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martes 12 de febrero de 2008

La vida privada de los árboles de Alejandro Zambra


A raíz de aquella broma incómoda, Julián no volvió a leer novelas de Paul Auster. En más de una ocasión, incluso, desaconsejó su lectura, argumentando que, salvo por algunas páginas de La Invención de la soledad, Auster era nada más que un Borges pasado por agua.

Página 37. La vida Privada de los árboles de Alejandro Zambra.

Nota. Luego de leer la novela, en ese mismo tenor, podría decir que Alejandro Zambra no es más que un Paul Auster pasado por agua.

miércoles 25 de julio de 2007

Borges de Adolfo Bioy Casares (3)

Lunes, 18 de junio. A la noche comen en casa Borges, Wilcock, Peyrou y dos maricas cubanos, de la revista Ciclón: Rodriguez Feo, el director, y Virgilio Piñera, el secretario de redacción. Rodríguez Feo es rico, buen mozo, menos literario que su amigo, más muchacho de sociedad, fisicamente recuerda un poco a Octavio Paz; Piñera es delgado, con cabeza de perro flaco de empuñadura de paraguas; es "modosito", silencioso, un poco lúgubre, no del todo incapaz de formular en la conversación frases (más o menos) construidas. Los dos tienen inconfundible voz y entonación de maricas. Si forman pareja, Piñera ha de sufrir por los éxitos y las infidelidades de Rodríguez Feo...

... Piñera dice que Lovecraft es superior a Bradbury; que es el Poe de esta época. Borges me dirá después: "Lovecraft no es superior a ninguno de los otros dos: es muy cheap. El Poe de esta época, o el Dostoievski de esta epoca, if any, no son escritores que imitan o se parecen a Poe y a Dostoievski. Tendrán que ser escritores originales y extraordinarios, no facsímiles de nadie. Por cierto que Sabato, con su escaso Túnel, no es un facsímil de Dostoievski."
Página 169, 170 y 172. Borges de Adolfo Bioy Casares

sábado 21 de julio de 2007

Borges de Adolfo Bioy Casares (2)

Sabado, 30 de julio de 1955. ... Hablamos del cuento; trata de que le demos una definición. BIOY: "el enfasis está puesto en el argumento; en la novela, en los personajes". BORGES: "El cuento puede contarse oralmente; con la novela, si usted no la lee, pierde lo esencial (ejemplos: Proust, Butler en The Way of All Flesh). En el cuento, puede estudiarse un personaje; en la novela, unos personajes influyen con los otros". COPLAND:" ¿No será una mera cuestión de extensión?." BIOY: "No creo: el Quijote es un cuento". BORGES: "Es claro. Groussac dice que iba a ser una "novela ejemplar", es decir un cuento; después Cervantes advirtió que podía alargarlo y por eso hay una segunda salida"...
Página 141. Borges de Adolfo Bioy Casares.

domingo 15 de julio de 2007

Borges de Adolfo Bioy Casares(1)

Lunes, 25 de julio de 1947. Anoche Borges dio una excelente conferencia sobre Swedenborg. Después conversamos un rato - Borges, Estela canto, Marta Mosquera, Wilcock, Silvina y yo - en un café de la calle Santa Fe, entre Libertad y Cerrito. Referí, como tantas veces, el apócrifo origen bestial de los apodos el gallo y el pollo. Borges contó el caso del comisario Bertoni. Se decía que hombres como el comisario Bertoni se habían acabado, que ya no habría más funcionarios con ese sentido del deber, de la justicia y de la responsabilidad. Una anécdota ilustraba estas prendas del comisario. Junto a la comisaría había un baldío y allá pastaba una potranca la que le había echado el ojo un muchacho del barrio,"un mozo pierna". Una madrugada, en la seguridad de que no habría nadie, el mozo se le acercó sigilosamente, la volteó y se la cogió. Bertoni, que no era sonso y que estaba en todo, había maliciado las intenciones del joven vecino y esa mañana había madrugado más de lo habitual. Desde el alero de la comisaría, donde mateaba, vigilaba el potrerito. En el momento oportuno se apareció en el lugar del hecho y sorprendió al mozo. Con aquel sentido del deber y de la responsabilidad que ya no volverá a verse, le dijo al mozo: "Bájate los pantalones", y ahí nomás le rompió el culo. Borges recordó riendo que también en la biblia se dice que hay que matar con la misma arma a la persona y al animal.
Página 39. Borges de Adolfo Bioy Casares.

