
Comprar en lÃnea en la librerÃa de la universidad de Costa Rica
Por Felipe Granados.
Recuerdo que de mi viaje por algunos paÃses de la geografÃa latino americana, saqué muy pocas cosas en limpio. En mi haber cuento que la gente de las calles no se parece en nada a la de las Vallas publicitarias, esa gente que llamarÃamos de éxito, esa gente que sonrÃe a la cámara muerta con una risa Ãdem, gente que me invita a comprar de todo, desde un carro hasta viagra, gente que parece no haber tenido nunca que esperar más de un minuto por un médico, gente bien.
Esa Gente que no soy yo.
Afuera en la acera, un piedrero, una señora de vida clandestina, un perro que duerme bajo el sol terrible del medio dÃa salvadoreño, gente con menos dientes que los modelos de la tele, gente con un trabajo pobre o sin él, gente de autobús y seguridad social, gente como nosotros, soñando, en vano, que si sueñan fuerte el sueño se cumple.
¿Qué tienen estas postales que se alejan del color local?
¿Por qué no vemos fotos de chiquillos sonrientes alimentando a las palomas de la plaza?
¿Es que hay una sola postal aquà con atardecer de playa y pareja de la mano, en fatal cliché romántico de balada sesentera?
Ni una sola de las fotos muestra rostros felices, pienso en Anne Sexton muriendo en la atmósfera enrarecida de una cochera, pienso en la rubia que escribÃa sobre los espejos de los moteles, pienso en esa tÃa que despertó a su muerte en una tumba ajena, pienso en Frank Báez haciendo este inventario cargado de sentido.
Pienso en lo que significa el miedo.
Pienso que últimamente hasta me duele la alegrÃa, o me da vergüenza sentirme feliz, cuando alguien sufre, llora, desespera y huye de todos los ojos, pero sobre todo de los mÃos. ¿Qué hago? ¿Escribir poemas desgarradores que no resuelven nada? ¿Qué hago, Frank? ¿Le recito al viento de mi barrio frases que no le dicen nada a nadie? ¿Hago la casa?, es decir, ¿hago el poema para que habite este fantasma que construimos juntos?
Bien dice un verso que todo aquello que no es útero es intemperie, Frank, yo lo aprendà mientras caminaba sobre la calle Guerrero en la noche ajena de Tijuana. Noche en que se extraña a una mujer con nombre y apellido.
Intemperie es todo lo que no arrulla.
Hay otros, como estas Postales, con los que solo se puede hacer un reverencial silencio, un silencio solidario, un silencio del que mira a un amigo llorar o morirse.
Postales que se envÃan desde la patria siempre triste del que está solo.
Felipe Granados
San José, Costa Rica.
Mayo - 2008
No llegamos a conocer el nombre del Narrador. ¿Qué sabemos? Que conoce a un tal don Aspasio Guzmán en
El narrador como Asesino
La cuestión es que no está claro quien lo mata. Se habla de un jipato de Moca o de un vengador. De alguien que lo mató y que no quiere dar la cara. Se trata de un asesino sin rostro. Es en este punto que empiezo con mi hipótesis. Donde hay un asesino sin rostro, todo el mundo puede ser culpable. Puede ser incluso el narrador del cuento. Por supuesto, esto no se menciona en ninguna parte. Pero el Narrador tiene todas las posibilidades. Es decir, este llega a intimar con Quique Blanco e incluso hay un pasaje revelador que saca a la luz algo relacionado luego con el asesinato: Iba a decirle adiós ya, pero él me atajó y buscó algo en el macuto. Sacó un hierro brillante y estuvo acariciándolo. Me lo tendió.
- Llévese eso. Yo no lo he usao todavÃa – dijo.
- No, Quique; quédese con él,
Entonces alzó la cabeza e inició una sonrisa. Se quedó con el brazo encogido, el revolver en la diestra. TenÃa aspecto de niño.
- Vea – aseguró lentamente -: no sabe lo que le agradezco esa delicadeza, amigo. Este lo tenÃa yo pa mÃ.
