Mostrando entradas con la etiqueta Ciclo Argentino. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ciclo Argentino. Mostrar todas las entradas

lunes 10 de septiembre de 2007

Zama de Antonio Di Benedetto

¿Por qué no había leído Zama antes? ¿Por qué en el bachillerato la profesora Basilia no nos puso a leer Zama o el profesor Finito o el difunto profesor Toribio? ¿Por qué nos puso a leer novelas de Carpentier o los Cuentos de Quiroga en vez de Zama? Zama está ambientada en una colonia española, en el periodo que va de 1790 a 1799. Narrada por Diego de Zama, un funcionario de la corona española en Asunción del Paraguay que aguarda ser trasladado a Buenos Aires donde están su esposa y su hijo, la novela sin tratar de ser filosófica se convierte en una de las novelas más existenciales y filosóficas publicadas en hispanoamérica.

A diferencia de las novelas de época, Di Benedetto no pierde el tiempo describiendo lugares, vestidos, costumbres. En lo que a Carpentier le toma describir una pistola, Di Benedetto nos explica la manera más honorífica de desarticular un duelo. En lo que Carpentier describe un corsé, Di Benedetto se lo quita y fornica con la moza en cuestión.

Di Benedetto es tan preciso que pareciera que la novela hubiera sido escrita por el narrador Don Diego de Zama. Como si Diego de Zama se hubiera comunicado telepaticamente desde esa época y le dictara sus impulsos, sus pensamientos y sus deseos a Di Benedetto.

La puntería verbal de Di Benedetto se debe a que éste, por ejemplo, no describe la espada que lleva Don Diego de Zama ya que uno tiene esa imagen visual de que en esa época los hombres portaban una espada como hoy portan pistolas, y punto. Cuando se habla de una espada, es porque tiene una función en el texto.

Por consiguiente, la belleza del lenguaje de Di Benedetto está en su prosa aséptica... en su desnudez. En la ausencia de adornos. Un lenguaje preciso que logra que las rodillas de los grandes novelistas barrocos latinoamericanos tiemblen.

Párrafos cortos; pasajes que se van escidiendo; diálogos como susurros o imprecaciones; capítulos divididos en una serie de planos. Hasta visualmente, Zama y en otros textos de Di Benedetto que he leído, nos dan a entender la continuidad o la fijeza.

Zama es otra de las sorpresas de la literatura argentina. Pudiera decir que es inasible, no por su estructura, sino más bien por su simbología. Don Diego de Zama es una especie de alienado, que al igual que los personajes kafkianos o existencialistas, intentan avanzar de un punto a otro sin moverse. Está condenado a la espera, a que lo reubiquen y lo envíen a Buenos Aires o Santiago de Chile o quizás a Madrid. Durante la espera, Don Diego de Zama se vuelve adicto sexual, se enamora, riñe, brecha mujeres, se queda sin dinero, procrea un hijo, borronea cartas de amor, se queda sin dinero, es asaltado, golpeado, engañado, vende el caballo, se queda sin dinero, etc.

Podemos leer a Zama (por qué no) como reflexión de nuestra propia espera. Algo así como a lo que se refiere Elianne Defillo cuando escribe:
El cansancio: esa cruz
que llevamos
los latinoamericanos.

En las últimas páginas de la novela, el regimiento de Don Diego de Zama se topa con una tribu. Se trata de una tribu que habían cegado con cuchillos encendidos al rojo (pág. 251) otra tribu y que ahora son guiados por sus niños y deambulan a través de la selva sin ningún destino. En la página 252 Di Benedetto escribe: Cuando la tribu se acostumbró a servirse con prescindencia de los ojos, fue más feliz. Cada cual podía estar solo consigo mismo, no existían la verguenza, la censura y la inculpación; no fueron necesarios los castigos. Recurrían los unos a los otros para actos de necesidad colectiva, de interés común: cazar un venado, hacer techo a un rancho. El hombre buscaba a la mujer y la mujer buscaba al hombre para el amor. Para aislarse más, algunos se golpearon los oídos hasta romperse los huesecillos.

