lunes 21 de enero de 2008
miércoles 19 de septiembre de 2007
Sergio González Rodríguez como personaje de Javier Marías y Roberto Bolaño
Sergio González Rodríguez se pasea, como si se tratara de un parque o de una playa, por dos de las novelas en lengua española capitales de los últimos diez años. Me refiero a 2666 de Roberto Bolaño y Negra espalda del tiempo de Javier Marías. En 2666 Sergio González Rodríguez es el personaje del periodista Sergio González Rodríguez y en Negra espalda del tiempo funciona como corresponsal de Javier Marías en la resolución de la extraña muerte de Wilfrid Ewart que murió después de que una bala atravesara su ojo derecho.
Como se me ha hecho difícil conseguir en las librerías su libro Huesos en el Desierto, basado en lo asesinatos de mujeres en Ciudad Juarez, he buscado en google y leído una serie de entrevistas y artículos acerca de este escritor que ya ha sido inmortalizado en la literatura.
Sobre el libro se ha escrito lo siguiente: Huesos en el desierto: crónica, reportaje y ensayo de historia cultural al mismo tiempo configura un dramático archivo de relatos que presenta las claves para comprender y resolver a fondo estos homicidios, así como conjeturar la geografía del mal supremo, aquel que puede entreverse desde la perspectiva de Dürrenmatt: «Nuestra razón sólo ilumina el mundo de un modo insuficiente. En la zona crepuscular de sus límites tiene lugar toda paradoja».
En una entrevista que le hace Roberto García Bonilla dice: En la psicopatía de los asesinos parece haber un elemento adicional que le otorga un grado de alevosía mayor a sus crímenes: cierto rencor social que se ensaña con víctimas pobres. El poder del narcotráfico en México, así como sus nexos con empresarios y políticos resulta algo inobjetable, tanto como el hecho de que el narcotráfico implica una estructura patriarcal, jerárquica, iniciática, caciquil, que depende del secreto, de la sangre y del sacrificio en su cruzada contra el orden establecido. La violencia extrema, es decir, la violencia de género en este caso, es uno de sus mecanismos activos, aunada a la mediación de creencias irracionalistas, como la narcobrujería, el narcosatanismo, o la fe en la Santa Muerte.
Y en esta de Osvaldo Espino responde: Roberto Bolaño escribía su novela 2666 cuando supo, a través de Jorge Herralde y Juan Villoro, que yo preparaba una pesquisa documental sobre el femicidio en Ciudad Juárez, y se puso en contacto conmigo por correo electrónico. Quería intercambiar puntos de vista sobre el tema. De pronto, me solicitaba información muy exacta sobre, por ejemplo, las armas que usaban los narcotraficantes, o bien, algunos detalles judiciales de tipo forense. Creamos una secta de dos en la que intercambiábamos datos e ideas sobre los asesinatos, o los probables asesinos. En el otoño de 2002 pude visitarle en su casa de Blanes, ya había leído Huesos en el desierto y me comunicó que yo aparecía como personaje en su próxima novela, lo que me sorprendió bastante. Fue muy generoso al reseñar mi libro, y nunca me imaginé que su vida estaba tan cerca de terminar. Meses después leí 2666 y me impresionó su magistral trama, su minuciosa reconstrucción del infierno juarense, que por razones literarias ubica en un poblado llamado Santa Teresa. Escribir aquello debió ser un ejercicio extremo para él. La trascendencia vasta de esta novela será reconocida en el futuro.
Y de repente me encuentro con una reseña que Sergio González Rodríguez realizó de Los Detectives Salvajes de Bolaño en que juzga la novela de una manera injusta, según me parece, al poco tiempo de estar haber ganado uno de sus galardones. En la segunda parte de Los Detectives Salvajes, aquella de los monólogos que se repiten uno detrás de otro, pudiéramos incluir al personaje Sergio González, que de alguna manera también se convierte en un personaje de este libro.
