sábado 5 de julio de 2008
Costa Rica (11) Hospital México
Jonathan Lépiz arranca con la lectura, seguido por Alberto Arce, Denis Avila, un servidor y Eliseo Valverde Monge.
Leer poesía en una prisión es extraño, pero es mucho más extraño leer poesía en un hospital en que los cirujanos y las enfermeras abandonan las salas de operaciones y quizás hasta los partos para escuchar poesía, en que se traen pacientes en sillas de ruedas a escuchar poesía, en que los doctores y las enfermeras asienten con los guantes puestos y los pacientes terminales meditan y sonríen con sus tanques de oxígeno y sus prótesis tras escuchar cada poema.
Después de la lectura procedemos a firmar libros. Se me acerca una doctora rubia y me pregunta cómo esta mi garganta, debido a que durante mi lectura había señalado que tenía catarro. ¿Catarro? Hace mucho que no escuchaba esa palabra, dice la simpática doctora. La usaba mi mamá que en paz descanse. Se me acercan dos residentes y uno de ellos me dice que le dedique el libro a su mamá que tiene dos libros de poesía publicados. Luego se me acerca una y me dice que escribe guiones de películas y que estudia enfermería sólo porque no quiere morirse de hambre. Luego viene el doctor encargado del hospital y me estrecha la mano y comenta uno de los poemas que leí y antes de marcharse me dice: cuidese poeta. Luego están los doctores con las batas y las enfermeras que hacen sus filas, sonrientes, con las manos unidas, como si escondieran algo dentro de ellas. ¿Paletas? ¿Supositorios? Mirándolos a todos, pienso de repente, que si realizaran ese evento en Santo Domingo sencillamente fuera imposible, porque los médicos estarían en huelga o en sus consultorios en clínicas privadas o en la televisión. A diferencia de mi país, tanto por lo que he leído y los comentarios de gente como FLo o Luis Fernando, el servicio médico en Costa Rica es óptimo. Lo que significa una sola cosa: los médicos cumplen su juramento Hipocrático y hacen su trabajo. Es decir, que si se da el caso de que hubiera entrado baleado al hospital México, no estaría tan preocupado como lo estaría si entrara en las mismas condiciones en el Dario Contreras de Santo Domingo o en el Moscoso Puello. O en el hospital de las Fuerzas Armadas.
Buscando información sobre Costa Rica en Internet, recuerdo haber leído: Todo extranjero que se encuentre, temporalmente, en el país tiene el derecho a recibir atención medica en los hospitales y clínicas en caso de emergencias, enfermedades crónicas y /o repentinas. Los Hospitales del Seguro Social proveen servicios de emergencias gratuitos a todos, incluyendo a turistas.
Por cierto, estas reflexiones me traen a la memoria el caso de un suizo en Santo Domingo, que iba en un motor por la carretera y que de repente la camioneta, que iba delante, a unos metros del motor, cargando unos diminutos tubos de agua en la parte trasera, da un frenazo, al que no reacciona el suizo y por tanto termina con uno de esos tubos clavados en el cuello. Le traspasa el cuello. Este sigue consciente, lo llevan a un hospital, digamos, que al Darío Contreras. Como es costumbre, los médicos se encuentran en huelga y el suizo sentado en la sala de espera tiene que esperar largas horas a que lo atiendan con el tubo atravesándole el cuello. Ahí sentado, un fotógrafo del periódico Ultima Hora lo fotografía. Esa fotografía apareció en primera plana. Recuerdo haber pensado al verla que si el suizo decía que tenía sed y le daban agua de beber esta de seguro saldría por el tubo sin lograr saciar nunca al suizo.
viernes 27 de junio de 2008
lunes 23 de junio de 2008
Costa Rica (9) Empinando el codo
A mí me encanta el café Buenos Aires. Me encanta por dos cosas: los amigos que uno hace y la ausencia de música. De esas dos cosas, prefiero la primera, ahora bien si esa primera incluye la segunda, mucho mejor, debido a que implica que uno puede tener conversaciones estimulantes sin tener que gritar. Odio gritar. Por otro lado, se puede ordenar cervezas o tragos, acompañados de las respectivas bocas que te sirven en un pequeño envase. Mis bocas favoritas son las yucas fritas con mayonesa. Creo que si se exporta esa receta a Santo Domingo, sería todo un éxito. En el Café Buenos Aires, las mesas son de madera, los taburetes mantienen el equilibrio y Cheo, el bartender, es un tipo generoso. Si uno quiere empezar una carrera de alcohólico, este es el sitio ideal para practicar.
