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lunes 21 de enero de 2008

Arte Japonés

miércoles 19 de septiembre de 2007

Sergio González Rodríguez como personaje de Javier Marías y Roberto Bolaño

Sergio González Rodríguez se pasea, como si se tratara de un parque o de una playa, por dos de las novelas en lengua española capitales de los últimos diez años. Me refiero a 2666 de Roberto Bolaño y Negra espalda del tiempo de Javier Marías.

En 2666 Sergio González Rodríguez es el personaje del periodista Sergio González Rodríguez y en Negra espalda del tiempo funciona como corresponsal de Javier Marías en la resolución de la extraña muerte de Wilfrid Ewart que murió después de que una bala atravesara su ojo derecho.

Como se me ha hecho difícil conseguir en las librerías su libro Huesos en el Desierto, basado en lo asesinatos de mujeres en Ciudad Juarez, he buscado en google y leído una serie de entrevistas y artículos acerca de este escritor que ya ha sido inmortalizado en la literatura.

Sobre el libro se ha escrito lo siguiente: Huesos en el desierto: crónica, reportaje y ensayo de historia cultural al mismo tiempo configura un dramático archivo de relatos que presenta las claves para comprender y resolver a fondo estos homicidios, así como conjeturar la geografía del mal supremo, aquel que puede entreverse desde la perspectiva de Dürrenmatt: «Nuestra razón sólo ilumina el mundo de un modo insuficiente. En la zona crepuscular de sus límites tiene lugar toda paradoja».

En una entrevista que le hace Roberto García Bonilla dice: En la psicopatía de los asesinos parece haber un elemento adicional que le otorga un grado de alevosía mayor a sus crímenes: cierto rencor social que se ensaña con víctimas pobres. El poder del narcotráfico en México, así como sus nexos con empresarios y políticos resulta algo inobjetable, tanto como el hecho de que el narcotráfico implica una estructura patriarcal, jerárquica, iniciática, caciquil, que depende del secreto, de la sangre y del sacrificio en su cruzada contra el orden establecido. La violencia extrema, es decir, la violencia de género en este caso, es uno de sus mecanismos activos, aunada a la mediación de creencias irracionalistas, como la narcobrujería, el narcosatanismo, o la fe en la Santa Muerte.

Y en esta de Osvaldo Espino responde: Roberto Bolaño escribía su novela 2666 cuando supo, a través de Jorge Herralde y Juan Villoro, que yo preparaba una pesquisa documental sobre el femicidio en Ciudad Juárez, y se puso en contacto conmigo por correo electrónico. Quería intercambiar puntos de vista sobre el tema. De pronto, me solicitaba información muy exacta sobre, por ejemplo, las armas que usaban los narcotraficantes, o bien, algunos detalles judiciales de tipo forense. Creamos una secta de dos en la que intercambiábamos datos e ideas sobre los asesinatos, o los probables asesinos. En el otoño de 2002 pude visitarle en su casa de Blanes, ya había leído Huesos en el desierto y me comunicó que yo aparecía como personaje en su próxima novela, lo que me sorprendió bastante. Fue muy generoso al reseñar mi libro, y nunca me imaginé que su vida estaba tan cerca de terminar. Meses después leí 2666 y me impresionó su magistral trama, su minuciosa reconstrucción del infierno juarense, que por razones literarias ubica en un poblado llamado Santa Teresa. Escribir aquello debió ser un ejercicio extremo para él. La trascendencia vasta de esta novela será reconocida en el futuro.

Y de repente me encuentro con una reseña que Sergio González Rodríguez realizó de Los Detectives Salvajes de Bolaño en que juzga la novela de una manera injusta, según me parece, al poco tiempo de estar haber ganado uno de sus galardones. En la segunda parte de Los Detectives Salvajes, aquella de los monólogos que se repiten uno detrás de otro, pudiéramos incluir al personaje Sergio González, que de alguna manera también se convierte en un personaje de este libro.

Noche y Día / Los detectives salvajes
Por Sergio González Rodríguez
REFORMA
(16 Enero 1999).-Todavia hasta principios de los años 80, todo mundo en el medio literario tenía una anécdota qué referir -casi siempre más próxima a la indiferencia que al escándalo- sobre un grupo de escritores -o aspirantes a escritores, a decir de muchos- que se hacían llamar los infrarrealistas. El último de sus mohicanos -Mario Santiago Papasquiaro- murió meses atrás atropellado por un automóvil en una avenida capitalina: destino fiel y al mismo tiempo aciago para quienes transcurrieron su vida en el país de la calle, los cuartos de azoteas, las cantinas, la bohemia y las cafeterías obsolescentes.Fueron devorados uno tras otro por una ciudad que crecía ajena a sus presunciones de tardío vanguardismo: el anhelo de llevar la revuelta poética a la vida cotidiana. Tal militancia en las ilusiones perdidas los llevó a oponerse al establishment de nuestra vida literaria. Solían llegar a tertulias de escritores prestigiados en sitios públicos o privados y colarse para representar algún performance, o sabotear a gritos desde el sillerío de los espectadores alguna lectura o acto literario. Una vez lo hicieron con Octavio Paz y éste se les puso al brinco. Otra vez Carlos Chimal debió enfrentarlos con una pluma de escribir en la mano, y luego se quejaron de que los había intimidado con un cuchillo -en el delirio toxicómano, es comprensible, las cosas se vuelven proteicas.

Esas y otras historias estarían condenadas a persistir sólo como tema insólito de charla o memoria afectiva entre quienes convivieron con los infrarrealistas, de no ser porque ahora ha llegado a México la obra que ganó el Premio Herralde de Novela 1998, Los detectives salvajes, del chileno Roberto Bolaño, que está dedicada a rendir un anti-homenaje a ese grupo y usar su caso para elaborar un retrato de humor feroz sobre las andanzas reales y ficticias de uno de los últimos resabios vanguardistas en América Latina.