Noche y Día / Los detectives salvajes
Por Sergio González Rodríguez
REFORMA
(16 Enero 1999).-Todavia hasta principios de los años 80, todo mundo en el medio literario tenía una anécdota qué referir -casi siempre más próxima a la indiferencia que al escándalo- sobre un grupo de escritores -o aspirantes a escritores, a decir de muchos- que se hacían llamar los infrarrealistas. El último de sus mohicanos -Mario Santiago Papasquiaro- murió meses atrás atropellado por un automóvil en una avenida capitalina: destino fiel y al mismo tiempo aciago para quienes transcurrieron su vida en el país de la calle, los cuartos de azoteas, las cantinas, la bohemia y las cafeterías obsolescentes.Fueron devorados uno tras otro por una ciudad que crecía ajena a sus presunciones de tardío vanguardismo: el anhelo de llevar la revuelta poética a la vida cotidiana. Tal militancia en las ilusiones perdidas los llevó a oponerse al establishment de nuestra vida literaria. Solían llegar a tertulias de escritores prestigiados en sitios públicos o privados y colarse para representar algún performance, o sabotear a gritos desde el sillerío de los espectadores alguna lectura o acto literario. Una vez lo hicieron con Octavio Paz y éste se les puso al brinco. Otra vez Carlos Chimal debió enfrentarlos con una pluma de escribir en la mano, y luego se quejaron de que los había intimidado con un cuchillo -en el delirio toxicómano, es comprensible, las cosas se vuelven proteicas.
Esas y otras historias estarían condenadas a persistir sólo como tema insólito de charla o memoria afectiva entre quienes convivieron con los infrarrealistas, de no ser porque ahora ha llegado a México la obra que ganó el Premio Herralde de Novela 1998, Los detectives salvajes, del chileno Roberto Bolaño, que está dedicada a rendir un anti-homenaje a ese grupo y usar su caso para elaborar un retrato de humor feroz sobre las andanzas reales y ficticias de uno de los últimos resabios vanguardistas en América Latina.
El Premio a Los detectives salvajes se explica en parte por el gusto actual en España por los relatos de costumbrismo retro o rescate de la memoria extraviada. O por la tendencia a la sobrepaginación de los libros y el éxito comercial del pintoresquismo localista y divertido. Roberto Bolaño registra de primera mano la vida literaria de la Ciudad de México de los años 70 a partir de las andanzas de un grupo denominado los real visceralistas, que giran en torno de dos personajes: Ulises Lima y Arturo Belano, a su vez inmersos en una pesquisa seudodetectivesca acerca de una ignota poeta, Cesárea Tinajero.
Alrededor de éstos, se urde una red de personas, voces, relatos abigarrados que sirven para que el narrador despliegue sus mejores aptitudes: la exactitud en lo cómico o absurdo; la ironía ante la estupidez, la ignorancia y las pretensiones fallidas; el sarcasmo que devela el juego de cortesanías, jerarquizaciones y rigideces de la sociedad literaria mexicana. Asimismo, la novela es un registro alucinante del habla y las pláticas de cantina de 20 años atrás.
Así retrata Roberto Bolaño a un típico real visceralista: “Ernesto San Epifanio dijo que existía literatura heterosexual, homosexual y bisexual. Las novelas, generalmente, eran heterosexuales, la poesía, en cambio, era absolutamente homosexual, los cuentos, deduzco, eran bisexuales, aunque esto no lo dijo. Dentro del inmenso océano de la poesía distinguía varias corrientes: maricones, maricas, mariquitas, locas, bujarrones, mariposas, ninfos y filenos. Las dos corrientes mayores, sin embargo, eran la de los maricones y la de los maricas. Walt Whitman, por ejemplo, era un poeta maricón. Pablo Neruda, un poeta marica. William Blake era maricón, sin asomo de duda, y Octavio Paz marica”.
Los detectives salvajes está narrada a partir de dos perspectivas: la del diario de Juan García Madero, un poeta adolescente que se incorpora al grupo cuando éste ya se ha vuelto legendario en los bajos fondos de la literatura capitalina; y la de decenas de protagonistas laterales que entrecruzan sus historias para documentar la existencia del grupo y sus líderes, Lima y Belano. Por lo tanto, las voces transitan por la Ciudad de México, Santiago de Chile, Madrid, Barcelona, París, etcétera.
Roberto Bolaño conoce bien la literatura mexicana, y aparte de emplear los nombres de Octavio Paz, Carlos Fuentes, José Emilio Pacheco y muchos otros en momentos humorísticos o como pretexto de burla, su novela expresa una curiosa mezcolanza ya no sólo de José Agustín y Gustavo Sáinz -desenfado adolescente, lenguaje coloquial, hallazgo de la sexualidad, avidez de la lectura…-, sino de, por si aquellos fueran insuficientes, Carlos Monsiváis, figura circular en sus páginas.