Y esto es.

miércoles 5 de septiembre de 2007

Cumpleaños de César Aira


Al mediodía, le contaba a mi novia que debiéramos agenciarnos todos los libros de César Aira. Si no me equivoco, su obra está compuesta por más de sesenta libros. Me gustaría tenerlos todos a mano y poder ir revisándolos uno a uno, releyendo las partes subrayadas y las notas dejadas en los margenes de los libros. Me imagino una biblioteca como la que tiene el tipo de la película Caché con los estantes repletos de los libros escritos por Aira y de los libros que ha de escribir. Quisiera que César Aira viviera hasta los cien años para que escribiera esos libros que se pueden leer de un tirón.

Hace treinta y cinco minutos acabé de leer Cumpleaños, publicado por Mondadori, en un bello formato donde se distingue una luna en la portada. Cumpleaños es una reflexión sobre el oficio de escritor de César Aira a propósito de su cumpleaños cincuenta. Esto es simpático. Primero, significa que estoy leyendo esta novela con un atraso de ocho años, debido a que Aira cumplió los cincuenta en el 1999. Segundo, que en la época de Dante o incluso más atrás, cuando Aristóteles o cuando se escribió el Eclesiastés o uno de esos, la mitad de vida de los intelectuales era de 35 años, ahora aparentemente, es de 50. Lo que es genial. Porque significa que Aira va a llegar a los 100. Y eso significa más libros capaces de llenar esos estantes.

Pero vamos a la obra. César Aira se da cuenta de que no sabía ciertas cosas sobre la luna que le enseñan a uno en cuarto curso de primaria. (Se da el caso de que yo tampoco sé eso). Esto, más su cincuenta cumpleaños, el retorno a su pueblo, lo llevan a que reflexione filosoficamente sobre su obra. Pasajes como los de la mesera escritora, el matemático Evariste Galois y otros más que le gustarían haber escrito a Javier Marías o Paul Auster o Pitol o Vila Matas. Etc.

César Aira escribe en las páginas 44 y 45: Los artistas son gente bastante extravagante, pero yo diría que no es el arte el que los hizo raros, sino que la rareza los llevó al arte. O quizá hay un efecto recíproco. Sea como sea, esta dialéctica de cifra pasiva y activa resolvería las aporías tan intrigantes de Vida y Obra. Buscar lo nuevo y lo raro en la obra artística no es la tarea frívola y vanidosa que parece ser, en primer lugar porque no se trata de buscar sino de haber encontrado.
Escribe en la página 47: En realidad, nada sirve para nada. Se pueden leer miles de libros y seguir siendo un ignorante, como me lo demostré de modo concluyente con la Luna. Escribe sobre su estilo tan particular en la página 32: Como tantos, yo hice de necesidad virtud, y de esa falta de estilo mi estilo. Igual que el tiempo, el concepto de estilo es un continuo que lo cubre todo, hasta sus propias negaciones. Así es como llegué a ser un escritor conocido y celebrado. No habría podido hacerlo de otro modo, porque si hubiera querido ser como los demás habría tenido demasiada competencia, y casi todos lo habrían hecho mejor que yo.

En fin, me gustaría ser uno de los personajes de Aira. Un dominicano que se pasee a lo largo y ancho de los libros de Aira como el soldado ese que se paseaba entre las películas de Fassbinder siempre voceando hello a la cámara y a los actores. Espero que Aira lea esto y lo considere.

lunes 3 de septiembre de 2007

No habrá más penas ni olvido de Osvaldo Soriano

Sentado en un Banco, esperando que me cambiaran un cheque, me puse a leer No habrá más penas ni olvido de Osvaldo Soriano. Llegué a la mitad de la novela en el Banco y la otra mitad la leí en mi habitación. Me divertí, me reí y no solté la novela hasta que se acabó. Pero vamos a poner en claro algo, No habrá más penas ni olvido, se trata de un guión cinematográfico, no de una novela.

Quizás esto suena pretencioso de mi parte. Puede ser. Pero durante estos días no he dejado de pensar en esto, en reflexionarlo.

El texto es tan visual que parece haber sido escrito con la intención de llevarlo al cine. Incluso muchas de las partes humorísticas del libro, sobre todo las patadas, las trompadas, los intercambios de disparos, las explosiones y los tropezones de las personajes, funcionan más filmados que leídos. Por ejemplo, cuando matan a un loco, cuando explota un edificio, cuando le ponen dinamita a una celda y esta explota, cuando un avión arroja mierda sobre un pueblo, etc.

