Mostrando entradas con la etiqueta Julian Barnes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Julian Barnes. Mostrar todas las entradas

lunes 10 de diciembre de 2007

¿Política?

Un grupo de viajeros naufraga, o sufre un accidente de aviación, en algún lugar, seguro que será una isla. Uno de ellos, un tipo fuerte, alto, antipático, tiene un arma de fuego. Obliga a todos los demás a vivir en unos pozos de arena cavados por ellos mismos. De vez en cuando saca a uno de sus prisioneros, le mata de un disparo, y se lo come. La carne sabe bien, y el hombre va engordando. Después de haber matado y haberse comido a su último prisionero, empieza a preocuparse porque no sabe qué va a comer a partir de ese momento; pero por fortuna llega un hidroavión y le rescata. Luego cuenta al mundo que él fue el único superviviente del desastre inicial, y que ha sobrevivido comiendo bayas, hojas y raíces. El mundo se queda maravillado ante su magnífico estado de salud, y en los escaparates de las tiendas de comida para vegetarianos colocan carteles con una foto de él. Jamás se llega a averiguar lo que hizo en la isla.

Página 119. El loro de Flaubert. Julian Barnes.

miércoles 6 de junio de 2007

Arthur & George de Julian Barnes


En 1903 el famoso escritor Arthur Conan Doyle, creador de Sherlock Homes, se reúne con el joven abogado George Edalji en el Grand Hotel de Londres. No se trata de un encuentro literario. Se trata más bien de una petición de ayuda por parte de George Edalji que recién ha salido de prisión después de cumplir una condena por ser el causante de unos extraños crimenes en el pueblecito de Great Wyrley en Staffordshire. Sin embargo, George Edalji es inocente, y ha sido acusado, injustamente, al parecer por sus origenes parsi. Arthur Conan Doyle se interesa por el caso y le asegura a George que tiene todo su apoyo. Al final del encuentro, Arthur Conan Doyle mira fijamente a George Edalji y le dice: No, I don't believe you are innocent. I know you are innocent.
No, no creo que tú eres inocente. Sé que eres inocente.
La última novela de Julian Barnes, Arthur and George, está basada en el hecho histórico que surgió a partir de ese famoso encuentro. Arthur and George se narra en gran parte a partir de las diversas etapas de la vida
de Arthur Conan Doyle y George Edalji, así como la manera en que sus vidas se enlazan y desenlazan. Mientras existen docenas de biografías y datos sobre la vida y la obra de Arthur Conan Doyle, Barnes tuvo que imaginarse prácticamente la vida de George Edalji, personaje anónimo que inmediatamente su caso pasó de moda y nuevas noticias de asesinatos y crimenes empezaron a imprimirse, desapareció para aparecer cien años después en esta excepcional novela.
En una entrevista, Julian Barnes comenta que empezó a interesarse en el caso a partir de una investigación que estaba realizando del famoso caso Dreyfus en Francia. Arthur and George se puede leer como una pieza biográfica, como una novela de época, como una novela histórica, política y como un alegato en contra de la discriminación, pero sobre todo como una novela de suspenso a lo Sherlock Holmes. ¿De qué otra manera se pudiera contar la vida de Arthur Conan Doyle? Para respaldar esta idea narrativa, la novela se divide de acuerdo a un método deductivo que popularizó el mismo Doyle: Beginning, Beginning with and ending, Ending with a Beginning and Endings.
Sin duda alguna, es el mejor libro que he leído hasta ahora de Julian Barnes. Tanto la crítica y los escritores contemporáneos consideran unanimemente que se trata de la mejor novela de Barnes hasta la fecha, y esta se ha vendido como yaniqueques, al punto de que en librerías norteamericanas y europeas la consideran el segundo gran bestseller después de Harry Potter.
El último pasaje de la novela transcurre en el Albert Hall durante una sesión de espiritismo preparada por Jean, la esposa de Arthur Conan Doyle. La sesión se prepara para invocar el fantasma de Arthur Conan Doyle muerto recientemente. Es uno de los finales más asombrosos que he leído últimamente. Recomiendo leerse las quinientas páginas y llegar ahí.