Mediante los recursos de la parodia y el pastiche -ni modo: lo postmoderno se impone aún-, el narrador moldea el no-suspenso de la novela, porque ésta se funda en la falsa intriga hacia un desenlace condenado de antemano al fracaso. Como si se quisiera perseguir el camino, no el destino. Y el camino de Los detectives salvajes se construye con un avasallador acopio de ingenio y reiteraciones que terminan por desbalancear la novela, y la llevan al tránsito del entusiasmo al sopor que nace ante la verborrea ajena. Lo bueno -o lo malo- está en que sólo permanece en el lector el brillo de párrafos, episodios, ocurrencias magníficas. De hecho, la primera parte, “Mexicanos perdidos en México (1975)”, vale toda la novela. Ni modo: esto se llama muerte por desmesura.
miércoles 15 de agosto de 2007
¿Charles Simic laureado?
Fotografía de Richard Drew/APdomingo 12 de agosto de 2007
Mis Videos Favoritos: William S. Burroughs compra un loro
miércoles 18 de julio de 2007
Anne Sexton (1)

miércoles 23 de mayo de 2007
Taipei (4) Gao Xingjian
sábado 31 de marzo de 2007
jueves 8 de marzo de 2007
domingo 4 de febrero de 2007
Lana Turner has Collapsed de Frank O' Hara
Lana Turner has collapsed!
I was trotting along and suddenly
it started raining and snowing
and you said it was hailing
but hailing hits you on the head
hard so it was really snowing and
raining and I was in such a hurry
to meet you but the traffic
was acting exactly like the sky
and suddenly I see a headline
LANA TURNER HAS COLLAPSED!
there is no snow in Hollywood
there is no rain in California
I have been to lots of parties
and acted perfectly disgraceful
but I never actually collapsed
oh Lana Turner we love you get up
Frank O' Hara
miércoles 24 de enero de 2007
El mundo no se acaba de Charles Simic

Desde hace unos días he estado leyendo los poemas de Charles Simic. Especificamente los poemas en prosa de The World Doesn't End: Prose Poems (1990), un libro ya clásico de la poesía norteamericana y que sigue siendo descalificado por cierta crítica norteamericana que todavía no se traga que se escriban los poemas en prosa. En latinoamerica, gracias a Dios, nunca hemos desdeñado de esa manera los poemas en prosa. Tan sólo hay que recordar los poemas en prosa de Dario, de Vallejo, de Pizarnik y de Octavio Paz. Todos clásicos del género. La ausencia de universidades en latinoamérica que se interesen por la literatura, así como la inexistencia de talleres de escritura creativa, nos aseguran esa libertad y ese triunfo.
El caso de Charles Simic es bien interesante. Charles Simic nacido en Yugoslavia y criado en Chicago desarrolla una poesía que se aleja en cierta medida de Frost, Whitman y Pound, aunque más bien, si se observa con claridad, su obra de quien se aleja es de los imitadores y los plagiarios de los grandes poetas gringos. Aceptemos que hay algo de la melancolía y el laconismo de Dickinson, un destello de William Carlos Williams, pero sobre todo la imaginería de Vasko Popa, de los surrealistas y de los bebedores de cerveza de europa del este. Cuando un periodista le pregunta qué piensa de las salvajes críticas que le han hecho ciertos individuos a su obra, Charles Simic responde que él escribe sus poemas para contradecir la idea que tienen esos individuos de lo que es la poesía.
Los poemas en prosa de The World Doesn't End son oscuros y están llenos de pasadisos secretos que llevan a Nietzsche, a Rimbaud, a Holderlin, a azoteas de Chicago y por supuesto a la extinta Unión Soviética. Un crítico español cataloga el libro de simbolista. Aunque no entiendo ese término, ya que a mi parecer toda la poesía y todas las cosas de la vida son símbolos. Como proponía Alejandra Pizarnik, se trata de escribir un poema como si fuese un cuadro, como si pudiéramos colgarlo de la pared y las palabras se transformaran en líneas y trazos que dibujaran el paisaje de una maravillosa y nociva pesadilla. Aunque en el caso de Charles Simic se trata más bien de una radiografía que uno pega en la pared para entender donde fue que se jodió el siglo pasado.
Experimento
Ahora voy a hacer un ligero experimento con un poema del libro The World Doesn't End. Tomemos por ejemplo este poema elegido al azar por mí y que he traducido de un tirón, y llamemos un compañero de la oficina para que lo lea y emita su opinión.