Además, esta el lenguaje. Un lenguaje llano y directo. Los párrafos están repletos de diálogos, diálogos buenísimos, como son todos los que salieron de la máquina de escribir de Osvaldo Soriano. Pero diálogos que urgen por ser representados y actuados.
La novela, por supuesto, fue adaptada al cine en 1983, al igual que varios de los libros de Soriano. Se hizo en inglés y se tituló Funny Dirty Little War y ganó un premio de la bienal de Berlín. Después de Manuel Puig, Soriano es el escritor argentino más cercano al cine. La verdad no sé que quiero decir con esto último. Mejor me callo.

jueves 16 de agosto de 2007

El Presidente del Mundo y Manuel del Cabral

Había en la década del ‘60 un personaje que se atribuía a sí mismo una responsabilidad tan importante, que varios intelectuales del bar La Paz le habían hecho una credencial en cuero y dorado para que se identificara en cualquier circunstancia, con la foto de él y el cargo; y este personaje -impecablemente vestido- que recorría la calle Corrientes, en
Buenos Aires, para intervenir en cualquier alternativa en que se necesitara
una autoridad, cuando veía que algo estaba pasando en un operativo policial, judicial, municipal o militar, intervenía inmediatamente para poner las cosas en orden, mostraba su maravillosa credencial y se identificaba: “Soy el Presidente del Mundo”.


El conocido escritor Manuel del Cabral tenía la costumbre de recorrer las librerías de la calle Corrientes, también en Buenos Aires, hacerse pasar por interesado lector, y de esa manera, tomando uno y otro libro, colocar los suyos propios adelante o encima de todos los demás. Pero un día el Presidente del Mundo - que también recorría diariamente la calle Corrientes en prevención de irregularidades- se dio cuenta de la maniobra, y por esa razón ambos discutieron agriamente en la puerta de una librería, hasta que el Presidente del Mundo, que era grandote, ante la obstinación y la facilidad de palabra de Manuel del Cabral, se puso nervioso y le tiró una terrible trompada, y como Manuel del Cabral se agachó, rompió estruendosamente la vidriera del viejo librero Palumbo, ante lo cual los dos se asustaron y salieron corriendo a toda velocidad.
Del libro “Argentinos: ¡El mundo nos queda chico!”, de Carlos María Caron, Metafrasta Ediciones

martes 7 de agosto de 2007

Una sombra ya pronto serás y Cuartel de Invierno de Osvaldo Soriano

A la literatura argentina no se llega en avión como quizás se llega a otros ámbitos literarios latinoamericanos. A la literatura Argentina se llega descendiendo en una nave espacial. Definitivamente, la literatura argentina es un planeta. Cada escritor es una isla, o es un continente. Hay tanta diversidad. Leyendo dos novelas de Osvaldo Soriano llegué a esta pueril conclusión. La primera me la prestó mi amigo Leandro y se denomina Una sombra ya pronto serás. Es una road novel, no al estilo de Kerouac, sino más bien al estilo del suicida Hunter Thompson. Al estilo de Motel Chronicles de Sam Sheppard. Pero ojo, no al estilo del Paris, Texas de Wim Wenders.

Los personajes de esta novela parecen seres sacados de una pesadilla de hongos. La Pampa funciona como metáfora de un laberinto que aparentemente es la Argentina de finales de los ochenta de la que todo el mundo estaba emigrando.
La Pampa es el principal protagonista de la novela. Y no puede emigrar por el mero hecho de que está pegada al suelo.

Ayer, Alejandro, un amigo argentino, m
e contaba que el problema con su país es que su economía sufre de altibajos. Por años es un país primer mundista y por años un país tercermundista.

Argentina es La Pampa que Soriano describe en la novela. Es un espacio infinito. Laberíntico. En ciertos momentos, se habla de un personaje que va caminando a lo lejos y la manera en que se puede ir siguiendo el recorrido de éste por horas sin importar que el personaje se transforme en un punto cada vez menos visible.