Estoy sentado en medio de los luises, es decir Luís Chacón, Luís Fer y Luís Chaves. Bebemos cerveza, chismeamos y hacemos una competencia de pulso. Gana Luísfer todas las veces.
- ¿Qué cerveza prefieres?
- La Toña.
- Así, esa es Nica.
- De las ticas, me gusta la Pilsen. No me gusta la Imperial.
- A mí tampoco.
- La Bavaria es buena también.
- Ah sí.
- La nica es la mejor. Perdón.
- Pichudo.
- Hablando de nicas, ayer en la mañana me monté en un taxi y viene el taxista y me pregunta, ¿sabes cuánto dura un nica en la universidad? Yo ni le respondo. El taxista responde que lo que se toma la construcción de la universidad. Acto seguido, se echa a reír. Bien nazi el taxista.
- ¡Que gueiso!
- Acá pasó algo tremendo con los nicas. Hay una historia que seguro has escuchado. Se trata de este nica, Natividad Canda Mairena, de veinte y tanto.
- Veinticinco.
- Sí, veinticinco.
- Pues este mae es un lajas y anda por Catargo y se mete sin querer en un taller. ¿Iba a robar? ¡Quien sabe! La cuestión es que le salen al paso dos rottweilers (esos perrazos que entrenan para matar) que le saltan arriba y comienzan a despedazarlo. Los dos rottweilers se toman su tiempo para despedazarlo mientras alrededor de la víctima hacen un círculo el dueño del perro, los vecinos, la policía y los bomberos.
- ¿Los bomberos?
- Sí, sacan una manguera para separar a los perros del nica.
- ¿Y?
- No funciona.
- La policía dispara al aire y no funciona.
- ¡Coño!
- Horas después, viene una ambulancia y se lleva al mae, o lo que queda del mae, quien al final muere desangrado camino al hospital o en el mismo hospital. El mae, dueño de perro, uno de esos hijeputas que hay en este país, declara que compró los perros porque estaba harto de que le robaran. Y hace lo posible porque no le sacrifiquen los perros, y no lo sacrifican.
- Mierda.
- Hijeputa.
-Culero.
- La noticia circula al día siguiente. Después, todo el mundo la olvida. Entonces pasa un tiempo y Guillermo Habacuc, un artista tico, presenta una exposición en homenaje a Natividad Canda Mairena, donde ata en una esquina del chante a un perro callejero de manera que este ni escape y ni pueda alcanzar los alimentos depositados en el piso. ¿Cómo le dicen a los perros callejeros en Santo Domingo?
- Viralatas.
- Una palabra ingeniosa, mae.
- Acá le dicen guatos.
- También casisagua, zaguate.
- Bueno, el mae este, le pone el nombre de Natividad al guato como recordatorio de lo que le pasó al nica. Sucede entonces que el guato se muere de inanición. Aunque eso no está claro. Dicen que el mae lo soltó al final de la expo o al otro día. El caso es que se arma un revuelo. La sociedad protectora de animales se queja. La comunidad internacional de animales se queja. Todo el mundo se queja. Sin embargo, ocurre lo mismo que con Natividad Canda Mairena, ninguna de las personas que entró a la galería fue capaz de desatar al guato o de acercarle la comida.
- Terrible.
- Sí, este un pais hijeputa.
Afuera sigue lloviendo. Ha anochecido. Me he bebido cuatro cervezas y estoy acabando la quinta. En el ínterin, Flo, María y El Francés han entrado al bar y se han unido a la conversación.
- Voy a jalar, dice Luísfer después de ir a la barra y pagar su parte.
- ¿No vas al chante?
- No puedo.
Chaves decide llevar el carro a su casa e ir a la lectura en el carro de El Francés. Quedamos en vernos en El Observatorio.