La época de los poetas menores se acerca. Adiós Whitman, Dickinson, Frost. Bienvenido tú cuya fama nunca pasará más allá de tus familiares cercanos, y quizás uno o dos amigos reunidos después de cenar ante una botella de vino tinto... mientras los niños se van durmiendo y quejándose del ruido que estás haciendo mientras hurgas en el closet por tus viejos poemas, temeroso de que tu esposa los haya tirado después de hacer su última limpieza de primavera.
Está nevando, dice alguien quien ha visto hacia la noche oscura, y luego él, también, te mira mientras te vas preparando para leer de una forma algo teatral y con la cara enrojecida, un poema de amor extenso e incoherente cuya última estrofa (desconocida para tí) lamentablemente se ha estraviado.
--A la manera de Aleksandar Ristovic'
Dario, que trabaja en el departamento de informática, es el voluntario. Acaba de leer el poema y me ha preguntado si eso es un poema. Le digo que sí. Lo lee de nuevo. Me dice que se siente como cuando hacen una broma que no alcanzas a oír y todo el mundo ríe y uno por inercia ríe también. Vuelve a leer el poema y termina riéndose. Me dice que se tiene que ir, que tiene trabajo y que no puede perder el tiempo con esas cosas.
lunes 22 de enero de 2007
Un robot declamando sonetos

Hace años, Hans Magnus Enzensberger, presentó en el festival Lírica en el río Lech, un programa informático capaz de producir poemas en aproximadamente treinta segundos. El programa bautizado "Poesie- Automat”, en abierta burla al proceso de escritura de los surrealistas, no ha atraído muchos adeptos desde que fue presentado, quizás porque para estos poemas ya no son necesarios los adeptos. Con esto quiero decir que los poetas serán robots o no serán, lo que no es nada nuevo, puesto que en los manifiestos dadaístas se refieren ya a estos procesos futuristas.
Pero expliquemos la valiosa función del “Poesie- Automat”. Te compras el programa y si la computadora redacta mejores poemas que los tuyos, tienes tres opciones: plagias a la máquina, vuelves a escribir los poemas hasta que te salgan mejores o dejas de escribir poesía y te vuelves fan de una computadora.
En estos días, los poetas robots proliferan por todas partes y no es extraño toparse con uno leyendo sus poemas en bibliotecas o en ferias de libros. Tenemos poetas robots en Miami, en Tokio, en Buenos Aires. Tenemos a PaCo, creado por el escultor Carlos Copa en colaboración con Ana María García-Serrano, cual prototipo del poeta borracho y bohemio. PaCo es un robot construido sobre una silla de ruedas y que vagabundea por las calles, mendingando y regalando poemas que imprime y declama a los peatones.
El sábado, dentro de los experimentos de Red Rover Shoes en Chicago, Jon Trowbridge, un ingeniero de sistemas de Google y el escritor Eric Elshtain, presentarán el software Gnoetry0.2, que compone poemas que la computadora va leyendo a medida que se van gestando. Las sesiones de Red Rover Shoes son bien populares y tienden a estar repletas, por lo que me imagino a muchos poetas e intelectuales rodeando el escenario, escuchando a una computadora declamar sus propios poemas, como si se tratara de un poeta académico en saco y con lentes y que tose de tanto en tanto.
Para finalizar, les recuerdo que hay una página en la Web donde un software le ayuda a los poetas a escribir sus poemas. Les recomiendo a los poetas dominicanos que entren a la siguiente dirección y que permitan que los robots le den la mano en la composición de sus poemas. http://www.gpeters.com/auto/autotype.php
domingo 14 de enero de 2007
García Márquez 2 - Vargas Llosa 0
Para la Feria del Libro de Sevilla, García Márquez cobró treinta mil euros por su presencia. Los rumores no comentan cuánto se le va a pagar por su asistencia en la Feria del Libro de Santo Domingo. Sin embargo, esa misteriosa actitud de García Márquez, me hace deducir que el García Márquez que será vitoreado y fotografiado no va a ser el autor de Cien años de Soledad, sino un doble. Piénsese un poco. Gabriel García Márquez tiene todo el dinero del mundo para hacerlo y le sirve de garantía para evitar agresiones de ex canditados presidenciales del Perú. Tan sólo tiene que buscar a alguien que se asemeje a él, prestarle una chacabana y mandarlo a todos los eventos literarios del planeta mientras él se queda en su casa leyendo y escribiendo.