El Premio a Los detectives salvajes se explica en parte por el gusto actual en España por los relatos de costumbrismo retro o rescate de la memoria extraviada. O por la tendencia a la sobrepaginación de los libros y el éxito comercial del pintoresquismo localista y divertido. Roberto Bolaño registra de primera mano la vida literaria de la Ciudad de México de los años 70 a partir de las andanzas de un grupo denominado los real visceralistas, que giran en torno de dos personajes: Ulises Lima y Arturo Belano, a su vez inmersos en una pesquisa seudodetectivesca acerca de una ignota poeta, Cesárea Tinajero.

Alrededor de éstos, se urde una red de personas, voces, relatos abigarrados que sirven para que el narrador despliegue sus mejores aptitudes: la exactitud en lo cómico o absurdo; la ironía ante la estupidez, la ignorancia y las pretensiones fallidas; el sarcasmo que devela el juego de cortesanías, jerarquizaciones y rigideces de la sociedad literaria mexicana. Asimismo, la novela es un registro alucinante del habla y las pláticas de cantina de 20 años atrás.

Así retrata Roberto Bolaño a un típico real visceralista: “Ernesto San Epifanio dijo que existía literatura heterosexual, homosexual y bisexual. Las novelas, generalmente, eran heterosexuales, la poesía, en cambio, era absolutamente homosexual, los cuentos, deduzco, eran bisexuales, aunque esto no lo dijo. Dentro del inmenso océano de la poesía distinguía varias corrientes: maricones, maricas, mariquitas, locas, bujarrones, mariposas, ninfos y filenos. Las dos corrientes mayores, sin embargo, eran la de los maricones y la de los maricas. Walt Whitman, por ejemplo, era un poeta maricón. Pablo Neruda, un poeta marica. William Blake era maricón, sin asomo de duda, y Octavio Paz marica”.

Los detectives salvajes está narrada a partir de dos perspectivas: la del diario de Juan García Madero, un poeta adolescente que se incorpora al grupo cuando éste ya se ha vuelto legendario en los bajos fondos de la literatura capitalina; y la de decenas de protagonistas laterales que entrecruzan sus historias para documentar la existencia del grupo y sus líderes, Lima y Belano. Por lo tanto, las voces transitan por la Ciudad de México, Santiago de Chile, Madrid, Barcelona, París, etcétera.

Roberto Bolaño conoce bien la literatura mexicana, y aparte de emplear los nombres de Octavio Paz, Carlos Fuentes, José Emilio Pacheco y muchos otros en momentos humorísticos o como pretexto de burla, su novela expresa una curiosa mezcolanza ya no sólo de José Agustín y Gustavo Sáinz -desenfado adolescente, lenguaje coloquial, hallazgo de la sexualidad, avidez de la lectura…-, sino de, por si aquellos fueran insuficientes, Carlos Monsiváis, figura circular en sus páginas.

Mediante los recursos de la parodia y el pastiche -ni modo: lo postmoderno se impone aún-, el narrador moldea el no-suspenso de la novela, porque ésta se funda en la falsa intriga hacia un desenlace condenado de antemano al fracaso. Como si se quisiera perseguir el camino, no el destino. Y el camino de Los detectives salvajes se construye con un avasallador acopio de ingenio y reiteraciones que terminan por desbalancear la novela, y la llevan al tránsito del entusiasmo al sopor que nace ante la verborrea ajena. Lo bueno -o lo malo- está en que sólo permanece en el lector el brillo de párrafos, episodios, ocurrencias magníficas. De hecho, la primera parte, “Mexicanos perdidos en México (1975)”, vale toda la novela. Ni modo: esto se llama muerte por desmesura.

miércoles 15 de agosto de 2007

¿Charles Simic laureado?

Fotografía de Richard Drew/AP

Los Estados Unidos están repletos de strippers aceitosas y motoristas que hacen saltos mortales a través de aros de fuego. Pero no creo que ninguno haya hecho algo más suicida y arriesgado que lo que ha hecho Charles Simic con su poesía. Por lo que es raro eso de que le estén otorgando premios a diestra y siniestra. Charles Simic ha sido galardonado con dos de los premios literarios más importantes de los Estados Unidos. En primer lugar, Charles Simic ha sido considerado el quinceavo poeta laureado de los Estados Unidos. En segundo lugar, ha ganado el premio Wallace Stevens que está dotado de 100,000 dólares, lo que de seguro le va a servir para pagar las deudas que el exceso poético ha venido acumulando.
Supongo que después de la noticia de estos premios, se rajó el piso en algunas revistas de Poesía sofisticadas norteamericanas y se tragó trescientos veinte críticos parecidos a Paul Breslin.
Simic es como los derretidos de la barra Payán: inimitable. Al leer el primer verso de un poema de Charles Simic uno sabe que pertenece a Charles Simic o que se trata de alguien intentando imitar a Charles Simic.
Eso pasa con Vallejo también. Y con otros más.
Hace unas semanas estaba traduciendo algunos de los poemas de Simic para el próximo número de la revista Ping Pong. Tremendo Simic. En una entrevista dice: I'm a hard-nosed realist. Surrealism means nothing in a country like ours where supposedly millions of Americans took joyrides in UFOs. Our cities are full of homeless and mad people going around talking to themselves. Not many people seem to notice them. I watch them and eavesdrop on them.
Es tan grato encontrarse con su poesía y sentir que uno la tiene entre las manos como un huevo azul que uno hubiera encontrado en algún lugar y que de repente escudriñamos pensando en el extraño pájaro que lo habrá puesto.

domingo 12 de agosto de 2007

Mis Videos Favoritos: William S. Burroughs compra un loro

miércoles 18 de julio de 2007

Anne Sexton (1)