Por otro lado, está la novela Cuartel de Invierno que compré hace una semana. Y que leí de un tirón. Si no me equivoco, el mismo Osvaldo Soriano dijo que esta era su mejor novela. Trata de un cantante de tangos y un boxeador que invitan al festival de un pueblo en plena dictadura militar de Videla. El cantante de tangos es cabeza caliente. Los militares le piden autógrafos y luego le dan una salsa. Hay una mujer desnuda, hay abuso de poder, un helicóptero que va a caer sobre una multitud pero no cae, asesinatos, ejecuciones, borrachos, trompadas. La novela que empieza como una picaresca se va tornando a medida que van quedando menos páginas en la radiografía de una sociedad represiva. En menos de quince páginas, uno pasa de la risa a la mueca. De lo gracioso al horror. El pasaje final del libro es bárbaro. Llegar ahí vale la pena. La novela da la vuelta como un compás. En esto me recuerda a Sostiene Pereira de Tabucchi, escritor italiano que sin duda pudiera pasar por escritor argentino.

domingo 29 de julio de 2007

Las Noches de Flores de César Aira

¡Cuanto me ha gustado esta novela! Me ha gustado tanto que la leo y la leo y la leo. Compré Las noches de Flores de César Aira en Plaza Lama. ¡Santas Carámbolas, César Aira en Plaza Lama! La subimos en el carrito de compras junto al queso, el azúcar, los vegetales, el papel de baño, la leche y el pan. Mientras esperábamos para pagar abrí el libro y leí la primera oración de la novela: Aldo y rosita Peyró, un matrimonio maduro de Flores, adoptaron un curioso oficio en el que eran únicos y despertaban la curiosidad de los pocos que se enteraban: hacían "delivery" nocturno para una pizzería del barrio.

A pesar de esto, no leí la novela de inmediato, quizás por mi lectura a tiempo completo de las mil seiscientos sesenta y tres páginas del Borges de Bioy Casares o por mi vagancia característica. Sea como sea, ayer saqué la novela de uno de mis estantes y la leí de un tirón. Porque las novelas de César Aira se leen de un tirón, no sólo por la poca extensión que tienen, sino por la manera en que uno se deja envolver por la trama cual si se tratara de una telaraña y uno aguardara con temor a que la araña se aparezca a la vuelta de una página.

Una araña monstruosa, eso son los libros de César Aira.

Esta, Las Noches de Flores, consta de 140 páginas que en otro formato menos mercadológico hubiera alcanzado quizás hasta la página noventa. César Aira explora el mundo de los delivery de pizzas Show y de la heladería Freddo, reflexiona sobre la vejez, las relaciones de pareja, de la farsa del arte contemporáneo, del hampa y de otras cosas que es mejor no adelantar para no aguarle la lectura a nadie. Las Noches de Flores suena poético, pero no tiene que ver con flores en el sentido literal, sino con uno de los barrios céntricos más famosos de Buenos Aires donde transcurre toda la acción de la novela. El barrio de César Aira. César Aira cree en el precepto de Tolstoi: pinta tu aldea y te harás universal.Y supongo que esto lo ha hecho en la mayoría de sus hilarantes libros o quizás no. Pero en este lo hace. Y además, lo hace con una maestría y un talento, que a falta de encontrar un epíteto, diría que se trata de un talento Argentino.

Al terminar la novela, anoté en mi libreta una lista con los lectores ideales de una novela de César Aira. O más bien con lectores a los que me gustaría estudiar su cerebro mientras leen los libros de César Aira.
La reproduzco aquí.
Chavez
Rafa Rosario
Karen Summer
T
ony Raful
David Hasselhoff
Pitol
(Sergio Pitol que vino a Santo Domingo y les dejó de tarea a los intelectuales dominicanos que leyeran a César Aira)

Las siguientes son algunas notas extraídas de Las Noches de Flores.

Sobre los delivery.
Pero quedaba latente un sentimiento de eficacia milagrosa, que se explicaban por las ventajas de la vida moderna, pero en el fondo permanecía sin explicación, y ese resto mágico, aunque oculto y subliminal, recaía sobre el sistema de delivery, invistiendo a sus manifestaciones visibles, los repartidores, de un aura de poder y misterio.

