lunes, 20 de mayo de 2013

Un libro de Dylan Thomas y yo

Sin un rumbo fijo, andando a tientas en la oscuridad que es un camino y no un lugar –el lugar es la luz, diría Dylan Thomas–: así transcurrieron días en los que la vocación poética de Frank Báez luchaba por hacerse manifiesta. El vagabundeo errático de la juventud en esas búsquedas ambiguas tipo Holden Caufield y la brújula milagrosa que irrumpe de manera inesperada para dar sentido; en este caso, un libro de Dylan Thomas que parece haber viajado entre tiempo y circunstancia para instalarse en la vida de Frank Báez y recordarle al poeta y sus lectores que la juventud es un estado que siempre elude los espejos.