domingo, 19 de agosto de 2007

Concierto de Caetano Veloso en Altos de Chavón

Conseguimos un buen sitio, le comento a Giselle y a Paúl. Es bien temprano. El auditorio está medio vacío. Tan sólo se distinguen algunos sentados en preferencias, en VIP, gente rodando por las casetas donde venden las bebidas, los de seguridad, unas doñas que no paran de hablar y sentado justo enfrente del escenario, Yaqui Nuñez del Risco con una camisa azul al lado de una mujer vestida de blanco.

Dos horas después, hay un gran número de gente por los alrededores. Por el público uno piensa que se trata de un concierto de Julio Iglesias más que uno de Caetano Veloso.

Detrás de nosotros, tres doñas y un don no paran de chismear.

- Ese de allá, con la chacabana blanca, es el dueño de Pizzarelli.
- Ah sí.
- Mira, ese que entra es Silvio Rodríguez de la mano con su mujer.
- Se le notan los años.
- Mira, está abrazando a Yaqui y se sienta a su lado.

Sigue llegando gente y las doñas detrás cuchicheando.
- Que es eso de que te revisen la cartera en un concierto.
- A las mujeres no deben revisarlas.
A mí me dijo: abra su cartera. Con ese tono. Le dije que no, que no me iba a meter mano en mi cartera, así que metí mi mano y agarré mi pistolita para que no la vieran.

Cada vez es más surrealista.
- (la de la pistola) la primera vez que vinimos fue cuando lo de Frank Sinatra.
- Muchacha, no digas eso tan alto. Nos van a calcular la edad.
- (la de la pistola) a mí se me importa. Fui al concierto de Daddy Yankee y me puse a bailar como loca. Este me decía: pero mami ponte mansa. Y yo dando golpes de cintura. Con todos estos problemas, uno tiene que botar el golpe.

José Antonio Rodríguez abre el concierto y hace un popurrí de canciones dominicanas, según dice él, especialmente para Caetano Veloso.

Me imagino a Caetano Veloso, en los camerinos, escuchando su iPod mientras José Antonio Rodríguez canta para él.

Por debajo del escenario pululan Sergio Vargas, Pavel Nuñez, Victor Victor, etc. Hacen una reverencia cuando pasan frente a Silvio Rodríguez. Este apenas se entera.

José Antonio Rodríguez se pone demagogo y él mismo lo admite. Habla y habla como si estuviera hablando por teléfono y no por un micrófono. Termina haciendo una apología del Yaqui Nuñez compositor y sobre todo de Silvio Rodríguez.

Finalmente, sale Maridalia Hernández y las doñas de atrás pegan sus gritos menopausicos y corean pero de ahora en adelante.

Luego se van todos. José Antonio Rodríguez, Maridalia y el maestro Taveras.

El escenario se vacía. Pasan veinte minutos.

Entonces se escucha una voz en portugués que presenta la producción del concierto de Caetano Veloso. Las luces están apagadas y va entrando la banda consistente en Pedro Sá y dos jovencitos de la edad de Pedro Sá (les doy de veintitrés a veintiocho) con los que nos habíamos topado vagabundeando por los alrededores de Altos de Chavón. Y de último entra Caetano Veloso en tenis y poloshirt mientras todos nos ponemos a aplaudir. Y se escuchan los primeros acordes de Outro, la primera canción de CE, el álbum que Caetano Veloso está presentando y que es más moderno que el último de Franz Ferdinand. Cuando entra la batería las luces se encienden y vemos a Caetano Veloso que empieza a cantar:
você nem vai me reconhecer
quando eu passar por você


Caetano Veloso haciendo garage music. That’s right,
babe.

Paul me dice en el oído que debiéramos bajar a hacer un mosh. Me imagino de pie ahí abajo, haciendo mosh entre Silvio Rodríguez y Yaqui Nuñez y Sergio Vargas.


