lunes 10 de septiembre de 2007
Zama de Antonio Di Benedetto
A diferencia de las novelas de época, Di Benedetto no pierde el tiempo describiendo lugares, vestidos, costumbres. En lo que a Carpentier le toma describir una pistola, Di Benedetto nos explica la manera más honorífica de desarticular un duelo. En lo que Carpentier describe un corsé, Di Benedetto se lo quita y fornica con la moza en cuestión.
Di Benedetto es tan preciso que pareciera que la novela hubiera sido escrita por el narrador Don Diego de Zama. Como si Diego de Zama se hubiera comunicado telepaticamente desde esa época y le dictara sus impulsos, sus pensamientos y sus deseos a Di Benedetto.
La puntería verbal de Di Benedetto se debe a que éste, por ejemplo, no describe la espada que lleva Don Diego de Zama ya que uno tiene esa imagen visual de que en esa época los hombres portaban una espada como hoy portan pistolas, y punto. Cuando se habla de una espada, es porque tiene una función en el texto.
Por consiguiente, la belleza del lenguaje de Di Benedetto está en su prosa aséptica... en su desnudez. En la ausencia de adornos. Un lenguaje preciso que logra que las rodillas de los grandes novelistas barrocos latinoamericanos tiemblen.
Párrafos cortos; pasajes que se van escidiendo; diálogos como susurros o imprecaciones; capítulos divididos en una serie de planos. Hasta visualmente, Zama y en otros textos de Di Benedetto que he leído, nos dan a entender la continuidad o la fijeza.
Zama es otra de las sorpresas de la literatura argentina. Pudiera decir que es inasible, no por su estructura, sino más bien por su simbología. Don Diego de Zama es una especie de alienado, que al igual que los personajes kafkianos o existencialistas, intentan avanzar de un punto a otro sin moverse. Está condenado a la espera, a que lo reubiquen y lo envíen a Buenos Aires o Santiago de Chile o quizás a Madrid. Durante la espera, Don Diego de Zama se vuelve adicto sexual, se enamora, riñe, brecha mujeres, se queda sin dinero, procrea un hijo, borronea cartas de amor, se queda sin dinero, es asaltado, golpeado, engañado, vende el caballo, se queda sin dinero, etc.
Podemos leer a Zama (por qué no) como reflexión de nuestra propia espera. Algo así como a lo que se refiere Elianne Defillo cuando escribe:
El cansancio: esa cruz
que llevamos
los latinoamericanos.
En las últimas páginas de la novela, el regimiento de Don Diego de Zama se topa con una tribu. Se trata de una tribu que habían cegado con cuchillos encendidos al rojo (pág. 251) otra tribu y que ahora son guiados por sus niños y deambulan a través de la selva sin ningún destino. En la página 252 Di Benedetto escribe: Cuando la tribu se acostumbró a servirse con prescindencia de los ojos, fue más feliz. Cada cual podía estar solo consigo mismo, no existían la verguenza, la censura y la inculpación; no fueron necesarios los castigos. Recurrían los unos a los otros para actos de necesidad colectiva, de interés común: cazar un venado, hacer techo a un rancho. El hombre buscaba a la mujer y la mujer buscaba al hombre para el amor. Para aislarse más, algunos se golpearon los oídos hasta romperse los huesecillos.
Y esto es.
miércoles 5 de septiembre de 2007
Cumpleaños de César Aira

Hace treinta y cinco minutos acabé de leer Cumpleaños, publicado por Mondadori, en un bello formato donde se distingue una luna en la portada. Cumpleaños es una reflexión sobre el oficio de escritor de César Aira a propósito de su cumpleaños cincuenta. Esto es simpático. Primero, significa que estoy leyendo esta novela con un atraso de ocho años, debido a que Aira cumplió los cincuenta en el 1999. Segundo, que en la época de Dante o incluso más atrás, cuando Aristóteles o cuando se escribió el Eclesiastés o uno de esos, la mitad de vida de los intelectuales era de 35 años, ahora aparentemente, es de 50. Lo que es genial. Porque significa que Aira va a llegar a los 100. Y eso significa más libros capaces de llenar esos estantes.
Pero vamos a la obra. César Aira se da cuenta de que no sabía ciertas cosas sobre la luna que le enseñan a uno en cuarto curso de primaria. (Se da el caso de que yo tampoco sé eso). Esto, más su cincuenta cumpleaños, el retorno a su pueblo, lo llevan a que reflexione filosoficamente sobre su obra. Pasajes como los de la mesera escritora, el matemático Evariste Galois y otros más que le gustarían haber escrito a Javier Marías o Paul Auster o Pitol o Vila Matas. Etc.