lunes 18 de junio de 2007

Una Muñeca Rusa de Adolfo Bioy Casares


Leandro es argentino. Según dice la contraportada de su libro de poesía, ha vivido en Italia por largas temporadas realizando una interesante carrera gastronómica. De Italia vino a Santo Domingo y desde hace unos largos meses ha estado viviendo aquí. Leandro me llama a las seis y me dice que nos juntemos en un café. ¿Pero qué café? ¿Cuáles cafés están IN? ¿Cuáles cafés están OUT? No tengo idea. No veo televisión, no leo periódicos y apenas salgo. Le pregunto que por dónde anda. Me dice que está de compras en Multicentro con Yelidá y que empuja un carrito de supermercado. Le pregunto si quiere ir a un café en específico. Leandro titubea. Le pregunta a Yelidá y ella no responde. Aprovecho y le pregunto a Giselle y esta me responde que en Segafredo. Le repito a Leandro que en Segafredo. Leandro me responde que van a estar por allá a eso de las ocho.

A las ocho en punto, llegamos a Segafredo. La verdad me gusta Segrafedo. Me gusta ver a Carlitos tomándose una piña colada. Me gustan las bebidas de colores que tienen. Me gusta una foto del parque Colón que hay en el interior. Me gusta el lavamanos que tienen. Me gusta la frivolidad del sitio. Me gusta que sea un café exento de poetas de los ochenta.
Nos sentamos afuera, entre las mesas repletas de turistas que hablan en francés, portugués o inglés. Fuman y beben cerveza y se quedan mirando a los dominicanos y a los otros turistas que pasan. Giselle y yo hacemos lo mismo. Se acerca al mesero y Giselle pide una botellita de agua y yo pido una cerveza. Es una tarde calurosa. Llevo una camisa de mangas cortas que comienza a pegárseme al cuerpo mientras Giselle saca un cigarrillo, lo enciende y empieza a fumar. Se acerca un mesero que siempre nos atiende y me pregunta que por qué no le hice señas para que me atendiera él. Me disculpo y le digo que eché un vistazo por los alrededores y no lo vi.

Leandro llega con Yelidá. Me pasan un libro de Osvaldo Soriano (Una Sombra Ya Pronto Serás) que pertenece a Yelidá. Ambos me suplican que no lea la dedicatoria. Leandro dice que la escribió borracho. Juro que no la voy a leer. Yelidá pide una cerveza y Leandro pide otra. Al rato, distinguimos a Chelo que se aproxima desde el oeste, esquivando mesas de turistas, perros realengos y limpiabotas.
- Hoy cerraron Cinemacafé, dice Yelidá.
- Que pena.
- Estaban haciendo una vigilia.
- Que pena.