martes 8 de mayo de 2007

El viento ligero en Parma


Antes de ayer se me quedó en el asiento de un avión de American Airlines, la última novela de Julian Barnes : Arthur and George. Excelente novela. Tan sólo me faltaban cuarenta páginas para terminarla. Cuando llegué a casa y vi que la novela no estaba, casi se me salen las lágrimas. Giselle me consoló e inmediatamente la pidió por Amazon. Me dice que va a llegar en dos semanas y media junto a una novela de Edwidge Danticat.

Vaya espera. Me siento como un policía de provincia, sentado en una mecedora mirando la lluvia caer, mientras espera que le manden las evidencias de un caso de homicidio desde Scotland Yard. Sin embargo, dicha espera hace que la novela sea más enigmática, más sorpresiva, y permite que juegue con el mayor número de conjeturas e hipótesis acerca de la trama que se iba cerrando poco a poco como un abanico chino. Para no volverme loco, he decidido sentarme a leer El viento ligero en Parma del gran Enrique Vila -Matas. A Enrique Vila - Matas lo vengo leyendo desde hace varios años con mucho gusto y placer.

El viento Ligero en Parma, publicado en el 2005, es una de esas miscelaneas que tanto Pitol, Sebald o Vila - Matas ( y otros más) nos vienen acostumbrado desde las décadas finales del siglo pasado. Enrique Vila - Matas se refiere a Gombrowicz, Beckett, Tabuchi, Bioy Casares, Pessoa, Miquel Barcelo, pero al mismo tiempo habla de él. Cuando escribe sobre Lisboa, Parma, Zurich o Venezuela, se encuentra hablando de sí mismo.
Habla de su escritura. Excesivamente. Se dedica a cazar nuevos Barterblys para su libro infinito Barteblys y Cia.


Este libro me recuerda un volumen anterior titulado Las Ciudades Nerviosas. Si no me equivoco, de ese volumen, se toma un ensayo dedicado a los Detectives Salvajes titulado Bolaño en la distancia. En este Enrique Vila - Matas escribe : Los detectives Salvajes - vista así - sería una grieta que abre brechas por las que habrán de circular nuevas corrientes literarias del próximo milenio. Palabras que aparecen en todas las contraportadas de Los Detectives Salvajes de Bolaño.

De Sergio Pitol escribe al final de un ensayo: Su estilo consiste en viajar y perder países y en ellos perder siempre uno o dos anteojos, perderlos todos, perder los anteojos y perder los países, perderlo todo: no tener nada y ser extranjero siempre.

Sobre el oficio de escribir menciona lo siguiente: Lo que en estos días yo no sabía era que para ser escritor había que escribir, y además escribir como mínimo muy bien, algo para lo que hay que armarse de valor y, sobre todo, de una paciencia infinita, esa paciencia que supo describir muy bien Oscar Wilde: "Me pasé toda la mañana corrigiendo las pruebas de uno de mis poemas, y quité una coma. Por la tarde, volví a ponerla"

O sobre el oficio de publicar: Muchos escritores inéditos porque han visto rechazados sus manuscritos creen que los que publican libros viven felices lejos del rechazo. Y sin embargo no es así ni muchísimo menos, no hay un sólo escritor reconocido que no sea cosido a rechazos a lo largo de toda su carrera.

O del orden de la vida: En los días de mi más extrema juventud, en años franquistas, todo era obligatorio y debía hacerse con un gran orden. Las cosas, por ejemplo, comenzaban por el principio y acababan por el final. Por eso fueron una gran sorpresa para mí, y no lo he olvidado nunca, unas declaraciones de Jean - Luc Godard en las que decía que le gustaba entrar en las salas de cines sin saber a qué hora había empezado la película, entrando al azar en cualquier secuencia, y también le gustaba marcharse antes de que la película hubiera terminado.