César Aira escribe en las páginas 44 y 45: Los artistas son gente bastante extravagante, pero yo diría que no es el arte el que los hizo raros, sino que la rareza los llevó al arte. O quizá hay un efecto recíproco. Sea como sea, esta dialéctica de cifra pasiva y activa resolvería las aporías tan intrigantes de Vida y Obra. Buscar lo nuevo y lo raro en la obra artística no es la tarea frívola y vanidosa que parece ser, en primer lugar porque no se trata de buscar sino de haber encontrado.
Escribe en la página 47: En realidad, nada sirve para nada. Se pueden leer miles de libros y seguir siendo un ignorante, como me lo demostré de modo concluyente con la Luna. Escribe sobre su estilo tan particular en la página 32: Como tantos, yo hice de necesidad virtud, y de esa falta de estilo mi estilo. Igual que el tiempo, el concepto de estilo es un continuo que lo cubre todo, hasta sus propias negaciones. Así es como llegué a ser un escritor conocido y celebrado. No habría podido hacerlo de otro modo, porque si hubiera querido ser como los demás habría tenido demasiada competencia, y casi todos lo habrían hecho mejor que yo.
En fin, me gustaría ser uno de los personajes de Aira. Un dominicano que se pasee a lo largo y ancho de los libros de Aira como el soldado ese que se paseaba entre las películas de Fassbinder siempre voceando hello a la cámara y a los actores. Espero que Aira lea esto y lo considere.
lunes 3 de septiembre de 2007
No habrá más penas ni olvido de Osvaldo Soriano
jueves 16 de agosto de 2007
El Presidente del Mundo y Manuel del Cabral
Buenos Aires, para intervenir en cualquier alternativa en que se necesitara
una autoridad, cuando veía que algo estaba pasando en un operativo policial, judicial, municipal o militar, intervenía inmediatamente para poner las cosas en orden, mostraba su maravillosa credencial y se identificaba: “Soy el Presidente del Mundo”.
El conocido escritor Manuel del Cabral tenía la costumbre de recorrer las librerías de la calle Corrientes, también en Buenos Aires, hacerse pasar por interesado lector, y de esa manera, tomando uno y otro libro, colocar los suyos propios adelante o encima de todos los demás. Pero un día el Presidente del Mundo - que también recorría diariamente la calle Corrientes en prevención de irregularidades- se dio cuenta de la maniobra, y por esa razón ambos discutieron agriamente en la puerta de una librería, hasta que el Presidente del Mundo, que era grandote, ante la obstinación y la facilidad de palabra de Manuel del Cabral, se puso nervioso y le tiró una terrible trompada, y como Manuel del Cabral se agachó, rompió estruendosamente la vidriera del viejo librero Palumbo, ante lo cual los dos se asustaron y salieron corriendo a toda velocidad.
Del libro “Argentinos: ¡El mundo nos queda chico!”, de Carlos María Caron, Metafrasta Ediciones
martes 7 de agosto de 2007
Una sombra ya pronto serás y Cuartel de Invierno de Osvaldo Soriano
A la literatura argentina no se llega en avión como quizás se llega a otros ámbitos literarios latinoamericanos. A la literatura Argentina se llega descendiendo en una nave espacial. Definitivamente, la literatura argentina es un planeta. Cada escritor es una isla, o es un continente. Hay tanta diversidad. Leyendo dos novelas de Osvaldo Soriano llegué a esta pueril conclusión. La primera me la prestó mi amigo Leandro y se denomina Una sombra ya pronto serás. Es una road novel, no al estilo de Kerouac, sino más bien al estilo del suicida Hunter Thompson. Al estilo de Motel Chronicles de Sam Sheppard. Pero ojo, no al estilo del Paris, Texas de Wim Wenders.Los personajes de esta novela parecen seres sacados de una pesadilla de hongos. La Pampa funciona como metáfora de un laberinto que aparentemente es la Argentina de finales de los ochenta de la que todo el mundo estaba emigrando. La Pampa es el principal protagonista de la novela. Y no puede emigrar por el mero hecho de que está pegada al suelo.
Ayer, Alejandro, un amigo argentino, me contaba que el problema con su país es que su economía sufre de altibajos. Por años es un país primer mundista y por años un país tercermundista.