De golpe se puso en pie, volvió a meter el arma en el macuto y me tendió la mano.
¿Es posible que el Narrador se haya aproximado a Quique Blanco mientras este dormÃa y le disparara con su propio revólver? Puede que llegue a esta conclusión, pensando en el cuento de Borges
Yo aseguro que no hay tal cosa. La verdad, la absoluta verdad de los hechos la tiene una sola persona. Soy yo. Ahora la voy a hacer pública, y desafÃo a que alguien pretenda desmentirme.
Ahora comparemos el segundo párrafo con el último del cuento que reza:
Vivo, estuvieron persiguiéndolo con rabiosa saña; muerto, se regodean sobre sus restos y mienten descaradamente. Pero yo sé la verdad, la única verdad de esta vida empujada al crimen; la única verdad de esa muerte realizada con heroica frialdad. Es esa que he dicho. DesafÃo al más osado a que me contradiga.
Todo esto nos da a entender que no importa tanto quien mató a Quique Blanco. Ya su muerte es inminente. El verdadero protagonista del cuento es el Narrador sin nombre y Quique Blanco pasa a segundo plano. Si se observa atentamente, comprendemos que el cuento ha sido estructurado de manera que funcione como una denuncia o una crÃtica social a gran escala. Mas bien dirÃa, que como una toma de consciencia. Tal como se observa en el personaje de El Narrador que después del encuentro con el asesino vilipendiado por todo el Cibao, reflexiona sobre la injusticia y el abuso de poder trujillista contra el campesinado. ¿Podemos pensar en dicho Narrador como en Juan Bosch? ¿Cómo el joven Bosch indignado ante el sistema y el abuso de los terratenientes? ¿Cómo el Bosch alumno de Hostos con ganas de transformar su entorno?
Si en algún momento El Narrador se presenta como un individualista, un interesado, un utilitarista, alcanzando a decir cosas como esta: Creo que soy cobarde, porque de otro modo hubiera reaccionado inmediatamente contra aquella asesina tranquilidad. Quizá lo hubiera hecho; pero necesitaba del hombre; de repente se llena de valor y llega a conclusiones como estas: Ahora la voy a hacer pública, y desafÃo a que alguien pretenda desmentirme; y esta: DesafÃo al más osado a que me contradiga.
Es como si el cuento tratara en sà de la redención. Al leerlo y terminarlo, uno termina llevándose las manos a la cabeza y exclamando: ¡este paÃs de la mierda nunca va a cambiar!.


Por supuesto, esto no significa mucho. Sin embargo, implica una suerte de magia en la que está envuelta el cuento. Porque
Vamos al cuento. Al parecer, la ubicación de este fue inspirado en la construcción de carreteras que se realizaban por primera vez en ciertos lugares del paÃs. Esto es una hipótesis. Sin embargo, ayuda para comprender la referencia a La carretera muerta, sobre todo al compararla con el resto del paisaje rural abocado a convertirse tarde o temprano en un paisaje urbano. O la relación carretera - mujer. O la lectura del cuento como una fabula moral a la manera de No Country for Old men de Cormac Mc´Carthy y algunos cuentos de Rulfo.
El cuento está dividido en tres secuencias.
La segunda secuencia describe las razones de por qué la mujer se encuentra tirada en medio de la carretera y el niño a su lado gritando.
No tiene sentido contar más. Al leer por primera vez




n gringo durmió en la habitación de Mick Jagger y relata que a Mick Jagger le habÃan dado una habitación arriba que estaba llena de mosquitos por lo que al rato este bajó a recepción y gritó yo soy Mick Jagger y necesito otra habitación y le buscaron la habitación que ahora se llama: La suite de Mick Jagger. Mi papá se ha hospedado dos veces en el hotel Oloffson y me dice que hay una placa donde se lee que ahà se hospedó Graham Greene y lo relativo a la escritura de su novela. En cuanto a esta, mi papá la tenÃa, pero se la habÃa prestado a alguien en los ochenta y ese alguien todavÃa no la ha devuelto. Por lo que tuve que pedir una copia a través de Amazon. Elegà una edición de los setenta, de tapas duras y en buenas condiciones. Después de varias semanas, escribieron de vuelta, explicando que se habÃan agotado las copias y que avisaban tan pronto las tuvieran.
