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sábado 5 de enero de 2008

Los Comediantes de Graham Greene

Tenía mucho tiempo escuchando a la gente hablar de este libro. Me gusta Graham Greene. He leído gran parte de su obra. Es raro que no haya leído anteriormente esta novela.

Darío Tejada quien hace unos años vivía en Petionville mencionaba a cada rato el hotel Oloffson (hotel al que se refiere en Los Comediantes Graham Greene, pero denominándolo Trianon). En internet, buscando sobre el hotel, encuentro que un gringo durmió en la habitación de Mick Jagger y relata que a Mick Jagger le habían dado una habitación arriba que estaba llena de mosquitos por lo que al rato este bajó a recepción y gritó yo soy Mick Jagger y necesito otra habitación y le buscaron la habitación que ahora se llama: La suite de Mick Jagger. Mi papá se ha hospedado dos veces en el hotel Oloffson y me dice que hay una placa donde se lee que ahí se hospedó Graham Greene y lo relativo a la escritura de su novela. En cuanto a esta, mi papá la tenía, pero se la había prestado a alguien en los ochenta y ese alguien todavía no la ha devuelto. Por lo que tuve que pedir una copia a través de Amazon. Elegí una edición de los setenta, de tapas duras y en buenas condiciones. Después de varias semanas, escribieron de vuelta, explicando que se habían agotado las copias y que avisaban tan pronto las tuvieran.

Hace una semana, caminando con Giselle por el barrio Chino, distinguimos una librería. ¿Librería Hermanos Solano? No recuerdo bien. La cuestión es que entramos y comenzamos a revisar los libros amontonados en una mesa. Debajo de una copia de Los Diez días que conmovieron al mundo de John Reed se hallaba la novela en una colorida edición de la Editorial Sudamericana.

La tomé y leí la primera oración. Una oración larga. Me interesó por la referencia a la carretera Internacional. Seguí leyendo la segunda oración, la tercera oración donde hay una referencia a Monte Cristi, y entonces me detuve, la llevé a la caja y la pagué.
Ciento cincuenta pesos.

Los Comediantes está ambientada en el Haiti de los sesenta, durante la dictadura de Duvalier aka Papa Doc aka Baron de Samedi. O sea, el momento en que Duvalier es ex comulgado de la iglesia y tanto las embajadas de los Estados Unidos como la de Inglaterra son expulsadas de Haití. O sea, cuando los terribles Tonton Macoute pululaban por las calles y si uno de estos te cortaba la cabeza con una machete en la calle y mandaba a los transeuntes a jugar futbol con ella, estos sencillamente lo hacían.


La novela empieza en un barco que se dirige de Nueva York a Port Au Prince. Ojo, préstenle atención a los personajes, en las novelas de Graham Greene cada personaje tiene una función específica en la trama. Comienza lenta, aunque desde que desembarcan se va poniendo mejor. El protagonista es Brown, un típico alterego de Graham Greene, que es propietario del hotel Trianon que heredó de su madre. Después de una ausencia, vuelve a Haití a recuperar su hotel y encontrarse con su amante: una alemana que tiene un hijo con un complejo de Edipo
no resuelto y un marido diplomático. Se citan en un carro, debajo de la estatua de Colón en Port Au Prince, donde tienen relaciones sexuales y discuten. Luego atiende el hotel, habla con el tullido mayordomo y encuentra un cadáver en la piscina. Luego están los gringos vegetarianos, un paseo por Duvalierville, un funeral detenido por los Tonton Macoute en que el ataúd está lleno de ladrillos, hay una ceremonia vudú y unos guerrilleros farsantes que nunca han agarrado un arma en sus vidas, zombís que nunca aparecen, búrdeles y un final de antología de este lado de la frontera, o sea, la República Dominicana.

En la página 127 escribe:
Busqué las noticias del periódico. El ministro de Educación anunciaba un plan quinquenal para erradicar el analfabetismo en el norte. (¿Por qué en el norte, exactamente? ). No se daban detalles. Quizás contaba con un oportuno huracán. En 1951, el huracán Hazel había eliminado buena parte del analfabetismo en el interior... Nunca se
supo el número de muertos.

