Me gustaría ser reconocido por hacer en La pianista obscenidad, pero no una película pornográfica. En mi definición, cualquier cosa que pueda llamarse obscena se aparta de la norma burguesa. Refiérase a la sexualidad o a la violencia o a otro tema tabú, cualquier cosa que rompa la norma es obscena. En la medida en que la verdad es siempre obscena, espero que todas mis películas tengan al menos un elemento de obscenidad.
En contraste, la pornografía es lo opuesto, en que convierte en mercancía aquello que es obsceno, convierte lo inusual en algo consumible, lo cual es el verdadero aspecto escandaloso del porno, más bien que los argumentos tradicionales propuestos por las instituciones sociales. No es el aspecto sexual sino el aspecto comercial del porno lo que lo hace repulsivo. Pienso que cualquier práctica artística contemporánea es pornográfica si intenta vendar la herida, por así decirlo, esto es, nuestra herida social y psicológica. La pornografía, me parece, no es diferente a las películas de guerra o a las películas de propaganda en el sentido de que trata de convertir en consumibles los elementos viscerales, horrorosos o transgresores de la vida. Las películas de propaganda son más pornográficas que un video casero de dos personas teniendo sexo.
Entrevista a Michael Haneke
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sábado, 8 de marzo de 2008
viernes, 29 de febrero de 2008
13 Tzameti de Gela Babluani.
Ayer en la última tanda de la cinemateca, vi la película 13 Tzameti. Salí del cine a la intemperie como quien sale de debajo del agua y vuelve a respirar. Esta película casi me ahoga. La tensión es más fuerte que la de la cuerda aquella con que ahorcaron a Villon. No había escuchado nada acerca de esta película. Para mí es una delicia esto de toparse de improviso con una obra maestra, una obra de la que uno desconoce la publicidad y los elogios, que uno descubre por uno mismo, entrando a la sala de cine sin tener idea de nada.
De la película tan sólo puedo decir que se trata de un Thriller, que es grotesca y que tiene una atmósfera Cortazariana. Ah, y que me parece un izquierdazo al sobrevalorado cine de terror asiático.
jueves, 31 de enero de 2008
lunes, 28 de enero de 2008
Dead man de Jim Jarmusch
domingo, 27 de enero de 2008
Mistery Train de Jim Jarmusch
De nuevo en la cinemateca. Encuentros y desencuentros. Tres historias paralelas. De unos japoneses fanáticos del rock and roll. De una italiana que pierde a su esposo y vagabundea por Memphis. De una extraña historia de amor que termina en disparos y huida. La japonesa le pregunta al japonés, a medida que avanza la película, el por qué le gusta fotografiar tanto las habitaciones. El japonés le responde que porque los paisajes se llevan en la memoria y lo que generalmente se olvida son las habitaciones de los hoteles y los aeropuertos. Esto sirve para hacerse una buena idea del cine de Jim Jarmusch.Mi parte favorita es cuando Joe Strummer le dispara al dependiente del liquor store. Esta.
sábado, 26 de enero de 2008
Stranger than Paradise de Jim Jarmusch
En la cinemateca de nuevo. Una obra de arte. Demasiadas partes favoritas. La que aparece Eva con una maleta y una grabadora, caminando por las calles de Nueva York, escuchando I put a spell on you de Screaming Jay Hawkins. Todas las de la tía Lottie en Cleveland. La que están en el cine viendo una película de Kung fu. Las finales en el motel de Florida y en el aeropuerto.Acá abajo el trailer de la película con subtítulos en japonés.
viernes, 25 de enero de 2008
Permanent Vacation de Jim Jarmusch
lunes, 1 de octubre de 2007
Inland Empire de David Lynch (11)
En la Cinemateca había como veinte personas. La mayoría compuesta por un grupo de chilenos. Ni señales de la piedra. El otro día tuve un sueño en que recogía la piedra al final de la película, la llevaba conmigo y en los parqueos me topaba con el vándalo y le arrojaba la piedra donde se supone debía estar su cara, ya que su cara no existía. Estuvo lloviendo afuera toda la noche. En un momento, salí al baño y no quise regresar a ver la película. Quizás por el miedo.