Según me cuentan, García Márquez vino a la República Dominicana a principios de los ochenta o a finales de los setenta, al cumpleaños del profesor Juan Bosch. García Marquez vino en un jet privado a la medianoche y estuvo en Santo Domingo y en la Vega. En esa ocasión, no dio conferencias ni charlas ni lecturas, aunque cuentan que departió con el profesor Juan Bosch y los otros invitados, entre ellos, el poeta cubano Nicolas Guillén que estaba ya entrado en edad y que leyó un poema con su voz temblorosa. (Analicen lo anterior. Se trata de un doble.)
En cambio, Vargas Llosa no necesita dobles. Su presencia en Santo Domingo es constante, estimulante y rica. Vargas Llosa presentó su libro La Fiesta del Chivo a casa llena en el Hotel Jaragua y el evento fue trasmitido en vivo y directo por el canal cuatro. Vargas Llosa ha ofrecido declaraciones, asistió dos veces a ver su obra La Chunga interpretada por un grupo teatral joven en Casa de Teatro, a actos benéficos y a alfombras rojas. Además, un montón de fans lo abordaban cuando éste se encontraba en el Archivo de la Nación recopilando información para su Fiesta del Chivo, o cuando temprano en la mañana iba a hacer jogging al mirador. Vargas Llosa no arriba a Santo Domingo en jet privado sino en vuelos normales, supongo que en primera clase, junto a su hija o su mujer Patricia. Luis Llosa, su primo, lo recibe en el país. Este se ha afincado en la Romana y por lo que he leído, después de la poca acogida de su pobre versión cinematográfica de la Fiesta del Chivo, se encuentra filmando una telenovela con nada más y nada menos que José Luis Rodriguez "el Puma". A Luis Llosa se le ve todas las semanas en las fotos de sociales de los periódicos dominicanos. Lo vemos recibiendo premios. Lo vemos como jurado de certámenes. Lo vemos al lado de Andy García, de los toleteros de turno y de uno que otro político estafador. Lo vemos en torneos de golf y estrechándole la mano al presidente de la República.
La coyuntura de Luis Llosa en el país, puede hacer posible, que para éste año, Mario Vargas Llosa traiga para la sala Principal del Teatro Nacional la obra de teatro "La verdad de las Mentiras", en la que participa como actor y que actualmente se encuentra presentando en varios países de lationamérica. Puede que incluso, Vargas Llosa y García Márquez, coincidan en el país. Lo que sin duda haría que García Márquez decida de una vez por todas mandar su doble o a un prototipo Gabo 2, diseñado especialmente por los japoneses que lo admiran mucho, para la Feria del Libro de Santo Domingo. Veamos qué pasa.
domingo 7 de enero de 2007
Philip Seymour Hoffman se toma un café con Julian Barnes

lunes 25 de diciembre de 2006
viernes 15 de diciembre de 2006
Patti Smith da una fiesta

jueves 14 de diciembre de 2006
viernes 8 de diciembre de 2006
El hombre que nadie quería ver fuera de la jaula
Llevo días pensando en el caso del hermano de Marcia quien después de diez años de estar desaparecido y de que todo el mundo lo diera por muerto, apareció en un campo de Salcedo limpiando estufas. El hermano de Marcia desapareció cuando tenía quince años y desde entonces la familia se había dedicado a buscarlo entre los cadáveres de las morgues, en hospitales y en asilos. Hace una semana, una vecina que retornaba a San Cristobal en una guagua, le voceó al chofer que se detuviera, ya que había divisado al lado de la carretera, un hombre idéntico al hermano de Marcia. Se apeó de la guagua y caminó hacia donde estaba el hombre desaliñado y con cara de lunático, que brillaba con un estropajo una estufa y de vez en cuando se limpiaba el sudor con una mano. Se quedó mirándolo sin que él se percatara de su presencia. Después de diez años, había envejecido un poco y se encontraba cojo y con una malformación en una pierna, pero era la misma cara y las mismas orejas y los mismos ojos. La vecina se dio la vuelta, se subió a la guagua y cuando llegó a San Cristobal, fue directamente a la casa de la hermana de Marcia y le contó que había encontrado a su hermano desaparecido hacía diez años. Al día siguiente, ambas fueron a Salcedo y encontraron al muchacho de ya veinticinco años, en el mismo sitio, lavando y pintando estufas, neveras y freezers. Se lo llevaron de vuelta a San Cristobal a la casa de la mamá que lo recibió con lágrimas en los ojos.