Sobre la felicidad.
Aldo y Rosa habían cruzado las aguas procelosas de la vida y habían llegado a las playas calmas de la felicidad. Ese era el único viaje que valía la pena, y desde su punto de vista era un viaje de vuelta. Sólo en las novelas la felicidad tenía que ver con las aventuras, con la riqueza, con el amor, con la belleza... En la realidad era una espera, una espera infinita. Aldo y Rosa habían encontrado la felicidad al cabo de un proceso automático en el que no habían tenido que hacer nada, salvo esperar que llegara.

Sobre las monjas y los policías.
Con la crisis que estaba viviendo el país, las academias de policía funcionaban a pleno, su matrícula estallaba, los jóvenes hacían cola para anotarse. Era un trabajo seguro, estable, y a pesar de que los sueldos no iban más allá de la supervivencia, tal como estaban las cosas era lo más que podía esperarse. El fantasma de la desocupación y la marginalidad llevaba a miles de jóvenes que en otras circunstancias habrían sido obreros o empleados a optar por el uniforme. Lo mismo estaba pasando con las monjas. Salvadas las diferencias, el convento también ofrecía una deseable estabilidad, alojamiento y comida, y un lugar en el mecanismo social. Esa motivación dejaba de lado la vocación y el compromiso, y liberaba a las monjas de la obligación de creer en Dios, así como liberaba a los policías de la necesidad de creer en la Ley.

Sobre la honestidad de los Funcionarios Públicos:
- Si lo hubieras hecho mal desde el principio, nadie esperaría nada de vos.
- Tampoco tendría el puesto que tengo.
- Sí lo tendrías.
- No. Lo conseguía por la calidad de mi trabajo, no por maquinaciones políticas como casi todos mis colegas. Ellos sí pueden hacerlo mal, y nadie espera nada de ellos...
- ¡Es una paradoja!

Sobre el Arte Contemporáneo.
- Otra causa sobredeterminante es el subsidio al arte. La necesidad de dar empleo al dinero excedente en el capitalismo postindrustrial ha puesto el pago antes que el trabajo, y vemos crecer la cantidad de artistas que son mantenidos y premiados por su arte antes de que hagan las obras. Cuando les llega la hora de hacerlas, hacen cualquier cosa.

miércoles 25 de julio de 2007

Borges de Adolfo Bioy Casares (3)

Lunes, 18 de junio. A la noche comen en casa Borges, Wilcock, Peyrou y dos maricas cubanos, de la revista Ciclón: Rodriguez Feo, el director, y Virgilio Piñera, el secretario de redacción. Rodríguez Feo es rico, buen mozo, menos literario que su amigo, más muchacho de sociedad, fisicamente recuerda un poco a Octavio Paz; Piñera es delgado, con cabeza de perro flaco de empuñadura de paraguas; es "modosito", silencioso, un poco lúgubre, no del todo incapaz de formular en la conversación frases (más o menos) construidas. Los dos tienen inconfundible voz y entonación de maricas. Si forman pareja, Piñera ha de sufrir por los éxitos y las infidelidades de Rodríguez Feo...

... Piñera dice que Lovecraft es superior a Bradbury; que es el Poe de esta época. Borges me dirá después: "Lovecraft no es superior a ninguno de los otros dos: es muy cheap. El Poe de esta época, o el Dostoievski de esta epoca, if any, no son escritores que imitan o se parecen a Poe y a Dostoievski. Tendrán que ser escritores originales y extraordinarios, no facsímiles de nadie. Por cierto que Sabato, con su escaso Túnel, no es un facsímil de Dostoievski."
Página 169, 170 y 172. Borges de Adolfo Bioy Casares

sábado 21 de julio de 2007

Borges de Adolfo Bioy Casares (2)

Sabado, 30 de julio de 1955. ... Hablamos del cuento; trata de que le demos una definición. BIOY: "el enfasis está puesto en el argumento; en la novela, en los personajes". BORGES: "El cuento puede contarse oralmente; con la novela, si usted no la lee, pierde lo esencial (ejemplos: Proust, Butler en The Way of All Flesh). En el cuento, puede estudiarse un personaje; en la novela, unos personajes influyen con los otros". COPLAND:" ¿No será una mera cuestión de extensión?." BIOY: "No creo: el Quijote es un cuento". BORGES: "Es claro. Groussac dice que iba a ser una "novela ejemplar", es decir un cuento; después Cervantes advirtió que podía alargarlo y por eso hay una segunda salida"...
Página 141. Borges de Adolfo Bioy Casares.

