20 de diciembre de 2006

Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce de Roberto Bolaño y A. G. Porta

En las primeras publicaciones de los libros de Bolaño en Francia, se leía una ligera reseña que aseguraba que el autor era una mezcla de Tarantino y Borges. La verdad no entiendo qué querían decir con esto los franceses (o quizás lo entiendo demasiado bien y me hago el idiota). Leyendo el titulo de la Opera Prima de Roberto Bolaño y de A. G. Porta, me pasa lo mismo: Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce. El título es la variación del título de un poema que el poeta Mario Santiago, amigo íntimo de Bolaño, recita en un pasaje del libro: Consejos de un discípulo de Marx a un fanático de Heidegger.

Quizás lo que más me quilla es lo de poner a Morrison al lado de Joyce. Quizás es que estoy jarto de Jim Morrison y de todos los que quieren escribir poesía y creen que escribir poesía es creerse estrella de rock, dejarse crecer el pelo o la barba, gritar mucho y suicidarse en una bañera con los ojos enrojecidos de tanto mirar hacia el otro lado. Acerca de esto, en la página 49 del libro, los autores escriben: Hubo una época, pobre de mí, en que creí que la literatura arrastraría gente, como el rock, y que los jóvenes que entonces empezábamos a publicar en revistas marginales o a dar recitales donde sólo acudían nuestros amigos tendríamos un status similar a los rockeros... Es bastante tonto...

Póngamoslo así. El texto gira en torno a una pareja de asesinos, a lo Bonny and Clyde, que se dedican a asaltar casas, oficinas y ciudadanos indefensos de la ciudad de Barcelona. Por un lado está Ana que es latinoamericana y que es fría y calculadora y sadomasoquista. Por el otro está Angel que es fanático de James Joyce y de Jim Morrison. Ambos tienen veintiún años. Ambos son junkies. Ambos necesitan una inyección de trementina urgente y una camisa de fuerza. Son jóvenes como muchos de los personajes fetiches literarios de Bolaño. Son despiadados, son crueles y no tienen ningún escrúpulo, al igual que los drugos de Alex de la Naranja Mecánica.

La novela fue escrita hace más de veinte años, cuando los autores contaban con veintinueve y treinta años respectivamente. La nueva edición que puso a circular este año la editora Acantilado está precedida de un prólogo de A. G. Porta titulado: La escritura a cuatro manos, y del cuento Diario de un bar sobre un escritor chileno en Barcelona que Porta asegura que fue escrito completamente por Bolaño. Aunque no está cien por ciento seguro.
En el prólogo, A. G. Porta se desplaya sobre la novela y la figura de Bolaño en esos años. En una parte cita algo que resaltó Bolaño en una entrevista sobre el proceso de escritura de la novela: Es una novela que escribí a dos manos con García Porta. El hizo un borrador y yo lo acabé. Nos divertimos mucho escribiéndola, sobre todo yo. Fue una época en que yo trabajaba en una tienda y por las noches dormía allí mismo, no tenía televisión, no tenía radio, no tenía nada, y me ponía a escribir. Fue muy divertido.