El Observatorio
Lucho entra de primero, pero María, Flo y yo nos quedamos en el carro y le damos siete vuelta a la manzana mientras el carro se llena de humo y la mecha se va consumiendo en los dedos de María. Conecto el iPod del carro y pongo All Tomorrow Parties de Velvet Underground, aguardando por la hechizante voz de Nico, pero María dice que es una mierda y la cambia por una de Amy Winehouse. Le digo que no. María me da la mirada de no me vas a joder y me quedo callado. Nos detenemos en un estacionamiento e ingresamos al bar con los ojos enrojecidos. Al entrar me topo con Bob Holman. Hablamos del Newyorican Café que Bob se encargó de reactivar y promocionar. Me topo con Erick y con la periodista, amiga de Paul, quien me pregunta por él. No sé donde anda Paúl, le digo. Pido permiso y me siento junto a María, Flo y Felipe en una de las mesas más cercanas al escenario y nos ponemos a cantar a todo pulmón los videos musicales que proyectan en las pantallas y a bebernos las cervezas que el observatorio brinda. El Observatorio es un bar medio chic, un hard rock café de segunda mano, los tragos son caros, los baños son inmaculados, los meseros parecen ganar más dinero que cualquiera de los poetas invitados, incluso que el irlandés quien parece ser el que tiene más harina, como dirían acá, pero en fin, si tiene algo bueno el bar es el escenario con el sonido y las luces de ensueño. La lectura empieza al poco tiempo. Abre Eugenio Redondo. A mí me toca de segundo.
Tan pronto termino le toca el turno a Felipe Granados.
Luego le toca el turno a Bob Holman quien me dedica un poema que redactó después de escuchar mi lectura. Este.
So Much Depends On a Red Wheelbarrow Glazed With Rainwater Beside the White Chickens
I'm not sitting here
At the Observatory
In San Jose, Costa Rica
Listening to Frank Baez
"The Marilyn Monroe of Santo Domingo"
Read a poem
Drinking an Imperial
Writing this poem.
Leen Joan Bernal y Edmundo Retana. Entonces finaliza la lectura.
Me acerco a Paúl quien está en la mesa de Erick y justo al lado de la periodista rodeándola con un brazo. Pablo también habla con Chaves, El Francés y Felipe Granados. William Eduarte está con su novia y le secretea algo a Flo. Mix está en una mesa junto a María. A la derecha, solitario, se encuentra una de las estudiantes del liceo de San Antonio de los Desamparados. Escribe algo en su libreta. A los demás no los conozco. Pido otra cerveza y me la bebo en un santiamén. De repente Bob Holman toma asiento en la mesa y le cuenta a María y a Mix que su vida cambió cuando besó una vez a Janis Joplin. Mix y María le preguntan quién es Janis Joplin. Miro hacia otro lado y la mirada choca con Potemkin y Carlos de Perro Azul. Antes de mudarnos al bar Obama, Felipe me pide que me tome una foto al lado del poster enmarcado de Marilyn Monroe. Le digo que sí.
Bar Obama
Del Observatorio al bar Obama hay unos trescientos metros. Hacemos la distancia a pie. La diferencia entre El Observatorio y el bar Obama es la misma que existe entre Hillary Clinton y Barack Obama. Al entrar, Flo se decide por una mesa de cuatro. Necesitamos una más grande. Para los poetas. Nos decidimos por una bien grande, una grande así como en la que cupieron los apóstoles y Jesucristo en la última cena. ¿Quién sería Jesucristo? Por supuesto, Potemkin. Hablando de cena, empiezo a tener hambre.
Así que salgo con Potemkin y me pongo en fila detrás de William para ordenar en una pizzería que tienen frente al bar. Ñam, ñam ñam, pido otra pizza y pido una cerveza. Ya satisfecho, distingo del otro lado de la calle a María y a Mix. Potemkin y yo caminamos en dirección a ellas.
- Mae, ¿quién es esa?
- Es Mix.
- Está tejas.
Ambas se intercambian un cigarro.
- Hola María.
- ¿Diay?
- ¿Fumas?
- Gracias, mae. Sólo fumo mis cubanos.
- Comprendo.
- Potemkin, ¿conoces a Mix?
- Care picha no me llame Potemkin.
- Ok
- Mucho gusto, Mix.
- Mucho gusto.
- ¿Te gusta el heavy metal?
- Más o menos.
- Tuanis. ¿Testament?
Ingreso de nuevo al bar, dejando a Potemkin con las muchachas. Obama es el bar perfecto para una convención de fanáticos de novelas de Stephen King o de películas de Bela Lugosi. Esto no es broma. En los salones se observan sábanas colgando, hay adornos de cumpleaños, papeles de colores, cintas, confeti, una pista de baile vacía, más bien desahuciada, con una bola de discoteca de los setenta con el resplandor que gira en las paredes, hay futbolitos por doquier, hay cuadros de androides, de científicos chiflados, hay pupitres, hay tarros con plantas llenos de colillas de cigarro. Hay karaoke. Hay canciones de Billy Idol puestas. Poco a poco van llegando los demás. Llegan Pablo, Paul y Erick.