domingo, 30 de septiembre de 2007
sábado, 29 de septiembre de 2007
Straight Story de David Lynch (9)
En la cinemateca tenían un concierto de Latin Jazz, así que movieron la película a uno de los salones de proyecciones y la pasaron gratis. A mi lado había un pana con lentes y dreads que no dejaba de reír a todo lo que da como si fuera uno de los personajes mafiosos de David Lynch. Parece que había consumido perico o algo o quizás no. Cuando salimos, el vigilante de la otra noche, me advirtió que tuviera cuidado con el carro, puesto que había visto el vándalo merodeando por los parqueos.viernes, 28 de septiembre de 2007
jueves, 27 de septiembre de 2007
TWIN PEAKS: Fire walks with me de David Lynch (7)
En la cinemateca había veinticuatro personas. Según la media de la retrospectiva del ciclo de David Lynch, alrededor de veinte personas asisten a diario. Estos deben ser super fanáticos de David Lynch. O puede que un gran número no se haya enterado o tiene ya toda la colección de sus películas en sus casas y prefieren verlas en las pantallas de sus televisores que en el cine. Me encontré con Pablo y Angela. Esta última había conocido un tipo en el McDonald's de la Gómez y lo invitó a ver el ciclo de David Lynch, pero el tipo se la pasó bostezando y se marchó en la parte en que aparece fugazmente David Bowie. La piedra no estaba. Se la habían llevado. Supongo que los encargados de aseo del cine o alguien que lee este blog. Si es esto último, de por Dios vuelvan a ponerla en su sitio. A la salida, un viejo nos advirtió que el vándalo seguía merodeando por los parqueos.
miércoles, 26 de septiembre de 2007
Wild at Heart de David Lynch (6)
En la cinemateca había veinte personas. Estaba Enmanuel con la jevita rubia con que está saliendo, Milton que tocó el saxofón en lo del Hombrecito is Back acompañado de tres jevitas, Magdalena, Sofía, José Soto, Juan, un periodista que llama siempre al programa de cine de Armando Almánzar, Angela con un tipo rubio, un chileno de pelo largo, Pedro el de los lentes y que es asiduo a la Cinemateca y que nos los presentó Carlitos la otra noche, una francesa, dos gringos, Elizabeth, una colombiana que nos presentó el pana de Cinemacafé junto a Luisa, una española con gafas, Michelle, uno de los actores de Carlos Castro, Elena amiga de una prima que me cae mal, Mireya, Juan Báez y su mujer, Elvira, Iván, Rafa, El ñato y cía. Al final de la película, Enmanuel se levantó y se puso a aplaudir. Debajo del mismo asiento, la piedra seguía ahí.
martes, 25 de septiembre de 2007
Cortos de David Lynch (5)
lunes, 24 de septiembre de 2007
Blue Velvet de David Lynch (4)
En la cinemateca había como veinticinco personas. La piedra seguía en el mismo sitio. Mi novia, en un momento, vio una rata corriendo entre los asientos, por lo que levantó las piernas sobre el asiento delantero. A la salida, vimos que el carro parqueado a nuestra derecha tenía destrozado uno de los cristales izquierdos. Se veían los cristales esparcidos en el suelo y una gorra. Uno de los vigilantes dijo que el vándalo se había echado a correr tan pronto se activó la alarma.
domingo, 23 de septiembre de 2007
Dune de David Lynch (3)
sábado, 22 de septiembre de 2007
The Elephant Man de David Lynch (2)
En la cinemateca había como veinte personas. Todo el mundo vio la película de principio a fin, aunque algunos entraron minutos después y una jevita, tres filas más allá, se pasó la película entera chequeando las opciones de su celular. Si algunos se levantaron fue para ir al baño o fumar, debido a que volvían a sus asientos. Antes de que iniciara, encontré una piedra enorme debajo de un asiento. No tengo idea de cómo habrá llegado ahí. Bostecé, me dormí en algunas de las secuencias y lloré dos veces. Nadie gritó, gimió o se río en voz alta.viernes, 21 de septiembre de 2007
Eraserhead de David Lynch (1)
En la cinemateca había nueve personas. A los diez minutos entraron dos parejas, una que tomó asiento a dos filas de nosotros y otra que se sentó por el ala derecha. A la media hora, la pareja se levantó y se fue. Vi la película entera sin bostezar. Le dije a Giselle que la película me daba miedo y que no iba a comer pollo en mucho tiempo. Giselle dijo que le causaba risa.
lunes, 3 de septiembre de 2007
No habrá más penas ni olvido de Osvaldo Soriano
Sentado en un Banco, esperando que me cambiaran un cheque, me puse a leer No habrá más penas ni olvido de Osvaldo Soriano. Llegué a la mitad de la novela en el Banco y la otra mitad la leí en mi habitación. Me divertí, me reí y no solté la novela hasta que se acabó. Pero vamos a poner en claro algo, No habrá más penas ni olvido, se trata de un guión cinematográfico, no de una novela.
Quizás esto suena pretencioso de mi parte. Puede ser. Pero durante estos días no he dejado de pensar en esto, en reflexionarlo.