Argentina es La Pampa que Soriano describe en la novela. Es un espacio infinito. Laberíntico. En ciertos momentos, se habla de un personaje que va caminando a lo lejos y la manera en que se puede ir siguiendo el recorrido de éste por horas sin importar que el personaje se transforme en un punto cada vez menos visible.
Por otro lado, está la novela Cuartel de Invierno que compré hace una semana. Y que leí de un tirón. Si no me equivoco, el mismo Osvaldo Soriano dijo que esta era su mejor novela. Trata de un cantante de tangos y un boxeador que invitan al festival de un pueblo en plena dictadura militar de Videla. El cantante de tangos es cabeza caliente. Los militares le piden autógrafos y luego le dan una salsa. Hay una mujer desnuda, hay abuso de poder, un helicóptero que va a caer sobre una multitud pero no cae, asesinatos, ejecuciones, borrachos, trompadas. La novela que empieza como una picaresca se va tornando a medida que van quedando menos páginas en la radiografía de una sociedad represiva. En menos de quince páginas, uno pasa de la risa a la mueca. De lo gracioso al horror. El pasaje final del libro es bárbaro. Llegar ahí vale la pena. La novela da la vuelta como un compás. En esto me recuerda a Sostiene Pereira de Tabucchi, escritor italiano que sin duda pudiera pasar por escritor argentino.
domingo 29 de julio de 2007
Las Noches de Flores de César Aira
A pesar de esto, no leí la novela de inmediato, quizás por mi lectura a tiempo completo de las mil seiscientos sesenta y tres páginas del Borges de Bioy Casares o por mi vagancia característica. Sea como sea, ayer saqué la novela de uno de mis estantes y la leí de un tirón. Porque las novelas de César Aira se leen de un tirón, no sólo por la poca extensión que tienen, sino por la manera en que uno se deja envolver por la trama cual si se tratara de una telaraña y uno aguardara con temor a que la araña se aparezca a la vuelta de una página.
Una araña monstruosa, eso son los libros de César Aira.
Esta, Las Noches de Flores, consta de 140 páginas que en otro formato menos mercadológico hubiera alcanzado quizás hasta la página noventa. César Aira explora el mundo de los delivery de pizzas Show y de la heladería Freddo, reflexiona sobre la vejez, las relaciones de pareja, de la farsa del arte contemporáneo, del hampa y de otras cosas que es mejor no adelantar para no aguarle la lectura a nadie. Las Noches de Flores suena poético, pero no tiene que ver con flores en el sentido literal, sino con uno de los barrios céntricos más famosos de Buenos Aires donde transcurre toda la acción de la novela. El barrio de César Aira. César Aira cree en el precepto de Tolstoi: pinta tu aldea y te harás universal.Y supongo que esto lo ha hecho en la mayoría de sus hilarantes libros o quizás no. Pero en este lo hace. Y además, lo hace con una maestría y un talento, que a falta de encontrar un epíteto, diría que se trata de un talento Argentino.
Al terminar la novela, anoté en mi libreta una lista con los lectores ideales de una novela de César Aira. O más bien con lectores a los que me gustaría estudiar su cerebro mientras leen los libros de César Aira.
La reproduzco aquí.
Chavez
Rafa Rosario
Karen Summer
Tony Raful
David Hasselhoff
Pitol
(Sergio Pitol que vino a Santo Domingo y les dejó de tarea a los intelectuales dominicanos que leyeran a César Aira)
Las siguientes son algunas notas extraídas de Las Noches de Flores.
Sobre los delivery.
Pero quedaba latente un sentimiento de eficacia milagrosa, que se explicaban por las ventajas de la vida moderna, pero en el fondo permanecía sin explicación, y ese resto mágico, aunque oculto y subliminal, recaía sobre el sistema de delivery, invistiendo a sus manifestaciones visibles, los repartidores, de un aura de poder y misterio.
Sobre la felicidad.
Aldo y Rosa habían cruzado las aguas procelosas de la vida y habían llegado a las playas calmas de la felicidad. Ese era el único viaje que valía la pena, y desde su punto de vista era un viaje de vuelta. Sólo en las novelas la felicidad tenía que ver con las aventuras, con la riqueza, con el amor, con la belleza... En la realidad era una espera, una espera infinita. Aldo y Rosa habían encontrado la felicidad al cabo de un proceso automático en el que no habían tenido que hacer nada, salvo esperar que llegara.
Sobre las monjas y los policías.