Empezamos a hablar de comida. De comida china. Luego Yelidá hace un recuento de todas las personas que confuden su nombre. La confunden con Yaneli, con Yolanda, con Gina, con Giselle, con Yessica, con Yesenia. La confunden con Yanet, con Yadira, con Yuli. Es increible la cantidad de gente que no lee poesía dominicana, pienso. Luego Chelo habla del famoso viaje a Israel en que pusieron una bomba en su avión. Luego empezamos a hablar de la película Viajeros y de la escena en que le arrancan el brazo al personaje de Richard Douglas y de ahí pasamos a Bioy Casares y Borges. Chelo habla de un libro sobre la arquitectura en la obra de Borges, del libro de carta de Borges a Estela Canto, del Antiborges. Rememoramos cuando María Kodama vino para la Feria del Libro del 2006 y cómo repitió la conferencia que dio en la Feria del Libro del 2000: La memoria de Shakespeare. Entonces hablamos de Bioy.
- En Argentina, a Bioy lo tienen como el discipulo de Borges.
- Pero es más que eso.
- Lo ven así.
- No sé. Creo que con El Diario de la guerra del Cerdo, Bioy realizó su mejor obra.
- Pero tiene cuentos buenísimos y después de esa obra seguía con pilas. Con pilas Energizer.
- El Diario de la guerra del cerdo es una novela perfecta. No la pudo superar.
- Un Campeón Desparejo también. En el sentido de que todas las cosas están en su sitio. No hay una palabra que desentone.
- No sé. Ese Bioy no me gusta. Hay una entrevista en que él habla del día en que murió Borges. Alguien lo detiene, se lo dice y él replica ¿en serio? y sigue caminando por la calle, confundido, como si estuviera dentro de un cuento de Borges.
- Ahora acaban de publicar los diarios de Bioy, los diarios que Bioy escribía antes de acostarse y que guardaba en su mesita de noche. Escribía sus encuentros con el maestro Borges como si se tratara de un maestro de Kung Fu. Fresán describió el libro como una cruza entre La Vida de Johnson de James Boswell con La Conjura de los Necios de John Kennedy Toole.
- Ah no sabía.
-Sí, ha causado mucha controversia en Argentina. Porque no se centra en el Borges y en el Bioy eruditos, sino en el Borges y el Bioy cotidianos que charlan de nimiedades y chismean como doñas de barrio. No lo he leído. Quiero leerlo. Es más, estoy releyendo y leyendo lo que me faltaba de Bioy para entrarle al libro.
- ¿De qué trata?
- He leído fragmentos.
- Hablan mal de Baudelaire y lo consideran cursi, dice Giselle.
- Sí, son super crueles.
- Habla de Oliverio Girondo, habla de su libro Veinte poemas de amor para leer en un tranvía, habla acerca de la palabra tranvía que no se usaba en esa época en Argentina y que Bioy especula que puede deberse a la influencia de un escritor español que se encargaba de corregir la obra de Girondo.
- Hablan mal de Ortega Gasset y de Quiroga. Hablan mal de Puig.
- También. ¿Del secretario de Medio ambiente?
- No, del escritor. Borges le pregunta a Bioy sobre Puig y Bioy le dijo que es el escritor de Boquitas Pintadas. Entonces Borges responde que cómo puede leer un autor que haya escrito un libro con un titulo tan cursi como Boquitas Pintadas.
- Hablan mal de los negros. Son extremadamente racistas.
- Sí, sí. Bioy dice que en una entrevista le preguntan si le gusta Brazil. Bioy responde que no le gusta porque es un pais lleno de negros.
- Vaya, eran tremendos.
- Sí.
- Ácidos.
- Cáusticos.
- Hijos de Papi y mami.
- En un artículo, Alan Pauls se pregunta por la cantidad de tiempo libre con que disponía Bioy. Tenía tiempo para leer, para sus aventuras amorosas, para colaborar en revistas, para chismear con Borges, para viajar, para escribir su valiosa obra.
- ¿Y no trabajaba?
- No trabajaba.

Me he bebido ya dos cervezas. Chelo se ha bebido dos Maui. Entre Yelidá y Leandro se han bebido cinco cervezas.
- ¿Has leído Una Muñeca Rusa?
- No me gustó.
- Pero a mí me gusta. Mucho.
- ¿Por qué?
- No sé.

Nos despedimos.

Después de darme una ducha, me pongo a leer. Abro Una Muñeca Rusa y termino de leer los cuentos que me faltan. El libro Una Muñeca Rusa - así como las Muñecas Rusas que tienen muñecas rusas dentro de muñecas rusas que tienen dentro muñecas rusas - está compuesto de cuentos dentro de cuentos. Alexei Kolejov le trajo una de esas muñecas a mi mamá. Tomo la muñeca y la abro. Saco todas las muñecas y las coloco alrededor del escritorio mientras reflexiono. El método de escritura de Bioy en algunos de sus libros funcionan de dicha manera. Bioy destapa un cuento y de ese cuento saca otro cuento y de ese otro cuento hasta el infinito. Al igual que la obra de Borges y la de un gran número de cuentistas, Bioy trata de escribir cuentos que tienden al infinito. Se pudiera escribir una teoría del cuento partiendo del principio de las Muñecas Rusas de Bioy. Pero no estoy de humor hoy.

Publicado en 1991, Muñeca Rusa es otro de los libros del Bioy maduro y que publicó bajo un contrato con Tusquet.