El texto es tan visual que parece haber sido escrito con la intención de llevarlo al cine. Incluso muchas de las partes humorísticas del libro, sobre todo las patadas, las trompadas, los intercambios de disparos, las explosiones y los tropezones de las personajes, funcionan más filmados que leídos. Por ejemplo, cuando matan a un loco, cuando explota un edificio, cuando le ponen dinamita a una celda y esta explota, cuando un avión arroja mierda sobre un pueblo, etc.
Además, esta el lenguaje. Un lenguaje llano y directo. Los párrafos están repletos de diálogos, diálogos buenísimos, como son todos los que salieron de la máquina de escribir de Osvaldo Soriano. Pero diálogos que urgen por ser representados y actuados.
La novela, por supuesto, fue adaptada al cine en 1983, al igual que varios de los libros de Soriano. Se hizo en inglés y se tituló Funny Dirty Little War y ganó un premio de la bienal de Berlín. Después de Manuel Puig, Soriano es el escritor argentino más cercano al cine. La verdad no sé que quiero decir con esto último. Mejor me callo.
lunes, 5 de marzo de 2007
For Esmé - With love and squalor
For Esmé - With love and squalor fue uno de los primeros cuentos que leí de Salinger. La primera vez que lo leí no me gustó para nada. Por lo que me pasé el bachillerato y parte de la universidad sin leer a Salinger, sobre todo después de que un estudiante gringo de intercambio, me dijera que su novela favorita era Catcher in the Rye. El estudiante gringo de intercambio me caía mal. Por consiguiente Salinger me empezó a caer mal. Cada vez que me preguntaban cómo encontraba a Salinger, yo respondía que era un escritor de cuarta categoría y tomaba por ejemplo el cuento For Esmé - With love and squalor, que era el único cuento que había leído de Salinger y que desgraciadamente no comprendía.
Cuando me decidí entonces a leer a Salinger, empecé leyendo Catcher in the Rye, imaginándome al protagonista, Holden Caulfield, con la nariz y el pelo y los ojos del estudiante de intercambio del bachillerato. Cada vez que empiezo a leer ese libro me acuerdo de la cara de ese gringo. Lo que me da náuseas.
Con el tiempo, volví a leer For Esmé - With love and squalor, sin prejuicios y finalmente me familiaricé con el cuento.
El cuento trata de un soldado norteamericano que conoce una muchacha de trece años llamada Esmé y a su hermanito de cinco llamado Charles. Estos conversan una tarde en un café. Antes de despedirse, Esmé le pide al soldado, quien se da el caso que también es escritor, que por favor, le escriba un cuento sórdido. La segunda parte del cuento es totalmente sórdida. Se trata de un soldado que sufre un trauma psicológico durante los últimos días de la segunda guerra mundial.
No obstante, independientemente de todo eso, el cuento trata del reloj del padre de Esmé. El reloj simboliza el tiempo y es al mismo tiempo un talismán. Salinger escribe sobre Esmé: Usaba un reloj pulsera de aspecto militar, que parecía más bien un cronómetro marino. La esfera era demasiado grande para su muñeca menuda.
Escribe más adelante: Yo, casualmente, estaba mirando otra vez su enorme reloj parecido a un cronómetro. Le pregunté si había pertenecido a su padre.
Miró su muñeca con solemnidad.
—Sí, era suyo—dijo—. Me lo dio poco antes de que Charles y yo fuéramos evacuados.—Automáticamente retiró las manos de la mesa, mientras decía—: Puramente como un recuerdo, por supuesto.
El padre de Esmé fue asesinado en Africa. No llevaba el reloj.
El tiempo pasa. El soldado está sentado en un cuarto en Bavaria. Dialoga con su roommate y trata de fumar, pero las manos le tiemblan. Dígamos que está a punto de colapsar mentalmente. En un momento lee una carta que le envía Esmé. En la posdata de la carta se lee lo siguiente: Me tomo la libertad de adjuntarle mi reloj de pulsera, que le ruego conserve mientras duren las hostilidades. No observé durante nuestro breve encuentro si usted llevaba uno, pero éste es sumamente sumergible y a prueba de golpes, además de tener muchas otras virtudes, entre ellas la de poder decir a qué velocidad camina uno, si así lo desea. Estoy completamente segura de que en estos días difíciles usted podrá usarlo con más provecho que yo y que lo aceptará como un talismán.
El cuento entonces finaliza con las siguientes palabras: Pasó mucho tiempo antes de que X pudiera dejar a un lado la nota, para no mencionar lo que tardó en sacar el reloj de Esmé de la caja. Cuando por fin lo consiguió, vio que en el viaje se había roto el cristal. Se preguntó si además no se habría estropeado, pero le faltó coraje para darle cuerda y comprobarlo. Se limitó a permanecer sentado otro largo rato con el reloj en la mano. Y de pronto, casi en éxtasis, sintió sueño.