- ¿Y la periodista?
- Es como la cenicienta. Se tiene que ir antes de las doce siempre.
- Que pena.
La mesa está llena de botellas vacías. Me pongo a comparar la cantidad de botellas de Pilsen con las botellas de Imperial. Gana la Pilsen.
Decidimos jugar futbolito y beber más cerveza.
- ¿Cuántas cervezas te has bebido, poeta?
- Unas cuantas.
Al rato se aproxima Potemkin fumando uno de esos cubanos.
- ¿Ligaste?
- No.
- ¿Te dio el teléfono?
- No.
Area City
Si tuviera 18 años, Area City fuera mi bar favorito, pero tengo 30. Area City queda a quince pasos del bar Obama. Mientras en Obama no paran de hacer una apología a los ochenta, en Area City ponen música de los noventa, es decir, a Pixies y a Smashing Pumpkins, aunque de repente lo mezclan con música de hacer aeróbicos que las maes bailan como si estuvieran esquivando olas en la playa. Si seguimos con la analogía, Area City sería una especie de Bill Clinton, pero sólo si el bar La Chicharronera es Monica Lewinsky.
Deben de ser la una y media. Hay dos muchachas borrachas flotando en la pista. No, no lo estan. Cual salvavidas, un rubio alto sale al rescate de una. Paul tiene a la otra agarrada de la cintura.
- ¿Has oído hablar de Washington Cucurto?, me pregunta Chavez.
- Creo que sí.
- Es un mae argentino que dice que es dominicano.
- ¿Se burla de los dominicanos?
- No, lo dice como extravagancia.
- Sólo existen dos argentinos dominicanos. El primero es Pedro Henriquez Ureña y el segundo es Pablo Rugna, también conocido como el Gaucho de la Bachata.
- Sí, el Gaucho de la Bachata.
Chavez se echa a reír mientras yo le pido al bartender la que supongo será mi última cerveza de la noche. Una Pilsen, por supuesto.
viernes 20 de junio de 2008
Costa Rica (8) Julio Acuña
Compartir una bebida con unos amigos en un bar le costó la vida a un periodista cuando fue acribillado a punta de balas, camino de regresó hacia su vivienda, en El Llano de Alajuelita.
La historia no termina ahí, pues esta víctima caminaba acompañado por una de sus amigas, quien al parecer fue llevada por la fuerza en un automóvil y pocos minutos después apareció desnuda y sin vida en la entrada a Escazú, sobre la autopista Próspero Fernández.
Las víctimas fueron identificadas como Julio Acuña Agüero, de 34 años y Joselyn Yariela Rojas Chinchilla, de 23 años, ambos vecinos de Alajuelita.
Más adelante hay una sección donde se describe el suceso:
Ambas víctimas se encontraban en el bar El Higuerón, ubicado a escasos metros de sus viviendas, por lo que luego de compartir una plática decidieron abandonar el local a altas horas de la noche y dirigirse hacia sus dormitorios respectivos, sin pensar que encontrarían la muerte en el camino.
Al parecer, la pareja fue abordada por un automóvil que los interceptó de forma agresiva, en ese momento y en la oscuridad de la noche se escucharon unos disparos, comentaron los vecinos, pero nadie alertó a la policía.
El vehículo continuó su destino y el reloj su marcha, cuando a eso de las 5 de la mañana, la Fuerza Pública del lugar fue alertada del hallazgo de un cuerpo que se encontraba al lado de la vía; al llegar al lugar, los oficiales confirman que se trataba de un hombre quien presentaba por lo menos tres impactos de bala, el cual tenía un bolso a su lado y todas sus pertenencias.
De la misma manera, la policía de Escazú recibió el aviso del descubrimiento del cuerpo de una mujer, la cual se encontraba tirada a un lado de la carretera, con dos disparos en su cabeza.
El Director del Organismo de Investigación Judicial, Jorge Rojas, anunció en conferencia de prensa, que sus agentes investigan ambos hechos, pues todo apunta a que se trata del mismo caso, ya que el bolso que se encontraba al lado del hombre en Alajuelita tenía las pertenencias de la mujer hallada en Escazú.