A continuación algunos de los pasajes que subrayé del libro:

Los muebles del departamento eran antiguos y sin duda hermosos, pero lo que llamó la atención de mi amigo fue una muñeca rusa.
- Un regalo de mi padre - refirió la señora -. Yo debía de ser muy chica o muy sonsa, porque mi padre creyó necesario aclarar: " Trae adentro muñecas iguales, de menor tamaño. Cuando una se rompe, quedan las otras".
Página 18

En la relación con una mujer rica, en cuanto el hombre se descuida, la mujer es el hombre. Una prueba de coraje varonil tal vez pueda restablecer las cosas
Página 28
Durante años dije que Jorge Davel era un galán de segunda, imitador de John Gilbert, otroo galán de segunda.
Página 69

"...Yo diría que es un verdadero machista, lo que en este país no es de una originalidad extraordinaria. Para no viajar con una mujer ¿el imbécil viaja solo?" " Sí, aunque él diría que no." " ¿Mentiroso además? Machista y mentiroso. Te participo que empiezo a cansarme de tu amigo." "Viaja con una muñeca inflable".
Página 101

domingo 18 de marzo de 2007

Mis videos favoritos: Beck - Beercan

martes 5 de septiembre de 2006

El factor Borges



Empieza de la siguiente manera. En una de las conferencias de nuestra feria del libro pasada, Giselle Rodríguez Cid levanta la mano y le pregunta a María Kodama sobre el libro El Factor Borges de Alan Pauls. Todos nos quedamos contemplando a María Kodama que se ha quedado mirando a Giselle, pero María Kodama no dice nada o dice que no va a responder la pregunta o sencillamente se encoge de hombros y bebe de su vaso de agua. Meses después leí El Factor Borges, pensando en la rara actitud de María Kodama y buscando el nombre de ella sin lograr encontrarlo.

Pedro Henríquez Ureña, quien avistó el factor Borges antes que naciera Alan Pauls, escribió lo siguiente: "Habrá quienes piensen que Jorge Luís Borges es original porque se propone serlo. Creo al revés: Jorge Luís Borges será original hasta cuando se proponga no serlo. Lo es hasta en su manera de recordar, de usar las reminiscencias que le ofrecen sus lecturas innumerables. Lo es, en fin, porque le ha tocado en suerte una de esas pocas miradas que conservan a través de los años la avidez y la frescura de descubrir las cosas y porque sus maneras de decir son siempre nuevas, como ajustadas a sus maneras siempre nuevas de mirar”.

Ese comentario de Pedro Henríquez Ureña bien pudiera servir para describir el proceso de análisis de los ensayos que componen El factor Borges. Escrito por Alan Pauls e ilustrado por Nicolás Helft, personaje de quien Roberto Bolaño presumía que se trataba de una invención de Alan Pauls y que en sí es un famoso coleccionista de artículos y artefactos borgeanos. Fotos, dibujos, imágenes materiales iconográficos sirven para ilustrar y para reforzar el texto redactado por Alan Pauls, que se compone además de notas a pie de página, de un mapa de lectura y de una serie de referencias pertinentes.

Alan Pauls explica que nunca le interesó Borges como individuo, sino más bien como literatura. Por esa razón, En el Factor Borges, rescata a un Borges totalmente diferente, no al Borges héroe, salvador de las letras castellanas, ni al Borges antihéroe de ultraderecha, sino al hombre que vivió entre un mundo de paradojas y que hizo de esas paradojas y de su circunstancias personales, una de las literaturas más preciadas de todos los tiempos. Mientras María Kodama nos pide que agradezcamos a Borges que haya escrito en español y no en ingles, Alan Pauls resalta el escenario que Borges construyó en torno suyo, la importancia de ese círculo argentino para él y de esa tradición argentina de intelectuales que lo influyeron y que él al mismo tiempo influyó.