Con la crisis que estaba viviendo el país, las academias de policía funcionaban a pleno, su matrícula estallaba, los jóvenes hacían cola para anotarse. Era un trabajo seguro, estable, y a pesar de que los sueldos no iban más allá de la supervivencia, tal como estaban las cosas era lo más que podía esperarse. El fantasma de la desocupación y la marginalidad llevaba a miles de jóvenes que en otras circunstancias habrían sido obreros o empleados a optar por el uniforme. Lo mismo estaba pasando con las monjas. Salvadas las diferencias, el convento también ofrecía una deseable estabilidad, alojamiento y comida, y un lugar en el mecanismo social. Esa motivación dejaba de lado la vocación y el compromiso, y liberaba a las monjas de la obligación de creer en Dios, así como liberaba a los policías de la necesidad de creer en la Ley.
Sobre la honestidad de los Funcionarios Públicos:
- Si lo hubieras hecho mal desde el principio, nadie esperaría nada de vos.
- Tampoco tendría el puesto que tengo.
- Sí lo tendrías.
- No. Lo conseguía por la calidad de mi trabajo, no por maquinaciones políticas como casi todos mis colegas. Ellos sí pueden hacerlo mal, y nadie espera nada de ellos...
- ¡Es una paradoja!
Sobre el Arte Contemporáneo.
- Otra causa sobredeterminante es el subsidio al arte. La necesidad de dar empleo al dinero excedente en el capitalismo postindrustrial ha puesto el pago antes que el trabajo, y vemos crecer la cantidad de artistas que son mantenidos y premiados por su arte antes de que hagan las obras. Cuando les llega la hora de hacerlas, hacen cualquier cosa.
miércoles 25 de julio de 2007
Borges de Adolfo Bioy Casares (3)
... Piñera dice que Lovecraft es superior a Bradbury; que es el Poe de esta época. Borges me dirá después: "Lovecraft no es superior a ninguno de los otros dos: es muy cheap. El Poe de esta época, o el Dostoievski de esta epoca, if any, no son escritores que imitan o se parecen a Poe y a Dostoievski. Tendrán que ser escritores originales y extraordinarios, no facsímiles de nadie. Por cierto que Sabato, con su escaso Túnel, no es un facsímil de Dostoievski."
Página 169, 170 y 172. Borges de Adolfo Bioy Casares
sábado 21 de julio de 2007
Borges de Adolfo Bioy Casares (2)
Página 141. Borges de Adolfo Bioy Casares.
domingo 15 de julio de 2007
Borges de Adolfo Bioy Casares(1)
Página 39. Borges de Adolfo Bioy Casares.
martes 10 de julio de 2007
Mis Videos Favoritos: Entrevista a Adolfo Bioy Casares
domingo 8 de julio de 2007
Bioy Casares versus Julio Cortázar
Se ha comentado hasta el hartazgo la relación que existe entre el cuento Un Viaje o El Mago Inmortal de Bioy Casares y La Puerta Condenada de Julio Cortazar. (El segundo es sin duda alguna uno de mis cuentos preferidos). Muchos hablan de correspondencia entre dos genios; de la premisa de que en un momento una idea determinada está disponible, de que se encuentra flotando en el aire, aguardando que espíritus afines a dicha idea la asimilen. Otros hablan de telepatía, de transferencia junguiana y otros de mera casualidad. Supongo que todos los misterios empiezan desde que uno se sienta y logra escribir una historia tan convincente que uno mismo se crea que realmente ocurrió.
En el caso de estos cuentos, es como si Cortazar y Bioy (que nacieron en el mismo año) se levantaran una mañana después de tener el mismo sueño y posteriormente lo escribieran. Ambos cuentos están centrados en negociantes que emprenden un viaje a Montevideo tomando el vapor la Carrera. Llegan a la ciudad y mientras Petrone (el protagonista de La Puerta Condenada de Cortazar) se hospeda en el Hotel Cervantes, el narrador de Bioy (del que nunca sabemos el nombre) se queda en el hotel La Alhambra. Sin embargo, esto se debe a un error. En Un Viaje o El mago Inmortal se lee: Juraría que al Chauffeur del taxímetro le ordené: “Al hotel Cervantes.” Cuántas veces, por la ventana del baño, que da a los fondos, con pena en el alma habré contemplado, a la madrugada, un árbol solitario, un pino, que se levanta en la manzana del hotel. Miren si lo conoceré; pero el terco del conductor me dejó frente al hotel La Alambra. Le agradecía el error, porque me agradan los cuartos de La Alambra, amplios, con ese lujo de otro tiempo; diríase que en ellos puede ocurrir una aventura mágica.