Anne Sexton debe ser una de las poetas más hermosas de todos los tiempos. Lo que puede sonar frívolo. Pero no lo es. Cuando vivía en Chicago solía tener una postal de Anne Sexton, con la foto que aparece arriba, pegada con una chinche en la pared central de mi habitación. Era lo único que sobresalía en mi habitación.
De la biblioteca de la universidad, saqué libros sobre Anne Sexton y volumenes de poesía. E incluso leí sus cartas. Cartas a Robert Lowell, a Snodgrass, a la Plath. Cartas, la mayoría, desgarrantes.
A las poetas de Chicago les preguntaba por Anne Sexton y se encogían de hombros. Se interesaban mucho más por Anne Carson. En Chicago los escritores son tan imbéciles que una poeta de Boston les resulta tan extranjera como para un poeta panameño un poeta de Camboya.
Antes de morir, Anne Sexton andaba de bares con una banda. La banda se denominaba Anne Sexton and her Kind. Hermosa la voz de Anne Sexton, mamá de Cat Power y de P J Harvey.
He estado leyendo y releyendo los poemas de Anne Sexton traducidos por Giselle Rodriguez Cid: Ping Pong & Amnesia. Ahora con la lluvia que cae a lo largo y ancho de la ciudad, recuerdo el cura amigo de Anne Sexton que le dijo una vez que Dios estaba en su máquina de escribir y Anne Sexton le preguntó si estaba seguro y él le aseguró que estaba cien por ciento seguro. Esta confesión influyó a que, en sus últimos poemas, Anne Sexton escribiera como si estuviera hablando directamente con Dios, lo que en sí es tarea de todos los poetas, crean estos en Dios o no crean.

miércoles 23 de mayo de 2007

Taipei (4) Gao Xingjian

Después de leer los elogios y la reseña de su obra y su vida en El Mago de Viena de Sergio Pitol, decidí comprarme El libro de un hombre solo, no sólo para conocer la literatura de Gao, sino también para aproximarme a la Revolución Cultural China, periodo convulso en que se encuentra basado una gran parte del libro. Sin embargo, después de leer las quinientas y tantas páginas del libro, me he encontrado con algo más. Con una obra que trata de la pasión de escribir y cómo esa pasión te acerca cada vez más a la soledad. Con que en esta obra Gao está más cerca de Samuel Becket que de Solzhenitsin. Pero sobre todo, con una obra que retrata de la manera más humana, sin ningún tipo de manipulación ideológica y hasta estética, una de las tragedias y catástrofes sociales de nuestra época reciente.

Mientras los García -García Márquez y García Lorca- aseguraban que escribían para que los quisieran, Gao Xingjian repite que escribe para estar solo. Gao Xingjian no predica. Gao Xingjian no se queja y se lamenta por sí. Gao Xingjian escribe de la misma manera que se pajea. Para sí mismo. Así tan sencillo y grosero como suena. Supongo que si algunos de nosotros tuviéramos que quemar todos nuestros manuscritos para que no nos fusilen a nosotros ni a nuestros familiares ni amigos, comprenderíamos lo anterior.

Al final de la página 518 Gao escribe: Los superhombres querían reemplazar a Dios, eran presuntuosos e irracionales, mientras que tú, mejor que permanezcas humilde y frágil.

En la página 248 escribe: El mundo ya no te parece tan asqueroso como antes, aunque ese asco todavía esté de moda. Tampoco debes exagerar los enfrentamientos con el poder, si has sobrevivido y conseguido la libertad de expresión es porque has recibido algunos favores. No puedes decir eso de "nadie me debe nada y yo no debo nada a nadie", ya que debes a los demás y, aunque los demás también te deban a ti, ¿no has recibido más favores de los que has hecho? Tienes suerte, está claro, ¿de qué te puedes quejar?

En el capítulo 53, Gao cuenta acerca de la única que vez que vio el cuerpo conservado de Mao Zedong en la plaza Tiannamen. Es uno de los mejores capítulos del libro. Gao escribe cosas como la siguiente: Más tarde, se diría a si mismo: mientras Mao permanezca idolatrado como dirigente, emperador o dios, no volvería a este país. En otro capítulo escribe: No, no es tu país, tu país está en tu memoria, es una fuente en las tinieblas de donde hacen sentimientos difíciles de explicar, es una China personal que sólo te pertenece a ti, y ya no tienes relación con ella. Sería interesante comparar esto con un artículo que propone al gobierno Chino invitar personalmente a Gao Xingjian a las actividades concernientes a los próximos Juegos Olimpicos que se van a celebrar en China.

Cierro esta ligera reseña con el primer párrafo del epílogo de El Libro de un hombre solo escrito por Liu Zaifu: No he leído ningún poema de Gao Xingjian, pocas veces los ha publicado. Pero después de leer El Libro de un hombre solo, me ha quedado claro que Gao Xingjian es un poeta; no sólo porque muchos de los capítulos de esta obra son realmente prosas poéticas filosóficas llenas de una compresión completa de la vida, sino también porque la obra entera rebosa un sentido poético de la tragedia de una época importante.

sábado 31 de marzo de 2007

García Márquez 3 - Vargas Llosa 1

García Márquez en 1976 después del fuetazo de Vargas Llosa

jueves 8 de marzo de 2007

García Marquez 3 - Vargas LLosa 0


domingo 4 de febrero de 2007

Lana Turner has Collapsed de Frank O' Hara

Lana Turner has collapsed!
I was trotting along and suddenly
it started raining and snowing
and you said it was hailing
but hailing hits you on the head
hard so it was really snowing and
raining and I was in such a hurry
to meet you but the traffic
was acting exactly like the sky
and suddenly I see a headline
LANA TURNER HAS COLLAPSED!
there is no snow in Hollywood
there is no rain in California
I have been to lots of parties
and acted perfectly disgraceful
but I never actually collapsed
oh Lana Turner we love you get up

Frank O' Hara

miércoles 24 de enero de 2007

El mundo no se acaba de Charles Simic



Desde hace unos días he estado leyendo los poemas de Charles Simic. Especificamente los poemas en prosa de The World Doesn't End: Prose Poems (1990), un libro ya clásico de la poesía norteamericana y que sigue siendo descalificado por cierta crítica norteamericana que todavía no se traga que se escriban los poemas en prosa. En latinoamerica, gracias a Dios, nunca hemos desdeñado de esa manera los poemas en prosa. Tan sólo hay que recordar los poemas en prosa de Dario, de Vallejo, de Pizarnik y de Octavio Paz. Todos clásicos del género. La ausencia de universidades en latinoamérica que se interesen por la literatura, así como la inexistencia de talleres de escritura creativa, nos aseguran esa libertad y ese triunfo.