En la página 159, una descripción de los Tonton Macoute.
Era evidente el motivo por el cual esos hombres usaban gafas negras, eran humanos, pero no debían mostrar miedo: podía ser el fin del terror en los demás.

Entre la página 220 y 221, se come
nta que en el poema Un voyage à Cythère Baudelaire habla de Haití, país de donde procedía Jeanne Duval, su amante. Las dos primeras estrofas de dicho poema suenan así:

Mon coeur, comme un oiseau, voltigeait tout joyeux

Et planait librement à l'entour des cordages ;
Le navire roulait sous un ciel sans nuages,
Comme un ange enivré d'un soleil radie
ux.

Quelle est cette île triste et noire ?
- C'est Cythère,
Nous dit-on, un pays fameux dans les chansons,
Eldorado banal de tous les vieux garçons.
Regardez, après tout, c'est une pauvre terre.


En la página 293 dice de Trujillo:
Trujillo asesinó a veinte mil de nosotros en tiempos de paz en el río Masacre. Eran campesinos que habían ido a su país para la cosecha de azúcar. Hombres, mujeres, niños.
Pero, ¿cree usted que Washington protestó? Trujillo vivió otros veinte años engordando gracias a la ayuda norteamericana.

En la página 346 hace un comentario que se puede calificar de Greenepeace (especialmente para Chelo).
El contraste entre las rocas peladas
de Haití y la vegetación dominicana hacía visible todos los meandros de la frontera. Era la misma cadena montañosa, pero los árboles no cruzaban hacia la mísera tierra seca de Haití. En mitad de la pendiente había un puesto de guardia haitiano - unas cuantas chozas decrépitas - y unos kilómetros más lejos, una especie de fuerte que parecía una imagen del Sahara español.

Me entero también que hay una versión cinematográfica de la novela, protagonizada por Elizabeth Taylor y Richard Burton (quienes se divorciaron acá en el país y que al respecto mi tía Yuli tiene una historia magistral, debido a que trabajaba entonces en el hotel Embajador donde se hospedaban ellos y donde se hospedó también Mister Smith uno de los personajes básicos de la novela.) Al enterarme, le escribo de inmediato a Jimmy Hungría para que me dé unos datos sobre la película. Esta es su respuesta:

La película se llamó Los Farsantes, fue prohibida por
la censura (Comisión de Espectáculos Públicos y
Radiofonía) cuando los 12 años de Balaguer (por ahí
por 1967 o 68), pero finalmente se pudo pasar en los
cines, en los 80, que fue cuando la vi, también en TV
la pasaron. Supongo que puede conseguirse en Mr.
Movies, por ejemplo.

miércoles 26 de diciembre de 2007

El número 18 de Hermano Cerdo y mi reseña de Junot Díaz

Siguiendo con los especiales de Navidad, les cuento que el número 18 de Hermano Cerdo (entren preferiblemente con Firefox) se encuentra en línea. Este incluye una reseña mía de The Brief Wondrous Life of Oscar Wao de Junot Díaz que prometí hace tiempo. También incluye ensayos sobre Philip Roth, Saul Bellow, Ludmila Ulítskaya, cuentos, crónicas, las clásicas columnas de Miguel Habedero, patadas a Juan Villoro, entre otras cosas.

En el editorial de la revista escriben: Por eso HermanoCerdo y su nuevo número. Porque somos flojos y no ha variado demasiado nuestra situación. Porque nuestras chicas claman y nuestros lectores rabiosos insultan. Porque somos unos llorones y seguimos teniendo miedo. Miedo a la soledad. A quedarnos solos. A que nadie nos quiera y sólo se escuche al viento. Porque a la larga o a la corta, el miedo y la soledad no cuentan con una razón fundamental que explique tanto sacrificio honorario, tanto mail yendo y viniendo y tanta edición del material recopilado.

miércoles 10 de octubre de 2007

Antinostalgia de una Era de Virgilio Díaz Grullón

Hace una semana, de pie en la biblioteca de mi papá, le comenté a Miguel que estaba interesado en que nos pusiéramos a leer todos los libros escritos sobre Trujillo. Miguel que ya se ha leído varios - de seguro más que yo, de seguro más que muchos de ustedes - respondió que estaba de acuerdo. Así que nos dividimos la bibliografía y yo tomé el primer libro y lo leí de una sentada. Este libro es: Antinostalgia de una Era del narrador dominicano Virgilio Díaz Grullón.