Al leer esto, lo que uno puede pensar es en el horror. Nada más. En lo terrible de latinoamérica. En lo terrible del mundo, de la vida, del ser humano. No me parece prudente emitir juicios sobre su asesinato, sobre el hampa o sobre Julio como persona. Apenas nos conocimos. Nos vimos dos veces. Lo conocí durante la lectura que realicé para el Festival de Poesía en la biblioteca de Hatillo. Recuerdo que al final de la lectura Julio se levantó y me preguntó sobre mis influencias literarias. Posteriormente, conversamos. Se da el caso de que Julio andaba con un ejemplar del libro Postales y me pidió que se lo dedicara. No recuerdo que le escribí. Acto seguido, este me obsequió su libro Ontología Menor. Recuerdo que ya me iba, aprovechando que una amiga me llevaría hasta un bar donde me esperaban unos amigos, pero al ver que el libro de Julio no se encontraba firmado, me devolví y le pedí que me lo dedicara. Al vuelo Julio escribió: Al poeta Frank Báez, en el encuentro de San José. Y luego estampó su firma.
Lo vi de nuevo en el acto de clausura del evento en que él, algo nervioso, leyó sus poemas. A la salida nos topamos y me comentó que había encontrado interesante mi libro. Después me preguntó si me quedaba para la cena, pero le dije que tenía unos compromisos con unos amigos en el café Buenos Aires. Nos estrechamos las manos. Esa fue la última vez que nos vimos.
Durante nuestras conversaciones le había mencionado la revista Ping Pong. De un principio él se mostró interesado en colaborar y se ofreció como voluntario para contactar poetas nicaraguenses y preparar una antología de poesía contemporánea de ese país. El 16 de junio Julio Acuña me envió el siguiente email:
Espero que estés muy bien, Frank. Soy Julio Acuña, un poeta de Costa Rica, entre tantos conocidos no sé si te acordarás, pero bueno, nos conocimos en tu lectura de Hatillo, y al final yo te obsequié mi "ontologia menor" y vos me firmaste tu libro. Luego nos vimos en la clausura del festival, pero entre tanto tumulto si acaso nos despedimos, cuando ibas saliendo porque yo me quedé en la cena. Te escribo ante todo porque no quiero perder la relación que iniciamos y ver cómo podríamos colaborarnos en temas comunes. He visitado el sitio de la revista, me gustó y espero poder enviar algunos textos y fortalecer así nuestro contacto. Abrazos...
Le respondí el 18 de junio. No recibí respuestas. La verdad no sé si llegó a leer la respuesta. De seguro no. Y supongo que así como yo hago esa relación, un montón de familiares, amigos y conocidos, deben estar recordándolo y entrelazando sucesos a su manera. No dejo de pensar en esa imagen tan aterradadora, esa de la cartera de mujer justo al lado del cadáver de Julio a un lado de la carretera. Es mortificante. Pero no sólo eso, me mortifica no haber abierto su libro sino ayer cuando supe que estaba muerto. Me mortifica no haberme quedado a cenar junto a él esa noche y conocerlo más. Lo único que puedo hacer es leer su libro. Borges decía que al morir los poetas se transforman en libros. Creo que tenía razón. Aunque otros poetas propusieron imágenes más lindas como que se transformaban en aves o en nubes y no en libros que con el tiempo se deshacen, se le despegan las páginas y se le destrozan los lomos. Sea como sea, la imagen que más se ajusta a la realidad es la de Borges. Y eso pienso al hojear Ontología Menor. Y sobre todo cuando uno se encuentra con el poema que aparece en la página 79 y siente algo así como si el libro se pusiera a respirar:
Tanka
Viejos zapatos
solos frente al espejo
Hoy les falto yo
Al nido de mi cama
volveré hasta mañana.
miércoles 18 de junio de 2008
Costa Rica (7) Taller de Poesía en el Liceo San Antonio de los Desamparados
- ¿Se puede vivir de la escritura?
- ¿Económicamente? Creo que no.
- ¿Cómo que no?
- Bueno, quizás sí.
- ¿Sí o no?
- Depende.
- Pero J K Rowlings es la mujer más rica de Inglaterra.
- Bueno, entonces sí.
- Esa mujer hace mucha harina.
- Eso he leído.
- ¿A qué se dedica usted?
- A escribir.
- ¿En serio?
- Sí, soy poeta. Lo asumo con orgullo.
- ¿Qué edad tiene?
- Treinta. Acabaditos de cumplir.