El caso de Charles Simic es bien interesante. Charles Simic nacido en Yugoslavia y criado en Chicago desarrolla una poesía que se aleja en cierta medida de Frost, Whitman y Pound, aunque más bien, si se observa con claridad, su obra de quien se aleja es de los imitadores y los plagiarios de los grandes poetas gringos. Aceptemos que hay algo de la melancolía y el laconismo de Dickinson, un destello de William Carlos Williams, pero sobre todo la imaginería de Vasko Popa, de los surrealistas y de los bebedores de cerveza de europa del este. Cuando un periodista le pregunta qué piensa de las salvajes críticas que le han hecho ciertos individuos a su obra, Charles Simic responde que él escribe sus poemas para contradecir la idea que tienen esos individuos de lo que es la poesía.

Los poemas en prosa de The World Doesn't End son oscuros y están llenos de pasadisos secretos que llevan a Nietzsche, a Rimbaud, a Holderlin, a azoteas de Chicago y por supuesto a la extinta Unión Soviética. Un crítico español cataloga el libro de simbolista. Aunque no entiendo ese término, ya que a mi parecer toda la poesía y todas las cosas de la vida son símbolos.
Como proponía Alejandra Pizarnik, se trata de escribir un poema como si fuese un cuadro, como si pudiéramos colgarlo de la pared y las palabras se transformaran en líneas y trazos que dibujaran el paisaje de una maravillosa y nociva pesadilla. Aunque en el caso de Charles Simic se trata más bien de una radiografía que uno pega en la pared para entender donde fue que se jodió el siglo pasado.

Experimento

Ahora voy a hacer un ligero experimento con un poema del libro The World Doesn't End. Tomemos por ejemplo este poema elegido al azar por mí y que he traducido de un tirón, y llamemos un compañero de la oficina
para que lo lea y emita su opinión.

La época de los poetas menores se acerca. Adiós Whitman, Dickinson, Frost. Bienvenido tú cuya fama nunca pasará más allá de tus familiares cercanos, y quizás uno o dos amigos reunidos después de cenar ante una botella de vino tinto... mientras los niños se van durmiendo y quejándose del ruido que estás haciendo mientras hurgas en el closet por tus viejos poemas, temeroso de que tu esposa los haya tirado después de hacer su última limpieza de primavera.

Está nevando, dice alguien quien ha visto hacia la noche oscura, y luego él, también, te mira mientras te vas preparando para leer de una forma algo teatral y con la cara enrojecida, un poema de amor extenso e incoherente cuya última estrofa (desconocida para tí) lamentablemente se ha estraviado.

--A la manera de Aleksandar Ristovic'


Dario, que trabaja en el departamento de informática, es el voluntario. Acaba de leer el poema y me ha preguntado si eso es un poema. Le digo que sí. L
o lee de nuevo. Me dice que se siente como cuando hacen una broma que no alcanzas a oír y todo el mundo ríe y uno por inercia ríe también. Vuelve a leer el poema y termina riéndose. Me dice que se tiene que ir, que tiene trabajo y que no puede perder el tiempo con esas cosas.

lunes 22 de enero de 2007

Un robot declamando sonetos



Hace años, Hans Magnus Enzensberger, presentó en el festival Lírica en el río Lech, un programa informático capaz de producir poemas en aproximadamente treinta segundos. El programa bautizado "Poesie- Automat”, en abierta burla al proceso de escritura de los surrealistas, no ha atraído muchos adeptos desde que fue presentado, quizás porque para estos poemas ya no son necesarios los adeptos. Con esto quiero decir que los poetas serán robots o no serán, lo que no es nada nuevo, puesto que en los manifiestos dadaístas se refieren ya a estos procesos futuristas.

Pero expliquemos la valiosa función del “Poesie- Automat”. Te compras el programa y si la computadora redacta mejores poemas que los tuyos, tienes tres opciones: plagias a la máquina, vuelves a escribir los poemas hasta que te salgan mejores o dejas de escribir poesía y te vuelves fan de una computadora.

En estos días, los poetas robots proliferan por todas partes y no es extraño toparse con uno leyendo sus poemas en bibliotecas o en ferias de libros. Tenemos poetas robots en Miami, en Tokio, en Buenos Aires. Tenemos a PaCo, creado por el escultor Carlos Copa en colaboración con Ana María García-Serrano, cual prototipo del poeta borracho y bohemio. PaCo es un robot construido sobre una silla de ruedas y que vagabundea por las calles, mendingando y regalando poemas que imprime y declama a los peatones.

El sábado, dentro de los experimentos de Red Rover Shoes en Chicago, Jon Trowbridge, un ingeniero de sistemas de Google y el escritor Eric Elshtain, presentarán el software Gnoetry0.2, que compone poemas que la computadora va leyendo a medida que se van gestando. Las sesiones de Red Rover Shoes son bien populares y tienden a estar repletas, por lo que me imagino a muchos poetas e intelectuales rodeando el escenario,
escuchando a una computadora declamar sus propios poemas, como si se tratara de un poeta académico en saco y con lentes y que tose de tanto en tanto.