Antinostalgia de una Era de Virgilio Díaz Grullón es a la República Dominicana lo que Archipiélago Gulag de Alexander Solzhenitsyn es a Rusia y a la extinta Unión Soviética. Mientras este último fácilmente pasa las dos mil páginas, el primero es un libro de apenas 146 páginas según la edición que tengo a mano. Dicho libro se encuentra al cuidado de José Alcántara Almánzar quien escribe la introducción. Este escribe acertadamente sobre Virgilio Díaz Grullón en la introducción: Se presenta a sí mismo como un individuo común, muchas veces empujado por las circunstancias, algo así como el antihéroe moderno: un Gregorio Samsa del Caribe, indefenso, sometido a los designios de un opresor omnipotente.

Vírgilio Díaz Grullón narra de una manera escueta y sobria, su participación en la Juventud Democrática, la forma en que llega a ser funcionario del Banco Central, la forma en que llega a ser Subsecretario de Estado, así como una serie de anécdotas, de encuentros y desencuentros con Trujillo y sus hermanos y esbirros trujillistas.

Uno de los capítulos más interesantes de libro es el de La Noche del 26 de Octubre, donde el escritor narra la manifestación que se realizó por el Malecón en repudio al régimen trujillista. Otro que hay que destacar es La Ultima Apelación de Marrero Aristy, que cuenta cómo el gran escritor dominicano prácticamente le suplicaba a Trujillo, paseándose por los pasillos del Palacio Nacional, que por favor no lo asesinara. Pero no puedo terminar esta nota, sin agregar un pasaje, que transcribo acá por las connotaciones humorísticas que tiene: En los 451 días - ni uno más ni uno menos - que duró mi estadía en el Palacio Nacional en funciones de subsecretario de la Presidencia, solía cruzarme ocasionalmente por los pasillos con J. Arismendi Trujillo Molina, a la sazón Fundador Presidente Tesorero de la Voz Dominicana, asiduo visitante de su hermano Héctor. En cada uno de esos encuentros Petán me saludaba con esta frase: "¿Qué dice Virgilio, el de la Nereida?" Yo le respondía cortézmente con alguna frase banal y seguía mi camino. Pero un día me formuló su usual saludo en la presencia de su hermano el Presidente, en el despacho de éste, y Héctor le dijo textualmente:"No seas bruto, Petán, no es la Nereida, es la Eneida".

Antinostalgia de una Era es un libro bien escrito, extraño en la literatura dominicana y del que lamento su brevedad, de la misma manera en que no lamento la brevedad y la síntesis de los mejores cuentos de Virgilio Díaz Grullón.

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Boda de Aida Bonelly y Virgilio Díaz Grullón. Foto tomada de Hilma Contreras : una vida en imágenes 1913-1993. -- Santo Domingo : Biblioteca Nacional, 1993.70h

http://rsta.pucmm.edu.do/biblioteca/hilmacontreras/Galeria.htm

lunes 17 de septiembre de 2007

Desconocido en el parque de Armando Almánzar Rodríguez


En el primer párrafo de la contraportada del libro, Pablo P. Yermenos, escribe: Desconocido en el parque es un relato que cautiva desde la ventolera inicial que deben enfrentar doña Prudi y su comadre doña Fina, para sólo ceder ante la tristeza ineludible causada por un desenlace dramático que nos deja impotentes ante la injusticia que se ha cometido. Bien, bien. Pero no me parece que la ventolera inicial o el primero o el segundo párrafo de la novela cautiven como propone el señor Yermenos. A mí me parece que les falta contundencia y que se hallan exentos del ritmo y de la velocidad de las mejores partes de la novela. Si además, a esto le sumamos la desafortunada portada de Miguel Nuñez alejada del leit motiv del libro, puede que en primera instancia nos sintamos decepcionados y arrojemos el libro a un lado.