- ¿Cuánto gana usted por escribir?
- ¿Por escribir? Nada.
- ¿De qué vive entonces?
- Bueno, trabajo en una oficina.
- ¿En un banco?
- No, haciendo investigación… encuestas.
- ¿Y usted cuándo escribe?
- Trato de escribir a diario.
- Siempre que mamá me descubre escribiendo me dice que deje de estar perdiendo el tiempo y que me ponga a hacer la tarea porque si no me voy a morir de hambre.
- ¿?
- A mi me da igual. Me encierro a escribir y a escuchar Pink Floyd.
- ¿Te gusta Pink Floyd? Oye, Lucho, a ella le gusta Pink Floyd.
- Cuanto hubiera dado por tener una compañera en la escuela que le gustara Pink Floyd.
- Yo también.
- Oiga, antes de empezar, ¿se vive o no se vive de la literatura?
- Depende del mercado.
- ¿Y los escritores de calidad?
- Dan clases o los mantienen sus mamás.
Con Profesores y Director.
- ¿A qué se dedica usted?
- A escribir.
- No, me refiero si se dedica a dar clases, al periodismo.
- Trabajo en una oficina.
-¿Haciendo qué?
- Encuestas.
- ¿Gana buen dinero?
- Yo no. Algunos ganan bien.
- ¿Está casado?
- Todavía.
- Poeta, le tenemos un regalo.
- Ah, muchas gracias. Ustedes son tan amables.
- ¿Le gusta?
- Por supuesto, está lindo.
- Es un prendedor de corbata.
- Sí, me lo puedo poner para ir a la oficina. Muchas gracias.
- No, gracias a usted. También se puede llevar un plato extra de comida para el trayecto.
sábado 14 de junio de 2008
Costa Rica (6) El hijo de Joan Báez
La lluvia sigue cayendo tras la ventana de la habitación del hotel Aranjuez. A veces uno piensa que va a escampar, dado que el ritmo de la lluvia disminuye, empero se trata de una treta, ya que entonces la lluvia empieza a incrementar su golpeteo y a mezclarse con el viento. Desde la ventana se ve parte del barrio Aranjuez: techos de casas, balcones, ventanas, edificios y una especie de color de fotografía antigua y herrumbre adherido a todo. Mirando por la ventana, me percato cuando las luces del alumbrado público se encienden. El panorama parece plagiar un poema de Han Shan. Estoy en el tercer piso, en un edificio que está al cruzar la calle del edificio principal del hotel Aranjuez, construido seguramente por la incipiente demanda de turistas gringos y europeos. Esos turistas con que me toca desayunar en la mañana y que por lo que he visto no se lavan las manos antes de comer. El edificio de cuatro pisos en que estoy, se encuentra casi vacío. Calculo que deben estar ocupadas alrededor de cuatro o cinco habitaciones. Se qué en el segundo piso hay alguien, ya que recuerdo haber escuchado un blower encendido. Sé que al lado mío hay una pareja sadomasoquista que cogen como si fuera su última noche en el planeta tierra. Como si rodaran una porno ahí o un video para los amigos de Amsterdam. Se pasaron la noche entera gritando malas palabras, a tal punto que me ofendieron y desmoralizaron. Por cierto, recuerdo que ayer, a eso de la una, entrando en el ascensor, una gringa que entraba con un impermeable y una sombrilla me hizo señas de que lo detuviera para que ella ingresara. Tenía botas de lluvia y su impermeable chorreaba en el piso del ascensor. Al entrar pulsé el número tres, y dado que ella no pulsó ningún número, intuí que ella estaba en una de las habitaciones del tercer piso, aunque al abrirse el ascensor ella no salió, como si hubiera decidido devolverse, y yo no tuve más remedio que darme la vuelta, de manera que nos quedamos mirándonos hasta que la puerta del ascensor se cerró. Gringos locos, pensé en mi habitación, al evaluar su comportamiento.
Los cuatro repiques del teléfono me avivan. Es Lucho quien cuenta que está en la calle, frente al hotel, aguardándome en un taxi.
2
- Hoy por hoy San José es una ciudad violenta.
- ¿En serio?
- Siete años atrás era pacífica. La culpa es de los nicas, no de todos, porque hay algunos que vienen a bretear, pero están los otros, los que vienen a tomar guaro, que te sacan el chopo y te quitan la harina.
- Vaya.
- Y no me hagas hablar de los dominicanos.