Para finalizar, les recuerdo que hay una página en la Web donde un software le ayuda a los poetas a escribir sus poemas. Les recomiendo a los poetas dominicanos que entren a la siguiente dirección y que permitan que los robots le den la mano en la composición de sus poemas.
http://www.gpeters.com/auto/autotype.php

domingo 14 de enero de 2007

García Márquez 2 - Vargas Llosa 0

Por todas partes se ha expandido el rumor de que Gabriel García Marquez va a asistir al acto inagural de la feria del Libro de Santo Domingo de este año. Aparentemente, García Márquez va a venir junto al Presidente Colombiano y a la delegación de Colombia, país al que este año se encuentra dedicada la Feria del Libro. No obstante, según se rumora, García Márquez no va a decir ni pío. Va a estar callado todo el tiempo. No va a ofrecer ni conferencias ni charlas ni entrevistas ni coloquios ni encuentros con estudiantes de letras o con los intelectuales del palacio de la esquizofrenia. Inmediatamente se termine el acto inagural, estrechará unas cuantas manos y se va a tomar un avión de vuelta a casa.

Para la Feria del Libro de Sevilla, García Márquez cobró treinta mil euros por su presencia. Los rumores no comentan cuánto se le va a pagar por su asistencia en la Feria del Libro de Santo Domingo. Sin embargo, esa misteriosa actitud de García Márquez, me hace deducir que el García Márquez que será vitoreado y fotografiado no va a ser el autor de Cien años de Soledad, sino un doble. Piénsese un poco. Gabriel García Márquez tiene todo el dinero del mundo para hacerlo y le sirve de garantía para evitar agresiones de ex canditados presidenciales del Perú. Tan sólo tiene que buscar a alguien que se asemeje a él, prestarle una chacabana y mandarlo a todos los eventos literarios del planeta mientras él se queda en su casa leyendo y escribiendo.

Según me cuentan, García Márquez vino a la República Dominicana a principios de los ochenta o a finales de los setenta, al cumpleaños del profesor Juan Bosch. García Marquez vino en un jet privado a la medianoche y estuvo en Santo Domingo y en la Vega. En esa ocasión, no dio conferencias ni charlas ni lecturas, aunque cuentan que departió con el profesor Juan Bosch y los otros invitados, entre ellos, el poeta cubano Nicolas Guillén que estaba ya entrado en edad y que leyó un poema con su voz temblorosa. (Analicen lo anterior. Se trata de un doble.)

En cambio, Vargas Llosa no necesita dobles. Su presencia en Santo Domingo es constante, estimulante y rica. Vargas Llosa presentó su libro La Fiesta del Chivo a casa llena en el Hotel Jaragua y el evento fue trasmitido en vivo y directo por el canal cuatro. Vargas Llosa ha ofrecido declaraciones, asistió dos veces a ver su obra La Chunga interpretada por un grupo teatral joven en Casa de Teatro, a actos benéficos y a alfombras rojas. Además, un montón de fans lo abordaban cuando éste se encontraba en el Archivo de la Nación recopilando información para su Fiesta del Chivo, o cuando temprano en la mañana iba a hacer jogging al mirador. Vargas Llosa no arriba a Santo Domingo en jet privado sino en vuelos normales, supongo que en primera clase, junto a su hija o su mujer Patricia. Luis Llosa, su primo, lo recibe en el país. Este se ha afincado en la Romana y por lo que he leído, después de la poca acogida de su pobre versión cinematográfica de la Fiesta del Chivo, se encuentra filmando una telenovela con nada más y nada menos que José Luis Rodriguez "el Puma". A Luis Llosa se le ve todas las semanas en las fotos de sociales de los periódicos dominicanos. Lo vemos recibiendo premios. Lo vemos como jurado de certámenes. Lo vemos al lado de Andy García, de los toleteros de turno y de uno que otro político estafador. Lo vemos en torneos de golf y estrechándole la mano al presidente de la República.

La coyuntura de Luis Llosa en el país, puede hacer posible, que para éste año, Mario Vargas Llosa traiga para la sala Principal del Teatro Nacional la obra de teatro "La verdad de las Mentiras", en la que participa como actor y que actualmente se encuentra presentando en varios países de lationamérica.
Puede que incluso, Vargas Llosa y García Márquez, coincidan en el país. Lo que sin duda haría que García Márquez decida de una vez por todas mandar su doble o a un prototipo Gabo 2, diseñado especialmente por los japoneses que lo admiran mucho, para la Feria del Libro de Santo Domingo. Veamos qué pasa.

domingo 7 de enero de 2007

Philip Seymour Hoffman se toma un café con Julian Barnes


El sábado pasamos por un Mr Movies y alquilamos la película Love Liza. La alquilamos porque ahora mismo mi actor favorito es Philip Seymour Hoffman. Porque veo cualquier película en que aparezca Philip Seymour Hoffman. Me gustaría ser vecino de Philip Seymour Hoffman y subir de vez en cuando a su apartamento y contarle cientos de chistes para escucharlo reír. Me encanta la risa de Philip Seymour Hoffman y me gusta el eco que deja. Sobre todo cuando se ríe en Love Liza. Sobre todo en esa escena de Love Liza en que empieza a reírse en un salón, a medida que sus compañeros de trabajo lo van dejando solo. En Love Liza, Philip Seymour Hoffman es Wilson Joel, un diseñador de páginas webs, que queda totalmente trastornado cuando su esposa se suicida. No sabemos nunca cómo se suicida. Aunque un amigo le grita a un grupo de pilotos de barcos de juguete, que Liza se voló la tapa de los sesos. El personaje de Philip Seymour Hoffman de tanto sufrir, se hace adicto a la gasolina. Escena tras escena, lo vemos dirigirse a la bomba de gasolina más cercana, llenar un galón y llevárselo a la casa donde moja un paño con gasolina y lo huele hasta quedar aturdido.