domingo 15 de julio de 2007

Borges de Adolfo Bioy Casares(1)

Lunes, 25 de julio de 1947. Anoche Borges dio una excelente conferencia sobre Swedenborg. Después conversamos un rato - Borges, Estela canto, Marta Mosquera, Wilcock, Silvina y yo - en un café de la calle Santa Fe, entre Libertad y Cerrito. Referí, como tantas veces, el apócrifo origen bestial de los apodos el gallo y el pollo. Borges contó el caso del comisario Bertoni. Se decía que hombres como el comisario Bertoni se habían acabado, que ya no habría más funcionarios con ese sentido del deber, de la justicia y de la responsabilidad. Una anécdota ilustraba estas prendas del comisario. Junto a la comisaría había un baldío y allá pastaba una potranca la que le había echado el ojo un muchacho del barrio,"un mozo pierna". Una madrugada, en la seguridad de que no habría nadie, el mozo se le acercó sigilosamente, la volteó y se la cogió. Bertoni, que no era sonso y que estaba en todo, había maliciado las intenciones del joven vecino y esa mañana había madrugado más de lo habitual. Desde el alero de la comisaría, donde mateaba, vigilaba el potrerito. En el momento oportuno se apareció en el lugar del hecho y sorprendió al mozo. Con aquel sentido del deber y de la responsabilidad que ya no volverá a verse, le dijo al mozo: "Bájate los pantalones", y ahí nomás le rompió el culo. Borges recordó riendo que también en la biblia se dice que hay que matar con la misma arma a la persona y al animal.
Página 39. Borges de Adolfo Bioy Casares.

martes 10 de julio de 2007

Mis Videos Favoritos: Entrevista a Adolfo Bioy Casares

domingo 8 de julio de 2007

Bioy Casares versus Julio Cortázar

Acabo de leer El Lado de la Sombra, publicado originalmente a principio de los sesenta y reeditado por Tusquets a principio de los noventa durante esa efervescencia que experimentó la obra de Bioy Casares y que condujo a que se reeditaran muchos de sus libros. Entre los cuentos que componen este volumen mis favoritos son El Lado de la Sombra, La obra, El Calamar opta por su tinta, Cavar un foso, Paradigma, y por supuesto, Un Viaje o El Mago Inmortal. Sobre este último me gustaría hacer un breve comentario.

Se ha comentado hasta el hartazgo la relación que existe entre el cuento Un Viaje o El Mago Inmortal de Bioy Casares y La Puerta Condenada de Julio Cortazar. (El segundo es sin duda alguna uno de mis cuentos preferidos).
Muchos hablan de correspondencia entre dos genios; de la premisa de que en un momento una idea determinada está disponible, de que se encuentra flotando en el aire, aguardando que espíritus afines a dicha idea la asimilen. Otros hablan de telepatía, de transferencia junguiana y otros de mera casualidad. Supongo que todos los misterios empiezan desde que uno se sienta y logra escribir una historia tan convincente que uno mismo se crea que realmente ocurrió.

En el caso de estos cuentos, es como si Cortazar y Bioy (que nacieron en el mismo año) se levantaran una mañana después de tener el mismo sueño y posteriormente lo escribieran. Ambos cuentos están centrados en negociantes que emprenden un viaje a Montevideo tomando el vapor la Carrera. Llegan a la ciudad y mientras Petrone (el protagonista de La Puerta Condenada de Cortazar) se hospeda en el Hotel Cervantes, el narrador de Bioy (del que nunca sabemos el nombre) se queda en el hotel La Alhambra. Sin embargo, esto se debe a un error. En Un Viaje o El mago Inmortal se lee: Juraría que al Chauffeur del taxímetro le ordené: “Al hotel Cervantes.” Cuántas veces, por la ventana del baño, que da a los fondos, con pena en el alma habré contemplado, a la madrugada, un árbol solitario, un pino, que se levanta en la manzana del hotel. Miren si lo conoceré; pero el terco del conductor me dejó frente al hotel La Alambra. Le agradecía el error, porque me agradan los cuartos de La Alambra, amplios, con ese lujo de otro tiempo; diríase que en ellos puede ocurrir una aventura mágica.