Avanzando por los cuentos, notamos cómo las coincidencias se repiten. El personaje de Bioy entra a un cine y ve una película; el de Cortázar se niega a entrar. De noche, Petrone escucha unos llantos de bebé que vienen de la habitación contigua, a través de una puerta condenada, mientras el personaje de Bioy escucha una pareja que hace el amor intensamente en la habitación del lado. Cuando Cortázar empieza el cuento de esta manera A Petrone le gustó el hotel Cervantes por razones que hubieran desagradado a otros. Era un hotel sombrío, tranquilo, casi desierto. Un conocido del momento se lo recomendó cuando cruzaba el río en el vapor de la carrera, diciéndole que estaba en la zona céntrica de Montevideo… me gusta pensar que el conocido del momento es el lascivo personaje de Bioy que está a bordo del Carrera a un lado del personaje de Cortázar. No voy a comentar el desenlace del cuento por razones obvias, pero es tan increíble la semejanza que la primera interrogante que le surge a cualquier lector es quién plagió a quién. Bioy Casares visitó a Cortázar en los setenta y hasta lo fotografió. En esa ocasión, conversaron sobre dicho cuento, se rieron mucho ante la coincidencia y creo que después hablaron sobre vampiros.
Cortazar opinó que en la coincidencia había un mensaje indescifrable, una tercera voluntad.
En la página 175 de sus Memorias, Bioy comenta: Un crítico señaló extraordinarios paralelismo entre” Un viaje o el Mago Inmortal” y un cuento de Cortázar. Yo sentí esa coincidencia como una gratísima prueba de afinidad entre dos amigos.
En una entrevista de Tomás Barna, Bioy responde lo siguiente:
Bioy Casares.- Sobre Cortazar le voy a contar que estando él en Francia y yo en Buenos Aires escribimos un cuento idéntico. Empezaba la acción en el vapor de la Carrera —como se llamaba entonces— que salía de Buenos Aires a las 10 de la noche y llegaba a la mañana siguiente a Montevideo. El protagonista iba al hotel Cervantes, que casi nadie conoce. Y así, paso a paso, todo era similar, lo que nos alegró a los dos. Realmente nos queríamos mucho con Cortazar. Hemos sido muy muy amigos, habiéndonos visto cinco o seis veces en la vida.
T.B.- Con él no era muy difícil hacer buenas migas, por su forma de ser, cuando él encontraba un espíritu sensible y afín.
Bioy Casares.- Sí. No era difícil cuando encontraba un espíritu afín, pero le puedo decir que era bastante bravo; mucho más que yo.
*Foto del Hotel Cervantes de Vanellus Chilensis.
jueves 21 de junio de 2007
La Aventura de un Fotógrafo en la Plata de Adolfo Bioy Casares

Pero vamos a la novela. De nuevo el título. La Aventura de un Fotógrafo en la Plata. Se trata de un título anacrónico. Pero al igual que en varios de sus libros, el título sirve para describir con precisión el contenido de la novela, lo que supongo que debió traerle fuertes dolores de cabeza a los editores que siempre buscan la extravagancia de los títulos y las portadas, como esos de Anagrama o de Alfaguara que en ocasiones sus portadas no tienen nada que ver con el contenido del libro.
Dividida en 63 minuciosos capítulos y con una extensión de 183 páginas (de acuerdo a mi edición de Alianza Tres), La Aventura de un Fotógrafo en la Plata cuenta las peripecias de Nicolasito Almanza, joven de provincia, que es enviado a la ciudad de la Plata a tomar fotografías para ser incluidas posteriormente en un libro. Durante su recorrido por ciudad de La Plata con cámara en ristre, se ve envuelto en una serie de acontecimientos y de situaciones hilarantes que recuerda a lo mejor de la novela picaresca. Al mismo tiempo, se reiteran una serie de argumentos que Bioy nos tiene acostumbrados en su narrativa, tales como los intríngulis del amor, la fisura entre la realidad y la ficción, y sobre todo, la perfecta construcción de personajes secundarios, personajes que entran y salen a su debido momento y que siempre cumplen una función determinada con la trama.