La trama de esta película funcionaría de maravilla como trama de uno de los cuentos del libro La mesa limón de Julian Barnes. Lo digo porque hace unos días estaba leyendo los cuentos de dicho libro, cuentos, que al igual que Love Liza, te dan ganas de oler gasolina en la sala de tu casa o llorar cuando debieras reír y reír cuando debieras llorar. Resultaría fabuloso que alguien se dispusiera a hacer una adaptación al cine de los cuentos de La Mesa Limón y que Philip Seymour Hoffman los protagonizara todos. En Una breve historia de la peluquería, Philip Seymour Hoffman sería el muchacho de mediana edad, medio hippie, que se va a cortar el pelo. En La historia de Mats Israelson, Philip Seymour Hoffman interpretaría al nórdico Anders Borden. En La de cosas que sabes, Philip Seymour Hoffman puede ser el mesero gay que atiende a las dos simpáticas ancianas. En Higiene, Philip Seymour Hoffman sería el señor que viaja para encontrarse con su querida en otro pueblo. En El Reestreno, Philip Seymour Hoffman haría el papel de otro escritor, del viejo Turgenev que se enamora de una joven actriz y repite esta frase: tienes el juicio necesario para saber que el tiempo no siempre cura el dolor. En Vigilancia, Philip Seymour Hoffman sería el protagonista gay que amenaza a las personas que hacen ruido durante los conciertos sinfónicos. En Corteza, interpretaría al gordo Jean-Etienne Delacour que se acuesta con quien no debió haberse acostado. En La Jaula para frutas, puede ser el hijo narrador mientras el viejo jubilado puede ser interpretado por Bill Murray. En El silencio, Philip Seymour Hoffman sería el músico que escribe una sinfonía en un jardín y le dice adiós al mundo.

Philip Seymour Hoffman no es mi vecino. Es imposible que sea mi vecino. Pero si fuera mi vecino, lo escucharía riéndose ahora mismo, sentado ante una mesa frente a Julian Barnes. Bebiendo café y fumando. Como en una escena de Coffee and Cigarrettes o un cuento de Barnes. Philip Seymour Hoffman que más que actor es un autor. Philip Seymour Hoffman que si se quita los lentes y se recorta un poco el pelo, se asemeja a mi vecino Jean Andrea.

lunes 25 de diciembre de 2006

Salvador Dali - Lanvin Chocolate

Avida Dollars

viernes 15 de diciembre de 2006

Patti Smith da una fiesta


Siempre me imagino a Patti Smith dando una fiesta en su apartamento de Nueva York en los setenta. Cuando estoy aburrido, me recuesto en la cama, pensando en el apartamento de Patti Smith y en los invitados que van entrando a la fiesta. Los imagino a cada uno, llegando tarde, tocando el timbre insistentemente, y Patti Smith abriendo la puerta y recibiéndolos con abrazos y besos o con una cara larga de indiferencia. Me imagino a Robert Mapplethorpe con un cigarrillo deshaciéndose en sus dedos. Me imagino a Robert Frank trayendo una botella de vino. Me imagino a Jean Genet entrando con un muchachito de la mano y hablando del fin del mundo. Me imagino a Sam Sheppard que entra con un cuchillo de matar cocodrilos. Me imagino a Tom Verlaine rompiéndose una botella en la cabeza. Me imagino a Mick Jagger con la boca pintada de negro. Me imagino a Joey Ramone arrojando una silla por la ventana. Me imagino a Allen Ginsberg discutiendo de zen con John Cage. Me imagino a Joseph Brodsky bebiendo vodka y diciéndole a Octavio Paz que no es por ahí que va la cosa. Me imagino a John Lennon hablando con Yves Klein y una mujer desnuda que no identifico. Me imagino a Jorge Luis Borges con unos tapones en los oídos. Me imagino a Timothy Leary preparando un té de hongos. Me imagino a Fred Sonic Smith abrazando a Patti Smith. Me imagino a Bruce Springsteen acercándose a Bob Dylan y éste alejándose. Me imagino a Thomas Pynchon hablando de matemáticas solo. Me imagino a Julio Cortázar viendo un juego de futbol americano en la televisión. Me imagino a Hunter S Thompson en la bañera con Joan Crawford. Me imagino a David Bowie con el maquillaje de la película The Man who fell to earth. Me imagino a Susan Sontag y a Philip Roth y a Saul Bellow hablando de Israel. Me imagino a Iggy Pop leyendo en voz alta poemas de William Blake. Me imagino a Ingmar Bergman que se maja los dedos con la puerta del baño. Me imagino a Nico en la cama con Ted Neeley. Me imagino a Charles Mingus en el centro de la sala tocando el bajo y al lado Miguel Piñero recitando. Me imagino a Joseph Beuys bebiendo una cerveza de lata. Me imagino a Robert Bresson sollozando al lado de Godard que se ha dejado el bigote. Me imagino a Gregory Corso con un tic nervioso en el ojo izquierdo y gritando dónde pusieron mi caja de dientes. Me imagino a Marianne Faithfull drogada y tambaleándose en medio de la sala como una bailarina rusa. Me imagino a Sissy Spacek entrando de la mano con Gena Rowlands. Me imagino al gran John Cale entrando con una grabadora en la mano. Me imagino a Andy Warhol que entra con unos patines. Me imagino a Yoko Ono que entra con un puma en una correa y que lo suelta. Me imagino a Frank Sinatra comiendo brownies de marihuana hechos a partir de una receta de Alice B. Toklas. Me imagino a Abbie Hoffman hablando de revolución y todos mirándolo de manera sospechosa. Me imagino a José Lezama Lima sufriendo un ataque de asma. Me imagino a Fellini que entra con un ramo de flores y de la mano con Anita Ekberg. Me imagino a John Ashberry con un paraguas abierto en la cocina y a su lado Ted Berrigan, James Schuyler, Kenneth Koch y Ed Sanders. Me imagino a Tennessee Williams borracho y repitiendo una y otra vez el verso de Frank O' Hara: Lana Turner has collapsed. Me imagino a John Cheever jugando ajedrez con Truman Capote y venciéndolo. Me imagino al poeta Leopoldo María Panero sufriendo un ataque de epilepsia en la alfombra. Me imagino a George Perec bebiendo un martini mientras escucha a Laurie Anderson que lee un poema de Tu fu en Chino. Me imagino a Lou Reed mirándole el culo a Laurie Anderson. Me imagino a Jackie Curtis escribiendo un poema en el papel sanitario y luego limpiándose el culo. Me imagino a Salvador Dalí y a Gala que entran disfrazados de una vaca. Me imagino a Anne Waldman gritando Flesh meet bones. Me imagino a Hitchcock y Buñuel hablando en el balcón ( Buñuel vuelve a entrar a la sala y Hitchcok no vuelve a aparecer en la fiesta) Me imagino a Arthur Lee, el cantante de Love, recostado en un mueble y haciéndole guiños a un travesti disfrazado de Cher. Me imagino a Peter Falk rompiendo con un hacha un mueble. Me imagino a Woody Allen entrando con un paracaídas puesto. Me imagino que Patti Smith le cierra la puerta en las narices a Andy Kaufman. Me imagino a Johnny Cash que entra con unas botas puntiagudas y a June Carter que no para de mirar el reloj. Me imagino a De Kooning meando en el lavamanos. Me imagino a Truffaut mareado por el olor a yerba. Me imagino a Thomas Wolfe con un traje rosado y una rosa entre los dientes. Me imagino a Marlon Brando abrazando a Cassius Clay. Me imagino a Robert Rauschenberg robándose cuatro cucharas de plata. Me imagino a Samuel Beckett matando una cucaracha con su zapato. Me imagino a Johnny Carson mirando los invitados y preguntándose qué busca ahí. Me imagino a Groucho Marx tosiendo. Me imagino a Philip K Dick teletransportándose. Me imagino a Telly Savalas que deja caer una pistola en la ponchera del coctel. Me imagino a Sammy Davis Jr cantándole al oído a Candy Darling. Me imagino a Syd Barret con una camisa de fuerza, sentadito callado. Me imagino a William Burroughs que entra con una escopeta y que empieza a disparar indiscriminadamente contra todos.
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Foto de Bob Dylan y Patti Smith © 1975 por danny fields