Avanzando por los cuentos, notamos cómo las coincidencias se repiten. El personaje de Bioy entra a un cine y ve una película; el de Cortázar se niega a entrar. De noche, Petrone escucha unos llantos de bebé que vienen de la habitación contigua, a través de una puerta condenada, mientras el personaje de Bioy escucha una pareja que hace el amor intensamente en la habitación del lado. Cuando Cortázar empieza el cuento de esta manera A Petrone le gustó el hotel Cervantes por razones que hubieran desagradado a otros. Era un hotel sombrío, tranquilo, casi desierto. Un conocido del momento se lo recomendó cuando cruzaba el río en el vapor de la carrera, diciéndole que estaba en la zona céntrica de Montevideo… me gusta pensar que el conocido del momento es el lascivo personaje de Bioy que está a bordo del Carrera a un lado del personaje de Cortázar. No voy a comentar el desenlace del cuento por razones obvias, pero es tan increíble la semejanza que la primera interrogante que le surge a cualquier lector es quién plagió a quién. Bioy Casares visitó a Cortázar en los setenta y hasta lo fotografió. En esa ocasión, conversaron
sobre dicho cuento, se rieron mucho ante la coincidencia y creo que después hablaron sobre vampiros.

Cortazar opinó que en la coincidencia había un mensaje indescifrable, una tercera voluntad.

En la página 175 de sus Memorias, Bioy comenta: Un crítico señaló extraordinarios paralelismo entre” Un viaje o el Mago Inmortal” y un cuento de Cortázar. Yo sentí esa coincidencia como una gratísima prueba de afinidad entre dos amigos.

En una entrevista de Tomás Barna, Bioy responde lo siguiente:
Bioy Casares.- Sobre Cortazar le voy a contar que estando él en Francia y yo en Buenos Aires escribimos un cuento idéntico. Empezaba la acción en el vapor de la Carrera —como se llamaba entonces— que salía de Buenos Aires a las 10 de la noche y llegaba a la mañana siguiente a Montevideo. El protagonista iba al hotel Cervantes, que casi nadie conoce. Y así, paso a paso, todo era similar, lo que nos alegró a los dos. Realmente nos queríamos mucho con Cortazar. Hemos sido muy muy amigos, habiéndonos visto cinco o seis veces en la vida.
T.B.- Con él no era muy difícil hacer buenas migas, por su forma de ser, cuando él encontraba un espíritu sensible y afín.

Bioy Casares.- Sí. No era difícil cuando encontraba un espíritu afín, pero le puedo decir que era bastante bravo; mucho más que yo.


*Foto del Hotel Cervantes de Vanellus Chilensis.

jueves 21 de junio de 2007

La Aventura de un Fotógrafo en la Plata de Adolfo Bioy Casares


En 1985, Bioy Casares contaba ya con setenta años cuando publicó una de sus mejores novelas: La Aventura de un Fotógrafo en la Plata. A Bioy todavía le quedaban catorce años más de vida, a su mujer, Silvina Ocampo le quedaba ocho años de vida y a su hija, Marta, le quedaban nueve años, a Jorge Luís Borges, su inseparable amigo, tan sólo le quedaba un año más. Pero por supuesto, todos ignoraban esto, y por lo tanto, nada de esto se ve reflejado en la novela.

Pero vamos a la novela. De nuevo el título. La Aventura de un Fotógrafo en la Plata. Se trata de un título anacrónico. Pero al igual que en varios de sus libros, el título sirve para describir con precisión el contenido de la novela, lo que supongo que debió traerle fuertes dolores de cabeza a los editores que siempre buscan la extravagancia de los títulos y las portadas, como esos de Anagrama o de Alfaguara que en ocasiones sus portadas no tienen nada que ver con el contenido del libro.