Me entero también que hay una versión cinematográfica de la novela, protagonizada por Elizabeth Taylor y Richard Burton (quienes se divorciaron acá en el paÃs y que al respecto mi tÃa Yuli tiene una historia magistral, debido a que trabajaba entonces en el hotel Embajador donde se hospedaban ellos y donde se hospedó también Mister Smith uno de los personajes básicos de la novela.) Al enterarme, le escribo de inmediato a Jimmy HungrÃa para que me dé unos datos sobre la pelÃcula. Esta es su respuesta:
VÃrgilio DÃaz Grullón narra de una manera escueta y sobria, su participación en la Juventud Democrática, la forma en que llega a ser funcionario del Banco Central, la forma en que llega a ser Subsecretario de Estado, asà como una serie de anécdotas, de encuentros y desencuentros con Trujillo y sus hermanos y esbirros trujillistas.
Uno de los capÃtulos más interesantes de libro es el de La Noche del 26 de Octubre, donde el escritor narra la manifestación que se realizó por el Malecón en repudio al régimen trujillista. Otro que hay que destacar es La Ultima Apelación de Marrero Aristy, que cuenta cómo el gran escritor dominicano prácticamente le suplicaba a Trujillo, paseándose por los pasillos del Palacio Nacional, que por favor no lo asesinara. Pero no puedo terminar esta nota, sin agregar un pasaje, que transcribo acá por las connotaciones humorÃsticas que tiene: En los 451 dÃas - ni uno más ni uno menos - que duró mi estadÃa en el Palacio Nacional en funciones de subsecretario de la Presidencia, solÃa cruzarme ocasionalmente por los pasillos con J. Arismendi Trujillo Molina, a la sazón Fundador Presidente Tesorero de la Voz Dominicana, asiduo visitante de su hermano Héctor. En cada uno de esos encuentros Petán me saludaba con esta frase: "¿Qué dice Virgilio, el de la Nereida?" Yo le respondÃa cortézmente con alguna frase banal y seguÃa mi camino. Pero un dÃa me formuló su usual saludo en la presencia de su hermano el Presidente, en el despacho de éste, y Héctor le dijo textualmente:"No seas bruto, Petán, no es la Nereida, es la Eneida".
Antinostalgia de una Era es un libro bien escrito, extraño en la literatura dominicana y del que lamento su brevedad, de la misma manera en que no lamento la brevedad y la sÃntesis de los mejores cuentos de Virgilio DÃaz Grullón.
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Boda de Aida Bonelly y Virgilio DÃaz Grullón. Foto tomada de Hilma Contreras : una vida en imágenes 1913-1993. -- Santo Domingo : Biblioteca Nacional, 1993.70h
http://rsta.pucmm.edu.do/biblioteca/hilmacontreras/Galeria.htm
A todos los detractores de Junot DÃaz que pincharon asiduamente, durante casi diez años sus muñecos de vudú o prendieron velones para que éste nunca acabara su novela, les aviso que han fracasado. Primero, Junot DÃaz publicó su novela y anda en una gira por las principales ciudades de Estados Unidos presentando la novela como si se tratara de un popular bachatero o de un pastor evangelista o del discÃpulo más destacado de Domingo Moreno Jiménez. Segundo, la novela está buenÃsima. De verdad. Its all true, plataneros, como dirÃa el narrador de The brief wondrous life of Oscar Wao. Junot DÃaz con esta novela, finalmente, abre las ventanas y las puertas de la narrativa dominicana cerradas durante tantos años, más bien selladas, permitiendo que al fin el sol y el viento entren y dispersen todo el polvo acumulado.
Sergio González RodrÃguez se pasea, como si se tratara de un parque o de una playa, por dos de las novelas en lengua española capitales de los últimos diez años. Me refiero a 2666 de Roberto Bolaño y Negra espalda del tiempo de Javier MarÃas.