Pero esperen. No tiren el libro a un lado. Bájenlo de sus estantes o llévenlo a las cajas registradoras y paguen por él. U ocúltenlo debajo de la camisa y róbenselo. Vale la pena leer este libro. En mi caso, tuve que vadear los primeros párrafos como si se tratara de una selva hasta que encontré el león que iba a cazar y le disparé, pam, pam, pam. Y el león fue inmune a mis balas y estas rebotaban de su cuerpo. Porque la verdad sea dicha, Desconocido en el Parque, publicada este año por la editorial Norma, es un buen texto. Se trata de una obra que se puede leer de una sentada, no sólo por su extensión, 125 páginas, sino por la manera en que el autor la fue estructurando con oraciones largas que aunque a veces resultan rebuscadas, en otras ocasiones, las mejores, le imprimen un ritmo y una fluidez inaudita que hace que la novela no necesite dividirse en capítulos.

Y que lleva a que la novela sea una larga narración escrita por un contemporáneo del protagonista.

Y que tenga pasajes humorísticos, escatológicos y hasta sexuales. Entre la página 67 y 68 hay un pasaje erótico, deudor de Lorca, digno de mi futura Antología de la literatura erótica dominicana. Compren la novela y léanlo.

Pero además de la estructura, su ágil lectura se debe a que la novela es un engendro de dos cabezas. O más bien, a que tenga dos tramas que se tocan poco a poco, al igual que cuando intentamos tocarnos las puntas de los pies con los dedos sin flexionar las rodillas. La primera es lineal y la segunda fragmentada. Me explico. La novela, como su título lo indica, trata de un desconocido que aparece de buenas a primeras en el parque de un pueblo del sur llamado San Mateo, que la verdad no sé si es real o ficticio, ya que en mi largo peregrinaje por todo el sur nunca me topé con ese pueblo.

Este desconocido es amnésico. O sea, no sabe quién es, ni qué hace ahí, y para colmo, ha extraviado su cartera con sus documentos de identidad.

La primera historia transcurre con el amnésico que se incorpora a la vida en el pueblo y se va creando una identidad como Luís Marcelo Espinal Rodríguez, nombre con que lo bautizan los lugareños. La segunda se trata de flashes, destellos sinápticos, breves remembranzas que reconstruyen su historia previa y las razones que le hicieron aparecer en ese pueblo de buenas a primeras.

Al terminar la novela pensé en el cine noir de los cuarenta y cincuenta. Y pensé en Hitchcock y en North by Northwest que vi en la televisión el sábado pasado. Pero también pensé en el cuento La noche boca Arriba de Julio Cortazar y en la novela L'étranger de Albert Camus.

Y pensé en La Fiesta del Chivo y en la gran novela dominicana. Y en todo el bulto que se ha hecho con eso.

Desconocido en un parque transcurre a finales de los cincuenta, durante el Trujillato, aunque a diferencia de otras novelas ambientadas en esa época, Armando Almánzar no se desplaya contando anécdotas sobre el régimen. Armando Almánzar sabe de qué está escribiendo y a dónde se dirige.

Hace como dos meses me topé con el libro en cuestión en uno de las mesas de novedades de la librería Cuesta. Lo levanté y procedí a leerlo. Mientras leía, me percaté de que a unos pasos se encontraba Armando Almánzar Rodríguez. Me acerqué y le pedí que por favor me dedicara la novela.
- ¿En serio?, me preguntó.
- Sí.
Fui a pagar la novela con él.
- Me le haces un descuento, le dijo Armando Almánzar a la cajera.

Abrió la novela, escribió, me estrechó la mano y se fue a hojear los libros de los estantes.

En la dedicatoria escribió

Para Frank Báez, un amigo de la literatura,
Afectos.