También debemos resaltar la manera en que Bioy nos va moviendo por los lugares más significativos de La Plata: la casa de Alma Fuerte, La Plaza Rocha, el Parque Moreno, el zoológico, el monumento al Almirante Brown, etc. Se puede diseñar un mapa para ir siguiendo el recorrido que hace Nicolasito Almanza por La Plata (este es un consejo gratis para el ministro de Turismo de La Plata o para el Ayuntamiento o para quien pueda interesar)
Sobre La Plata, uno de los personajes de la novela comenta: Una Ciudad Nueva, de gran pasado. Su pasado es de cuando el país tenía futuro.
La novela comienza con la siguiente oración: Alrededor de las cinco, después de un viaje en ómnibus, tan largo como la noche, Nicolasito Almanza llegó a La Plata. A pocos minutos de su llegada, Almanza se encuentra con una extraña familia, compuesta por Juan Lombardo, el padre, sus dos hijas, Julia y Griselda, la prole de Griselda, una niña de cuatro años y un bebé. De alguna manera, el encuentro casual con esta familia prefigura el desenlace de los siguientes capítulos de la novela, que a medida que la trama va avanzando se tornan y tornan más descabellados.
Se trata de uno de esos comienzos determinantes. Esos comienzos diabólicos con que arrancan El Maestro y Margarita de Bulgakov o el Watt de Beckett.
Nicolasito Almanza parece tío o papá del García Madero de los Detectives Salvajes de Bolaño. Un personaje ingenuo, inocente, que realiza reflexiones de este tipo: Francamente no tengo ganas de llevarla a un hotel.
Por ejemplo, Enrique Vila – Matas hace dicha observación, en la página 73 de El Viento Ligero en Parma, refiriéndose a los Detectives Salvajes de Roberto Bolaño: El ingenuo diarista tiene una voz con ecos del protagonista de La Aventura de un fotógrafo en La Plata de Bioy Casares (uno de los autores más familiares al mundo literario de Bolaño).
Y más adelante, en la página 112 del mismo libro, refiriéndose a Bioy, Enrique Vila – Matas escribe: Quienes admiramos su obra, sabemos que, aunque no esté él para defenderla, libros como La Invención de Morel o La Aventura de un Fotógrafo en La Plata (mi libro de Bioy preferido) se defienden solos.
En la página 76 de La Aventura de un fotógrafo en La Plata, Bioy medita sobre la fidelidad y nuestra sociedad matriarcal:
- Todo lo que puede pasar es un revolcón, pero después vuelve a mí, como siempre. Y si por una casualidad yo hiciera otro tanto, el resultado no varía. Es claro que para él las cosas son fáciles, porque las mujeres son más naturales. Y más vivas. No se dejan engañar por lo que dicen, no sé si me entiende. ¿Quiere una prueba de que son más vivas? Gobiernan el mundo. Los hombres se limitan a repetir lo que ellas les inculcaron. Fíjese, los hombres siempre fueron andariegos y mujeriegos, enemigos de las ataduras. Desde que se tiene memoria, las mujeres buscaban el casamiento y los hombres como podían lo evitaban. Ahora todo eso cambió. Ni les hable a los hombres de una aventura pasajera. Quieren formar pareja y construir algo, no saben qué. Repiten lo que las mujeres les dijeron. El resultado está a la vista. Hoy en día la mujer que pretende una aventura pasajera es una sobreviviente de otra época. No quedan hombres para ella. Entre los que quieren construir algo y los maricas, no quedan hombres. ¿Usted qué piensa?
- Francamente, no sé.
También, en la página 121, se pone a filosofar a través de un personaje y a darle consejos a la juventud:
- Claro, pero no hay que desperdiciarla. Te prevengo: la vida pasa pronto y estás en una edad peligrosa. Hasta los treinta, la gente no hace más que fornicar.
- ¿Y después?
- Nada cambia. Leí no sé dónde que la vida se compone de nacer, fornicar y morir. El resto no será más que yugo, para ganar el sustento, y representación (la llamada cultura), un teatro para quedar bien ante los otros y uno mismo.
lunes 18 de junio de 2007
Una Muñeca Rusa de Adolfo Bioy Casares

Nos despedimos.
martes 12 de junio de 2007
Un Campeón Desparejo de Adolfo Bioy Casares

martes 5 de septiembre de 2006
El factor Borges
Empieza de la siguiente manera. En una de las conferencias de nuestra feria del libro pasada, Giselle Rodríguez Cid levanta la mano y le pregunta a María Kodama sobre el libro El Factor Borges de Alan Pauls. Todos nos quedamos contemplando a María Kodama que se ha quedado mirando a Giselle, pero María Kodama no dice nada o dice que no va a responder la pregunta o sencillamente se encoge de hombros y bebe de su vaso de agua. Meses después leí El Factor Borges, pensando en la rara actitud de María Kodama y buscando el nombre de ella sin lograr encontrarlo.