Recomiendo El viento Ligero en Parma a los que adoran los libros, viajar, observar, vivir y sufrir de spleen. Los dejo con una portentosa entrevista que hace un tiempo mi amigo Javier Moreno le hizo a Enrique Vila - Matas: Entrevista con el Vampiro. Sie sie sie.

domingo 7 de enero de 2007

Philip Seymour Hoffman se toma un café con Julian Barnes


El sábado pasamos por un Mr Movies y alquilamos la película Love Liza. La alquilamos porque ahora mismo mi actor favorito es Philip Seymour Hoffman. Porque veo cualquier película en que aparezca Philip Seymour Hoffman. Me gustaría ser vecino de Philip Seymour Hoffman y subir de vez en cuando a su apartamento y contarle cientos de chistes para escucharlo reír. Me encanta la risa de Philip Seymour Hoffman y me gusta el eco que deja. Sobre todo cuando se ríe en Love Liza. Sobre todo en esa escena de Love Liza en que empieza a reírse en un salón, a medida que sus compañeros de trabajo lo van dejando solo. En Love Liza, Philip Seymour Hoffman es Wilson Joel, un diseñador de páginas webs, que queda totalmente trastornado cuando su esposa se suicida. No sabemos nunca cómo se suicida. Aunque un amigo le grita a un grupo de pilotos de barcos de juguete, que Liza se voló la tapa de los sesos. El personaje de Philip Seymour Hoffman de tanto sufrir, se hace adicto a la gasolina. Escena tras escena, lo vemos dirigirse a la bomba de gasolina más cercana, llenar un galón y llevárselo a la casa donde moja un paño con gasolina y lo huele hasta quedar aturdido.

La trama de esta película funcionaría de maravilla como trama de uno de los cuentos del libro La mesa limón de Julian Barnes. Lo digo porque hace unos días estaba leyendo los cuentos de dicho libro, cuentos, que al igual que Love Liza, te dan ganas de oler gasolina en la sala de tu casa o llorar cuando debieras reír y reír cuando debieras llorar. Resultaría fabuloso que alguien se dispusiera a hacer una adaptación al cine de los cuentos de La Mesa Limón y que Philip Seymour Hoffman los protagonizara todos. En Una breve historia de la peluquería, Philip Seymour Hoffman sería el muchacho de mediana edad, medio hippie, que se va a cortar el pelo. En La historia de Mats Israelson, Philip Seymour Hoffman interpretaría al nórdico Anders Borden. En La de cosas que sabes, Philip Seymour Hoffman puede ser el mesero gay que atiende a las dos simpáticas ancianas. En Higiene, Philip Seymour Hoffman sería el señor que viaja para encontrarse con su querida en otro pueblo. En El Reestreno, Philip Seymour Hoffman haría el papel de otro escritor, del viejo Turgenev que se enamora de una joven actriz y repite esta frase: tienes el juicio necesario para saber que el tiempo no siempre cura el dolor. En Vigilancia, Philip Seymour Hoffman sería el protagonista gay que amenaza a las personas que hacen ruido durante los conciertos sinfónicos. En Corteza, interpretaría al gordo Jean-Etienne Delacour que se acuesta con quien no debió haberse acostado. En La Jaula para frutas, puede ser el hijo narrador mientras el viejo jubilado puede ser interpretado por Bill Murray. En El silencio, Philip Seymour Hoffman sería el músico que escribe una sinfonía en un jardín y le dice adiós al mundo.

Philip Seymour Hoffman no es mi vecino. Es imposible que sea mi vecino. Pero si fuera mi vecino, lo escucharía riéndose ahora mismo, sentado ante una mesa frente a Julian Barnes. Bebiendo café y fumando. Como en una escena de Coffee and Cigarrettes o un cuento de Barnes. Philip Seymour Hoffman que más que actor es un autor. Philip Seymour Hoffman que si se quita los lentes y se recorta un poco el pelo, se asemeja a mi vecino Jean Andrea.