Sigue con la segunda canción del Album: Minhas Lágrimas. Favorita de Giselle. Una canción super melancólica y que transmite las melancolía que recorre todo el álbum inspirada en la ruptura de Caetano con su ex. En una entrevista que encontré en Internet Caetano dice sobre Minhas Lágrimas: Es justamente una de las más autobiográficas. No cuento una historia, pero hay sí un momento muy especial que la canción reproduce. Estaba haciendo un viaje a Japón y el avión hizo escala en Los Angeles, como siempre. Cuando el avión salía de Los Angeles volví a ver unas islas que normalmente uno ve cuando toma el avión en California y baja para México. No sé si el avión hizo una curva muy al sur, lo que sé es que son unas islas totalmente desiertas, y que la propia ciudad de Los Angeles es un lugar medio desértico, con esas calles vacías y esas casas de techos rectos. Yo estaba muy triste, porque estaba en medio de la separación, y encima de todo la única vez que yo había visto esas islas antes fue el día del atentado del 11 de setiembre, cuando me quedé sin salir de Los Angeles. Estabamos con Paulinha, que entonces era mi mujer, y con varios músicos amigos. Ibamos para el Grammy Latino, que finalmente no se hizo porque estaba previsto para el mismo 11 de setiembre. Estabamos arrasados. Con Los Angeles doblemente vacío, sin aviones en el cielo. Pasamos por encima de las islas. Años después, cuando estaba yendo para el Japón, vi de nuevo esas islas y quedé impresionado. Fue un sentimiento que me quedó, por eso hice la canción. Fue un sentimiento, otras veces puede ser un pensamiento.

Luego viene la ultra experimental porque? Seguida por una canción de Transa que no conozco. Y otra más. Y luego viene una que nadie corea. Caetano Veloso dice que le hubiera gustado que la corearan porque el estribillo significa te odio. Los de la banda se dispersan por el escenario y Caetano toma la guitarra y toca esa cursilísima canción, Cucurrucucu Paloma, que al tocarla Caetano deja de ser cursi. O más bien, la toca tan bien que uno se pone cursi y ya no le importa que la canción sea cursi. Antes de tocarla, se refiere a unas declaraciones que había hecho sobre el gobierno de Lula, en que decía que lo había votado en el 2000 y que no lo iba a votar de nuevo, y cómo había entrado en un blog y había leído los cientos de comentarios surgidos a partir de esa declaración y que el comentario que más atrajo su atención fue uno que decía: Caetano es tan malo dando declaraciones, pero es mucho más malo cuando toca la guitarra.

Y toca la canción y a mi lado uno vocea que verdugo, tan fuerte que casi lo interrumpe. Los de la banda se ponen a mirar donde el tipo que permaneció anónimo. Yo creo que fue Felucho.

Luego vuelve con las canciones de CE y tocó Musa Híbrida. Buenísimo el riff de Pedro Sá en esa canción que se va extendiendo poco a poco y la voz de Caetano que va subiendo y bajando como si cantara a pleno pulmón y no en un micrófono.

Y luego toca Fora da Orden. Y suena el pam pam pam pam de la batería y Caetano empieza a cantar las letras de Homem que contiene esos coros tan buenos:
e dos orgasmos múltiplos

e dos orgasmos múltiplos

Canta dos más. Luego los tambores retumban con Waly Salomao. Que es mi canción favorita. Y mientras la toca y Caetano canta, yo me pregunto qué está pasando por el cerebro de Yaqui Nuñez.

Y ahora canta London London en una versión tan dulce y tan Lou Reed y con ese coro de :

While my eyes

Go looking for flying saucers in the sky
While my eyes
Go looking for flying saucers in the sky

Entonces viene con Rocks que es la más pegajoza y pop del álbum. Es seguida por dos composiciones viejas
y en el intermedio alguien vocea que cante en español. Cierra con O Heroi que es una canción sobre la desigualdad racial en Brazil y las favelas y que en un momento reza lo de una pistola en una mano y la Biblia en la otra mano, como hacía un pastor evangélico que vivía por mi casa. Una canción que va subiendo peldaño por peldaño, como si arrastraras un piano hacia arriba por las escaleras.

La gente se levanta a aplaudir y Caetano dice adiós.
Las doñas, a nuestras espaldas, ya se fueron. Lo último que dijeron fue: Caetano Veloso sólo piensa en él. Esto porque no ha tocado las canciones de los sesenta y setenta y porque no trajo bailarinas de samba o todo el carnaval del río. ¡Que se jodan!

Después de los aplausos, Cateano Veloso vuelve a escena y toca dos canciones más. El público aplaude y aplaude hasta que las manos se les ponen coloradas.

En un momento, Caetano comienza a saludar gente. A los invitados especiales. A los de VIP.
Se acerca una rubia que le pide una canción y Caetano Veloso la mira y le dice que no con la cabeza. Se marcha y se voltea y le dice que no con el dedo índice. Se abalanza por el escenario, la gente lo aplaude y lo vitorea, y corre de nuevo como si tuviera dieciocho años y no los sesenta y cuatro que tiene.