Esto lo dice el taxista que es flaco y bigotudo. De tanto en tanto le pasa una lanilla a los vidrios cuando se empañan, debido a que no tiene aire acondicionado. Para que circule el aire tiene abierto un cristal por donde se mete la lluvia. Llegamos en menos de diez minutos al café Park Avenue donde tengo una lectura junto a una serie de interesantes poetas ticos. Aunque no lo parezca, Costa Rica es una ciudad pequeña y laberíntica al mismo tiempo. El taxi se para frente a un semáforo y aprovechamos para apearnos y hacer el trecho que nos falta a pie.

El café se encuentra en una zona exclusiva de Cuesta de Moras. Cuando entramos se percibe el aroma a café y a ropa húmeda. El establecimiento se halla atestado de poetas y de sombrillas. Saludo a los poetas que conozco y a los que no conozco me los presenta Lucho. Saludo a Luis Fer quien se encuentra junto a su mujer y su hijo, al lado de Luís Chaves que anda también con su mujer y su hija. Primera vez que me encuentro con Chaves. Con el tiempo Chaves ha hecho por la poesía latinoamericana lo que Calle 13 ha hecho por el regaetón, osea, darle posibilidades, trascendencia y cierta gracia. Recuerdo uno de sus poemas y me lo repito en la cabeza:
Debajo de ese lunar tan sexy
crece en silencio
un tumor maligno.
Me regala un libro de poesía, titulado Chan Marshall, que ganó un premio importante en España y publicó la editorial Visor.
La mujer de Chaves nos interrumpe y dice que va al supermercado a buscar unas cervezas en lata, ya que Park Avenue todavía no tiene el permiso para vender bebidas alcohólicas. Permanezco un rato sentado ahí hablando con los luises acerca de poesía y de la lluvia. Maldita lluvia. Y mientras hablamos entra Pablo Rugna con su impermeable amarillo y Paúl Álvarez de la mano con una mujer. Es periodista y vive en Cartago, me secreta en el oído. Luego entra Felipe Granados con una camiseta de Bela Lugosi, sus botas altas y tres mujeres. La camiseta es un homenaje a tu poema, me dice. Luego viene Potemkin. Luego le estrecho la mano a Alfredo Trejos y luego a unos cuantos más. Luego se me acerca una tal Daniela que habla y habla y termina confesándome una relación enfermiza que mantuvo con un compañero de la universidad. Se da el caso de que el tipo es psicótico y se aposta todas las mañanas frente a su casa, amenazándola con apuñalarla con una sevillana que lleva en uno de los bolsillos.
La interrumpe Paola, propietaria del bar, quien presenta la actividad y a los poetas. Primero Alfredo Trejos con una bufanda azul lee cinco poemas. Después nos llaman a Felipe Granados y a mí para que leamos y hablemos de la experiencia en la cárcel. Después lee Gabriela Arguedas. Después Billy Saenz Patterson, de unos sesenta y tantos años, quien lee un poema erótico llamado Lucrecia, que según cuenta todas las putas de Cartargo llevaban bajo el brazo durante los ochenta.
¿Para qué?, me pregunto a mi mismo y a los luises. El poema dura media hora, pero da la sensación de que ha durado ocho horas. La gente se levanta para flexionar las piernas y se amontonan en la parte trasera del café a hablar y a fumar. El hijo de Luís Fer, de unos cinco años, le hace prometer al papá que nunca más lo va a volver a traer a un evento de poesía. 
Luego lee Luis Chaves tres poemas.
Luego Ricardo Marín lee y cierra la actividad.Entonces la gente desfila hacia la salida. Los luises se despiden. Paul se me acerca.
- Viejo, que encendía estaba esa mujer.
- ¿Cuál?
- La de la falda.
- Ah, sí.
- La mujer más buena que he visto en un recital de poesía.
- ¿Y la periodista?
- Se fue, tiene que estar en la parada antes de las diez.
- ¿Cómo La Cenicienta?
- Como La Cenicienta.
Felipe y Pablo se aproximan y nos dicen que pasemos al restaurante chino del lado. Antes de marcharme, me detiene primero Billy Patterson quien expone ante mí toda su carrera poética, luego Daniela que me advierte que tenga cuidado en la calle porque de seguro el muchacho que la quería asesinar con la sevillana de seguro me vio hablando con ella y debe estar super celoso.