En este momento que escribo, debe haber un montón de gente escribiendo ensayos o artículos sobre la obra de Jorge Luís Borges, artículos que sirven de pretexto para que una serie de pedantes se explayen en textos soporíficos y aburridísimos. Leamos el Factor Borges de Alan Pauls, pensando en encontrarnos con la literatura de Borges y no con otra cosa.

lunes 7 de agosto de 2006

Jardines de Kensington de Rodrigo Fresán


El año pasado, en una breve conversación que tuve con el escritor norteamericano Rick Moody, le pregunté si conocía a la nueva generación de escritores hispanoamericanos y qué le parecía. Rick Moody sonrió y me respondió que había leído a Rodrigo Fresán, que es un gran amigo y que hacía poco había leído con mucho agrado y admiración la novela Jardines de Kensington. Yo no había leído Jardines de Kensington. Conocía a Mantra y los cuentos y artículos de Fresán. Pero no había leído Jardines de Kensington. Y mientras Rick Moody la elogiaba yo me preguntaba por qué diablos no había leído Jardines de Kensington.


Hace unos días, un amigo me prestó la novela y desde entonces la he estado leyendo. Inmediatamente la tuve entre mis manos, reflexioné acerca de la costumbre que tienen los libros de Rodrigo Fresán de no aparecer nunca en las librerías de Santo Domingo.

En la portada de Jardines de Kensington, se divisa a Michael Llewelyn Davies, disfrazado de un agreste Peter Pan. La foto fue tomada por James Matthew Barrie con la intención de buscar un modelo para la estatua de Peter Pan que iban a erigir en los jardines de Kensington. Michael Llewelyn Davies sostiene un palo y mira a la cámara como si estuviera repitiendo en la cabeza el mantra de Peter Pan: no voy a crecer, no voy a crecer, no voy a crecer, y estuviera a punto de golpear a alguien si le plantea lo contrario. Podemos decir que la novela Jardines de Kensington es el largo monólogo de un escritor de novelas infantiles llamado Peter Hook. En casi cuatrocientas páginas, leemos los balbuceos de un escritor psicópata que a través de la excéntrica vida de J. M. Barrie, el afamado escritor escocés, va ensamblando su pasado, como si se viera en un espejo y la imagen que le devolviera la hoja del espejo fuera la de Barrie. Con esto como pretexto, Peter Hook cuenta y cuenta durante toda una noche, su vida y la vida de J. M. Barrie y sobre todas las cosas, la vida de Peter Pan, aquel niño que se rehusó a crecer. Como trasfondo a este dilema, aparece la ciudad de Londres, un Londres victoriano de finales del siglo XIX y principios del siglo XX, que Rodrigo Fresán alterna con los Swinging Sixties y la época actual.

A través de un sinnúmero de páginas, se encuentran y desencuentran figuras primordiales de la cultura inglesa. Son hilarantes las apariciones de Bernard Shaw, J. M. Barrie y G. K. Chesterton disfrazados de vaqueros, de Cat Steven como niñera, de Bob Dylan vomitando en la habitación de los niños, de Allen Ginsberg dando vergüenza ajena, de The Beaten (aka) the Beaten Victorians (aka) The victorians como los rivales por antonomasia de los Beatles, de la grabación de A Day in The Life y la premisa de que quizás el reloj que se oye en dicha canción es el que está en el estómago del cocodrilo, enemigo del Capitán Hook, que aparece en la obra Peter Pan y que representa el tiempo o la muerte, que es prácticamente lo mismo.

En una entrevista, Rodrigo Fresán enmarcó su obra dentro del realismo Lógico, movimiento que se inventó él mismo y del que se considera único miembro. Pensemos en Rodrigo Fresán como heredero del elemento más rico y caracterizador de la literatura argentina: el cosmopolitismo. Muchos han calificado a Rodrigo Fresán como un Borges Pop, al tiempo que otros lo consideran el novelista más prometedor de la actual literatura latinoamericana. Sea lo que sea, Rodrigo Fresán se ha ganado el puesto de imprescindible.

En la página 39 de Jardines de Kensington escribe: Los libros como punto de fuga, como sitio desde el cual descolgarse y dejarse caer y salir corriendo para adentrarnos sorpresivamente ágiles y veloces en el bosque. No es casual, pienso, que los libros están hechos con la carne de los árboles y que las bibliotecas, finalmente, acaben convirtiéndose en bosques petrificados, en ramas y raíces que se hunden en nosotros y florecen en nuestra imaginación.

Leamos Jardines de Kensington pensando en lo anterior.