jueves 14 de diciembre de 2006

Patti Smith en el St Mark



















- Email de Paul Alvarez. Enero, 2004
- Fotos de Patti Smith por Paúl Alvarez.

viernes 8 de diciembre de 2006

El hombre que nadie quería ver fuera de la jaula

1
Llevo días pensando en el caso del hermano de Marcia quien después de diez años de estar desaparecido y de que todo el mundo lo diera por muerto, apareció en un campo de Salcedo limpiando estufas. El hermano de Marcia desapareció cuando tenía quince años y desde entonces la familia se había dedicado a buscarlo entre los cadáveres de las morgues, en hospitales y en asilos. Hace una semana, una vecina que retornaba a San Cristobal en una guagua, le voceó al chofer que se detuviera, ya que había divisado al lado de la carretera, un hombre idéntico al hermano de Marcia. Se apeó de la guagua y caminó hacia donde estaba el hombre desaliñado y con cara de lunático, que brillaba con un estropajo una estufa y de vez en cuando se limpiaba el sudor con una mano. Se quedó mirándolo sin que él se percatara de su presencia. Después de diez años, había envejecido un poco y se encontraba cojo y con una malformación en una pierna, pero era la misma cara y las mismas orejas y los mismos ojos. La vecina se dio la vuelta, se subió a la guagua y cuando llegó a San Cristobal, fue directamente a la casa de la hermana de Marcia y le contó que había encontrado a su hermano desaparecido hacía diez años. Al día siguiente, ambas fueron a Salcedo y encontraron al muchacho de ya veinticinco años, en el mismo sitio, lavando y pintando estufas, neveras y freezers. Se lo llevaron de vuelta a San Cristobal a la casa de la mamá que lo recibió con lágrimas en los ojos.

El hermano de Marcia contó lo que le había ocurrido durante esos diez años en cinco minutos. Como si en vez de diez años hubiera desaparecido por diez días o por diez horas. A los quince años, durante el periodo de campaña electoral del noventa y seis, se había montado en una guagua de caravana del PLD en vez de la guagua que iba en dirección al paraje Los Cocuyos de San Cristobal. La guagua de la caravana se dirigía al Cibao, específicamente a Salcedo, donde hicieron la última parada con todos los pasajeros roncos y borrachos. El hermano de Marcia se apeó de la guagua y empezó a caminar, buscando su casa, perdido en un pueblo donde nunca había estado antes. Cuando la gente (gente que no había visto nunca) le preguntaba de dónde era, él decía que de Los Cocuyos. Por supuesto, nadie por esos lares tenía la menor idea de donde estaba ubicado ese paraje de San Cristobal. O dígamoslo mejor, no les importaba. Duró varios meses durmiendo a la intemperie y trabajando con gente que abusaban de él y que terminaban engañándolo y golpeándolo. Una noche en un colmado, dos jugadores de dominó lo acusaron de haberse robado un radio de un Daihatsu. La policía lo fue a buscar y se lo llevó preso. Duró en la cárcel ocho meses hasta que lo soltaron porque un fiscal había extraviado el expediente. Deambuló por el pueblo, mendigando comida y refugio, entrando al azar a un templo evangélico donde un pastor lo convidó para que se fuera a vivir con él. Una tarde, el pastor lo llevó a un taller de mecánica y habló con el dueño, pidiéndole que por favor pusiera a trabajar al hermano de Marcia. Este lo puso a trabajar reparando y pintando estufas, neveras y freezers. El pastor evangélico cobraba el dinero del hermano de Marcia, ofreciéndole a cambio comida, alojamiento en un inmundo cuchitril y la promesa de que se iba a casar con su hija que vivía en Nueva York. En esa dinámica de explotación transcurrieron cinco años, hasta que la vecina de la mamá de Marcia pasó en la guagua frente al taller y ocurrió lo que conté arriba.