El hermano de Marcia contó lo que le había ocurrido durante esos diez años en cinco minutos. Como si en vez de diez años hubiera desaparecido por diez días o por diez horas. A los quince años, durante el periodo de campaña electoral del noventa y seis, se había montado en una guagua de caravana del PLD en vez de la guagua que iba en dirección al paraje Los Cocuyos de San Cristobal. La guagua de la caravana se dirigía al Cibao, específicamente a Salcedo, donde hicieron la última parada con todos los pasajeros roncos y borrachos. El hermano de Marcia se apeó de la guagua y empezó a caminar, buscando su casa, perdido en un pueblo donde nunca había estado antes. Cuando la gente (gente que no había visto nunca) le preguntaba de dónde era, él decía que de Los Cocuyos. Por supuesto, nadie por esos lares tenía la menor idea de donde estaba ubicado ese paraje de San Cristobal. O dígamoslo mejor, no les importaba. Duró varios meses durmiendo a la intemperie y trabajando con gente que abusaban de él y que terminaban engañándolo y golpeándolo. Una noche en un colmado, dos jugadores de dominó lo acusaron de haberse robado un radio de un Daihatsu. La policía lo fue a buscar y se lo llevó preso. Duró en la cárcel ocho meses hasta que lo soltaron porque un fiscal había extraviado el expediente. Deambuló por el pueblo, mendigando comida y refugio, entrando al azar a un templo evangélico donde un pastor lo convidó para que se fuera a vivir con él. Una tarde, el pastor lo llevó a un taller de mecánica y habló con el dueño, pidiéndole que por favor pusiera a trabajar al hermano de Marcia. Este lo puso a trabajar reparando y pintando estufas, neveras y freezers. El pastor evangélico cobraba el dinero del hermano de Marcia, ofreciéndole a cambio comida, alojamiento en un inmundo cuchitril y la promesa de que se iba a casar con su hija que vivía en Nueva York. En esa dinámica de explotación transcurrieron cinco años, hasta que la vecina de la mamá de Marcia pasó en la guagua frente al taller y ocurrió lo que conté arriba.
2
No sé por qué y no sé si viene al caso, pero me acuerdo ahora del hombre que nadie quería ver fuera fuera de la jaula. Me explico. Hace tres años, andaba por el Cibao profundo supervisando un grupo de encuestadores. En una ocasión, le pedí a un muchacho de los alrededores que me ayudara a inspeccionar el área. Nos metimos por un conuco y pasamos una que otra casa de madera hasta que divisamos detrás de un potrero, un hombre barbudo, pajonudo y semidesnudo que se hallaba metido en una jaula. A medida que nos acercábamos, el hombre aguzaba la mirada y se ponía a gritar y a sacudir los barrotes de la jaula. El muchacho me contó que el hombre se había metido en una de las casas, diciendo que esa casa era suya y que se había abalanzado hacia la cama de una doña de sesenta años que estaba convaleciente y que había estado a punto de violarla. Los vecinos lo llevaron en una camioneta al destacamento que estaba en el cruce del pueblo, pero los polícias lo dejaron escapar y el hombre volvió a la casa que decía que era suya y empezó a tirarle piedras a la gente. Los vecinos lo detuvieron y lo llevaron a un hospital, pero el hombre se volvió a escapar y volvió de noche a la casa, se subió en un árbol y le empezó a tirar piedras a la gente de la casa y a los que vivían cerca. Cuando los vecinos se dieron cuenta de que estaba encaramado arriba, dos de estos se subieron a apearlo y a amarrarlo con unos alambres al árbol. Después de que los vecinos se reunieran y deliberaran, se decidió encerrar al hombre en una jaula y en que fuera dejado ahí hasta que se sanara o se pudriera. El hombre desde entonces espera detrás de los barrotes. Si te acercas a diez metros de la jaula o a una menor distancia, es capaz de arrojarte un gargajo a la cara. Es infalible.
lunes 4 de diciembre de 2006
La aspiradora de Frank O'Hara

domingo 3 de diciembre de 2006
Roger Ballen

Mister Roger,
My name is Frank Báez, I'm a poet from the Dominican Republic. I'm not a member of any confederation. I am letting you know that I Borrow from your web site http://www.rogerballen.com/ one image and posted it in my blog http://frankinvita.blogspot.com/
I'm still very impress of the cumulus and tonic of your photos. I have this image about a guy (probably you?) having a cigarette on his bed with a box around his head looking up.
I am pleased that you have decided to use one of my photographs in your Blog. It is of a person I have known for sometime.
Best from Johannesburg,
Roger Ballen