Pedro Henríquez Ureña, quien avistó el factor Borges antes que naciera Alan Pauls, escribió lo siguiente: "Habrá quienes piensen que Jorge Luís Borges es original porque se propone serlo. Creo al revés: Jorge Luís Borges será original hasta cuando se proponga no serlo. Lo es hasta en su manera de recordar, de usar las reminiscencias que le ofrecen sus lecturas innumerables. Lo es, en fin, porque le ha tocado en suerte una de esas pocas miradas que conservan a través de los años la avidez y la frescura de descubrir las cosas y porque sus maneras de decir son siempre nuevas, como ajustadas a sus maneras siempre nuevas de mirar”.
Ese comentario de Pedro Henríquez Ureña bien pudiera servir para describir el proceso de análisis de los ensayos que componen El factor Borges. Escrito por Alan Pauls e ilustrado por Nicolás Helft, personaje de quien Roberto Bolaño presumía que se trataba de una invención de Alan Pauls y que en sí es un famoso coleccionista de artículos y artefactos borgeanos. Fotos, dibujos, imágenes materiales iconográficos sirven para ilustrar y para reforzar el texto redactado por Alan Pauls, que se compone además de notas a pie de página, de un mapa de lectura y de una serie de referencias pertinentes.
Alan Pauls explica que nunca le interesó Borges como individuo, sino más bien como literatura. Por esa razón, En el Factor Borges, rescata a un Borges totalmente diferente, no al Borges héroe, salvador de las letras castellanas, ni al Borges antihéroe de ultraderecha, sino al hombre que vivió entre un mundo de paradojas y que hizo de esas paradojas y de su circunstancias personales, una de las literaturas más preciadas de todos los tiempos. Mientras María Kodama nos pide que agradezcamos a Borges que haya escrito en español y no en ingles, Alan Pauls resalta el escenario que Borges construyó en torno suyo, la importancia de ese círculo argentino para él y de esa tradición argentina de intelectuales que lo influyeron y que él al mismo tiempo influyó.
En este momento que escribo, debe haber un montón de gente escribiendo ensayos o artículos sobre la obra de Jorge Luís Borges, artículos que sirven de pretexto para que una serie de pedantes se explayen en textos soporíficos y aburridísimos. Leamos el Factor Borges de Alan Pauls, pensando en encontrarnos con la literatura de Borges y no con otra cosa.
lunes 7 de agosto de 2006
Jardines de Kensington de Rodrigo Fresán

Hace unos días, un amigo me prestó la novela y desde entonces la he estado leyendo. Inmediatamente la tuve entre mis manos, reflexioné acerca de la costumbre que tienen los libros de Rodrigo Fresán de no aparecer nunca en las librerías de Santo Domingo.
En la portada de Jardines de Kensington, se divisa a Michael Llewelyn Davies, disfrazado de un agreste Peter Pan. La foto fue tomada por James Matthew Barrie con la intención de buscar un modelo para la estatua de Peter Pan que iban a erigir en los jardines de Kensington. Michael Llewelyn Davies sostiene un palo y mira a la cámara como si estuviera repitiendo en la cabeza el mantra de Peter Pan: no voy a crecer, no voy a crecer, no voy a crecer, y estuviera a punto de golpear a alguien si le plantea lo contrario. Podemos decir que la novela Jardines de Kensington es el largo monólogo de un escritor de novelas infantiles llamado Peter Hook. En casi cuatrocientas páginas, leemos los balbuceos de un escritor psicópata que a través de la excéntrica vida de J. M. Barrie, el afamado escritor escocés, va ensamblando su pasado, como si se viera en un espejo y la imagen que le devolviera la hoja del espejo fuera la de Barrie. Con esto como pretexto, Peter Hook cuenta y cuenta durante toda una noche, su vida y la vida de J. M. Barrie y sobre todas las cosas, la vida de Peter Pan, aquel niño que se rehusó a crecer. Como trasfondo a este dilema, aparece la ciudad de Londres, un Londres victoriano de finales del siglo XIX y principios del siglo XX, que Rodrigo Fresán alterna con los Swinging Sixties y la época actual.