2
No sé por qué y no sé si viene al caso, pero me acuerdo ahora del hombre que nadie quería ver fuera fuera de la jaula. Me explico. Hace tres años, andaba por el Cibao profundo supervisando un grupo de encuestadores. En una ocasión, le pedí a un muchacho de los alrededores que me ayudara a inspeccionar el área. Nos metimos por un conuco y pasamos una que otra casa de madera hasta que divisamos detrás de un potrero, un hombre barbudo, pajonudo y semidesnudo que se hallaba metido en una jaula. A medida que nos acercábamos, el hombre aguzaba la mirada y se ponía a gritar y a sacudir los barrotes de la jaula. El muchacho me contó que el hombre se había metido en una de las casas, diciendo que esa casa era suya y que se había abalanzado hacia la cama de una doña de sesenta años que estaba convaleciente y que había estado a punto de violarla. Los vecinos lo llevaron en una camioneta al destacamento que estaba en el cruce del pueblo, pero los polícias lo dejaron escapar y el hombre volvió a la casa que decía que era suya y empezó a tirarle piedras a la gente. Los vecinos lo detuvieron y lo llevaron a un hospital, pero el hombre se volvió a escapar y volvió de noche a la casa, se subió en un árbol y le empezó a tirar piedras a la gente de la casa y a los que vivían cerca. Cuando los vecinos se dieron cuenta de que estaba encaramado arriba, dos de estos se subieron a apearlo y a amarrarlo con unos alambres al árbol. Después de que los vecinos se reunieran y deliberaran, se decidió encerrar al hombre en una jaula y en que fuera dejado ahí hasta que se sanara o se pudriera. El hombre desde entonces espera detrás de los barrotes. Si te acercas a diez metros de la jaula o a una menor distancia, es capaz de arrojarte un gargajo a la cara. Es infalible.

lunes 4 de diciembre de 2006

La aspiradora de Frank O'Hara







Tengo días releyendo la poesía de Frank O' Hara, mi tocayo, que leí por primera vez en Chicago, en la edición de Lunch Poems de City light, que acabé adquiriendo y leyendo impulsivamente. Posteriormente, saqué de la biblioteca la poesía completa, el volumen que en 1971 fue galardonado con el National Book Award y que leí casi entero en un restaurante mientras esperaba por una muchacha que nunca apareció.

En un artículo de la revista Yugen, Frank O'Hara escribió el manifiesto de su movimiento, del cual fue único miembro y que se denominaba Personalismo. Entre otras cosas, criticaba los aspectos filosóficos que se incluían en los poemas de la época y clamaba por una poesía realizada a partir de experiencias triviales y cotidianas. Criticaba la música y la sonoridad de los poemas tradicionales de Vachel Lindsay y aprovechaba para explicar que lo que le gustaba era el cine y que sólo tres poetas gringos eran superiores al cine. Estos eran Williams, Whitman y Crane, si no me equivoco. También escribió un poema a James Dean con el que puso de moda los poemas a las actrices y actores gringos, moda en que varios poetas latinoamericanos y gringos incursionarían.

Pero bueno, en los Lunch Poems, además del Nueva York de finales de los cincuentas y principios de los sesenta, está un desenfado propio de la época, un spleen, una frivolidad a lo Andy Warhol y los statements del tipo más simpático de Nueva York, empleado del MOMA, amante de los trabajos de Pollock ( fue el primero que escribió un libro sobre él, y además, tiene un montón de monografías sobre artistas que hoy son considerados clásicos y que en esa época eran considerados bebedores o farsantes) y homosexual por excelencia.

Me encanta la manera en que fluyen sus poemas; la ausencia de virtuosismo y la ausencia de aquello que es considerado tradicionalmente poético. La poesía de Frank O' Hara logra ser más pura a medida que no trata de ser poesía, o de que no trata de ser poema. Los poemas pueden ser como uno de esos ingeniosos monólogos de Truman Capote en sus fiestas brooklinianas o un recuento del paseo del poeta por la quinta avenida rumbo a la cafetería donde almuerza. Sus poemas son como una aspiradora gigante que va limpiando el poema de pretensiones, virtuosismos, filosofía, apotegmas, retórica y sentimentalismo barato tan común en su época y en esta y en cualquiera.

No sé si se han hecho traducciones de los poemas de Frank O' Hara al español. El otro día intenté traducir sus poemas, pero no logré que fluyeran tanto como en el original y me quedé con algo tan insípido, que renuncié y me puse a leer una y otra vez los originales. Espero tener suerte para la próxima.

domingo 3 de diciembre de 2006

Roger Ballen


Dec 3, 2006 2:44 PM
Mister Roger,
My name is Frank Báez, I'm a poet from the Dominican Republic. I'm not a member of any confederation. I am letting you know that I Borrow from your web site
http://www.rogerballen.com/ one image and posted it in my blog http://frankinvita.blogspot.com/
I'm still very impress of the cumulus and tonic of your photos. I have this image about a guy (probably you?) having a cigarette on his bed with a box around his head looking up.
Best Regards.
Frank Báez
Dec 3, 2006 3:57 PM
Dear Frank,
I am pleased that you have decided to use one of my photographs in your Blog. It is of a person I have known for sometime.
Best from Johannesburg,
Roger Ballen