3
En el restaurante chino se encuentran los poetas que estaban en el café Park Avenue. En una de las mesas del centro nos sentamos junto a Felipe, Clara, la cubana, el novio de la cubana, Alfredo Trejos, Potemkin, Carlos y Pablo. En las mesas laterales está Chinchilla con su novia y al fondo la jeva de la falda que le gustó a Paul.
Adoro este restaurante. A diferencia que en Santo Domingo donde los restaurantes chinos son expresos gringos y Taiwán style, en este restaurante la comida es originaria de China continental. Pido unos calamares y Paul pide algo con camarones.
Traen los platos veinte minutos después y los devoramos como si no tuviéramos modales. Alfredo y Felipe departen sobre Bela Lugosi. Alfredo ya está borracho. Se acerca de repente y me da unos apretones en las manos y los hombros hasta que logra que suelte un quejido de niña. Vaya, Alfredo puede ser tan delicado como un puercoespín. Me cambio de sitio y converso unos minutos con Potemkin. Felipe dice que Potemkin se parece a Janis Joplin. Este dice que no y le responde diciéndole que es un care picha al igual que Oscar Arías.
- ¿Qué quiere decir tuanis?, le pregunto.
- Tuanis es como algo bonito. Cuando los obreros jamaiquinos, los que vinieron a poner los rieles, se topaban con una mae bonita, la piropeaban diciéndole too nice. Así en inglés. Entonces los ticos empezaron a repetir las palabras, a imitarlos y terminaron diciendo tuanis.
Felipe enciende un cigarro.
- Lo de Pura Vida tampoco es tico, dice Felipe.
- ¿No?
- Creo que era una expresión que usaba Tin Tan u otro comediante mexicano de esa época. Aquí pasaban mucho la película y se nos quedó.
En un momento miro hacia las mesas de la derecha y distingo a un tipo con lentes que mantiene la vista clavada en nuestra mesa. Debe ser el tipo del que hablaba Daniela: El de la sevillana.
Pablo me dice que vayamos a La Chicha. Me levanto y voy al baño y mientras meo me doy cuenta de que tengo el bolsillo izquierdo manchado de tinta azul. Se ha roto la punta del lapicero y la tinta se ha desparramado por todo el bolsillo. Mientras procedo a remover el lapicero del bolsillo y arrojarlo al zafacón se me mancha el pantalón, la camiseta y las manos. Intento lavarme las manos, pero por más que intento, la tinta sigue adherida a la piel. Al volver a la mesa, hablan de cine de los cincuenta. Paul aprovecha que el novio de la jeva de la falda se dirige al baño y se le acerca a esta.
Al volver se sienta a mi derecha, callado, como un boxeador que noquean en el primer round.
- ¿Qué te dijo?
- Que tiene novio.
- Eso ya lo sabías.
- Pero me dio su teléfono.
Me muestra una servilleta con el teléfono apuntado con tinta negra.
- Le dije que quería ir al zoológico.
- ¿Y qué te dijo?
- Que ella me lleva.
- ¿Cómo se llama?
Paul se echa a reír.
- No sé.
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En La Chicha duro media hora. De La Chicha a Aranjuez el taxista me cobra quinientos colones. Al llegar, me topo de nuevo con la gringa del hotel, aunque esta vez en la entrada de acceso, como si fuera un perro que espera por el dueño para entrar a casa. Tiene puesto el mismo impermeable y las mismas botas. Según me dice, la tarjeta para entrar al edificio se le extravió. Mientras hablamos unos minutos en el lobby, ella se pone a fumar. Dice que vino a hacer surf y que se va mañana a Playa Naranjo. Al preguntarme que estoy haciendo en San José, le cuento que estoy participando en un festival de poesía. ¿Poesía? Sí, poesía, le respondo. Me dice que escribo mucho al ver el reguero de tinta en la camiseta, el pantalón y las manos. Sonrío avergonzado. Me pregunta mi nombre. Me pregunta mi apellido. Se lo digo. Me pregunta que si por casualidad yo no soy el hijo de Joan Báez. La pregunta me hace sonreír y le respondo que sí mientras ella expulsa el humo de su boca y los orificios de su nariz y exclama I love Joan Báez, como si hablara de una diseñadora de modas o algo por el estilo. Entramos al ascensor juntos y ella sale en el mismo piso que yo, en el tercero, dirgiéndose esta vez a la habitación del lado donde la noche pasada se escuchaba la pareja sadomasoquista gritando frenéticamente.