En una entrevista, Rodrigo Fresán enmarcó su obra dentro del realismo Lógico, movimiento que se inventó él mismo y del que se considera único miembro. Pensemos en Rodrigo Fresán como heredero del elemento más rico y caracterizador de la literatura argentina: el cosmopolitismo. Muchos han calificado a Rodrigo Fresán como un Borges Pop, al tiempo que otros lo consideran el novelista más prometedor de la actual literatura latinoamericana. Sea lo que sea, Rodrigo Fresán se ha ganado el puesto de imprescindible.
En la página 39 de Jardines de Kensington escribe: Los libros como punto de fuga, como sitio desde el cual descolgarse y dejarse caer y salir corriendo para adentrarnos sorpresivamente ágiles y veloces en el bosque. No es casual, pienso, que los libros están hechos con la carne de los árboles y que las bibliotecas, finalmente, acaben convirtiéndose en bosques petrificados, en ramas y raíces que se hunden en nosotros y florecen en nuestra imaginación.
Leamos Jardines de Kensington pensando en lo anterior.
viernes 3 de junio de 2005
Mantra de Rodrigo Fresán
No voy a hacer una reseña de Mantra de Rodrigo Fresán porque ya en el pasado hablé mucho de ese libro y lo recomendé a un montón de personas. La vaina es que yo recomendaba el libro sin siquiera haberlo leído. El domingo pasado finalmente leí el libro. La lectura fue maratónica y empezó la madrugada del domingo y acabó, minutos después de la puesta del sol, conmigo sentado en un banco frente al río Chicago y las gaviotas y los edificios y las calles vacías, ya que el downtown estaba desahuciado como si se hubiera detectado una epidemia masiva y yo no lo supiera o no me importara porque lo único que me importaba era el libro y hacia que lugar se dirigía éste. Mantra se debe leer de una sentada aunque se lea parado, pero de una sentada. Si se trabaja pedir vacaciones en el trabajo para leer a Mantra. Si se es escritor dejar de escribir para leer a Mantra. Si se es ladrón dejar de robar para leer a Mantra. Si se es soñador despertarse para leer a Mantra. O leer a Mantra para seguir soñando.
La primera vez que hablé de Mantra fue hace como dos años atrás en que lo único que sabía del libro era una entusiasta reseña que acababa de publicar Roberto Bolaño sobre la novela. Estaba sentado en el parque Duarte bebiéndome una cerveza junto a Mario Nuñez y conversábamos de un montón de cosas hasta que acabamos hablando de películas bizarras, de una revista hardcore chilena y del libro de Rodrigo Fresán, porque en esos días si hablaba mucho de literatura o arte o de lo que fuera, comentaba de paso ese libro excéntrico que se había escrito acerca de México, un libro exótico y que yo pensaba que sólo unos cuantos elegidos lo habían leído. Mario Nuñez quedó maravillado con lo que le conté del libro pero no lo pudo adquirir, al igual que yo, al igual que un paquetón de amigos, ya que el libro ha tenido poca distribución. Reviso la última página del libro y me doy cuenta de que esta edición apenas es de dos mil ejemplares. El libro pertenece a la editora Mondadori y pertenece a la colección año 0. Esta colección incluye también la novela corta de Roberto Bolaño, Una novelita lumpen, entre otras.
Me he prometido no hacer una reseña del libro. Lo único que puedo decir es que se compre el libro y se lea varias veces. Pero ya que estoy hablando del libro voy a copiar algunas oraciones ingeniosas que he subrayado.
Yo soy la maldita cucaracha de esa canción en que Kafka y México comulgan en un insecto resistente.
Ver una película es lo más parecido a soñar y soñar es lo más parecido a estar muerto y estar muerto es lo más parecido a soñar que uno está viendo una película.
Alguien me dijo que Bob Dylan compuso Like a rolling stone a partir de la inversión - la marcha atrás - del riff original y sin dueño de la Bamba
(Este que recuerda un diálogo de Zelig de Woody Allen)
Mi padre siempre estaba borracho y le pegaba a mi madre. Mi madre siempre estaba borracha y me pegaba a mí. Yo no tenía nadie a quien pegarle, así que opté por aprender a luchar.
...asombrándonos tantos años después por la poca distancia que separaba entonces al ejecutor del ejecutado, y ahora, del ejecutivo.
Así me habla Joan Vollmer, esto es lo que me dice mientras fuma varios cigarrillos invisibles. Me dice que son cigarrillos de marca diferente: unos la hacen hablar en primera persona, otros en tercera persona, en ese entrecortado y espamódico idioma sísmico que es el lenguaje internacional de los muertos.