Toma a un hombre verdaderamente soñoliento, Esmé, y siempre tendrá una posibilidad de volver a ser un hombre con todas sus fac... con todas sus fa-cul-ta-des intactas.
Comparar estos pasajes con la parte del Gold Watch de la película Pulp Fiction. Bruce Willis (el boxeador Butch Coolidge) recibe un reloj de oro de un amigo de su papá que le cuenta de la forma en que sus antepasados, e incluso el mismo amigo de su papá, intentaron conservar dicho reloj durante diversas guerras. Al igual que en For Esmé - With love and squalor, el reloj es tiempo y su ausencia muerte, pero más que nada sirve para darle una vuelta de tuerca inesperada a toda la historia.
Cuando me decidí entonces a leer a Salinger, empecé leyendo Catcher in the Rye, imaginándome al protagonista, Holden Caulfield, con la nariz y el pelo y los ojos del estudiante de intercambio del bachillerato. Cada vez que empiezo a leer ese libro me acuerdo de la cara de ese gringo. Lo que me da náuseas.
Con el tiempo, volví a leer For Esmé - With love and squalor, sin prejuicios y finalmente me familiaricé con el cuento.
El cuento trata de un soldado norteamericano que conoce una muchacha de trece años llamada Esmé y a su hermanito de cinco llamado Charles. Estos conversan una tarde en un café. Antes de despedirse, Esmé le pide al soldado, quien se da el caso que también es escritor, que por favor, le escriba un cuento sórdido. La segunda parte del cuento es totalmente sórdida. Se trata de un soldado que sufre un trauma psicológico durante los últimos días de la segunda guerra mundial.
No obstante, independientemente de todo eso, el cuento trata del reloj del padre de Esmé. El reloj simboliza el tiempo y es al mismo tiempo un talismán. Salinger escribe sobre Esmé: Usaba un reloj pulsera de aspecto militar, que parecía más bien un cronómetro marino. La esfera era demasiado grande para su muñeca menuda.
Escribe más adelante: Yo, casualmente, estaba mirando otra vez su enorme reloj parecido a un cronómetro. Le pregunté si había pertenecido a su padre.
Miró su muñeca con solemnidad.
—Sí, era suyo—dijo—. Me lo dio poco antes de que Charles y yo fuéramos evacuados.—Automáticamente retiró las manos de la mesa, mientras decía—: Puramente como un recuerdo, por supuesto.
El padre de Esmé fue asesinado en Africa. No llevaba el reloj.
El tiempo pasa. El soldado está sentado en un cuarto en Bavaria. Dialoga con su roommate y trata de fumar, pero las manos le tiemblan. Dígamos que está a punto de colapsar mentalmente. En un momento lee una carta que le envía Esmé. En la posdata de la carta se lee lo siguiente: Me tomo la libertad de adjuntarle mi reloj de pulsera, que le ruego conserve mientras duren las hostilidades. No observé durante nuestro breve encuentro si usted llevaba uno, pero éste es sumamente sumergible y a prueba de golpes, además de tener muchas otras virtudes, entre ellas la de poder decir a qué velocidad camina uno, si así lo desea. Estoy completamente segura de que en estos días difíciles usted podrá usarlo con más provecho que yo y que lo aceptará como un talismán.
El cuento entonces finaliza con las siguientes palabras: Pasó mucho tiempo antes de que X pudiera dejar a un lado la nota, para no mencionar lo que tardó en sacar el reloj de Esmé de la caja. Cuando por fin lo consiguió, vio que en el viaje se había roto el cristal. Se preguntó si además no se habría estropeado, pero le faltó coraje para darle cuerda y comprobarlo. Se limitó a permanecer sentado otro largo rato con el reloj en la mano. Y de pronto, casi en éxtasis, sintió sueño.
Toma a un hombre verdaderamente soñoliento, Esmé, y siempre tendrá una posibilidad de volver a ser un hombre con todas sus fac... con todas sus fa-cul-ta-des intactas.
Comparar estos pasajes con la parte del Gold Watch de la película Pulp Fiction. Bruce Willis (el boxeador Butch Coolidge) recibe un reloj de oro de un amigo de su papá que le cuenta de la forma en que sus antepasados, e incluso el mismo amigo de su papá, intentaron conservar dicho reloj durante diversas guerras. Al igual que en For Esmé - With love and squalor, el reloj es tiempo y su ausencia muerte, pero más que nada sirve para darle una vuelta de tuerca inesperada a toda la historia. Sigue Pretty mouth and green my eyes. Elija su camino:
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