Dividida en 63 minuciosos capítulos y con una extensión de 183 páginas (de acuerdo a mi edición de Alianza Tres), La Aventura de un Fotógrafo en la Plata cuenta las peripecias de Nicolasito Almanza, joven de provincia, que es enviado a la ciudad de la Plata a tomar fotografías para ser incluidas posteriormente en un libro. Durante su recorrido por ciudad de La Plata con cámara en ristre, se ve envuelto en una serie de acontecimientos y de situaciones hilarantes que recuerda a lo mejor de la novela picaresca. Al mismo tiempo, se reiteran una serie de argumentos que Bioy nos tiene acostumbrados en su narrativa, tales como los intríngulis del amor, la fisura entre la realidad y la ficción, y sobre todo, la perfecta construcción de personajes secundarios, personajes que entran y salen a su debido momento y que siempre cumplen una función determinada con la trama.

También debemos resaltar la manera en que Bioy nos va moviendo por los lugares más significativos de La Plata: la casa de Alma Fuerte, La Plaza Rocha, el Parque Moreno, el zoológico, el monumento al Almirante Brown,
etc. Se puede diseñar un mapa para ir siguiendo el recorrido que hace Nicolasito Almanza por La Plata (este es un consejo gratis para el ministro de Turismo de La Plata o para el Ayuntamiento o para quien pueda interesar)

Sobre La Plata, uno de los personajes de la novela comenta: Una Ciudad Nueva, de gran pasado. Su pasado es de cuando el país tenía futuro.

La novela comienza con la siguiente oración: Alrededor de las cinco, después de un viaje en ómnibus, tan largo como la noche, Nicolasito Almanza llegó a La Plata.
A pocos minutos de su llegada, Almanza se encuentra con una extraña familia, compuesta por Juan Lombardo, el padre, sus dos hijas, Julia y Griselda, la prole de Griselda, una niña de cuatro años y un bebé. De alguna manera, el encuentro casual con esta familia prefigura el desenlace de los siguientes capítulos de la novela, que a medida que la trama va avanzando se tornan y tornan más descabellados.

Se trata de uno de
esos comienzos determinantes. Esos comienzos diabólicos con que arrancan El Maestro y Margarita de Bulgakov o el Watt de Beckett.

Nicolasito Almanza parece tío o papá del García Madero de los Detectives Salvajes de Bolaño. Un personaje ingenuo, inocente, que realiza reflexiones de este tipo: Francamente no tengo ganas de llevarla a un hotel.

Por ejemplo, Enrique Vila – Matas hace dicha observación, en la página 73 de El Viento Ligero en Parma, refiriéndose a los Detectives Salvajes de Roberto Bolaño: El ingenuo diarista tiene una voz con ecos del protagonista de La Aventura de un fotógrafo en La Plata de Bioy Casares (uno de los autores más familiares al mundo literario de Bolaño).

Y más adelante, en la página 112 del mismo libro, refiriéndose a Bioy, Enrique Vila – Matas escribe: Quienes admiramos su obra, sabemos que, aunque no esté él para defenderla, libros como La Invención de Morel o La Aventura de un Fotógrafo en La Plata (mi libro de Bioy preferido) se defienden solos.

En la página 76 de La Aventura de un fotógrafo en La Plata, Bioy medita sobre la fidelidad y nuestra sociedad matriarcal:


- Todo lo que puede pasar es un revolcón, pero después vuelve a mí, como siempre. Y si por una casualidad yo hiciera otro tanto, el resultado no varía. Es claro que para él las cosas son fáciles, porque las mujeres son más naturales. Y más vivas. No se dejan engañar por lo que dicen, no sé si me entiende. ¿Quiere una prueba de que son más vivas? Gobiernan el mundo. Los hombres se limitan a repetir lo que ellas les inculcaron. Fíjese, los hombres siempre fueron andariegos y mujeriegos, enemigos de las ataduras. Desde que se tiene memoria, las mujeres buscaban el casamiento y los hombres como podían lo evitaban. Ahora todo eso cambió. Ni les hable a los hombres de una aventura pasajera. Quieren formar pareja y construir algo, no saben qué. Repiten lo que las mujeres les dijeron. El resultado está a la vista. Hoy en día la mujer que pretende una aventura pasajera es una sobreviviente de otra época. No quedan hombres para ella. Entre los que quieren construir algo y los maricas, no quedan hombres. ¿Usted qué piensa?
- Francamente, no sé.


También, en la página 121, se pone a filosofar a través de un personaje y a darle consejos a la juventud:


- Claro, pero no hay que desperdiciarla. Te prevengo: la vida pasa pronto y estás en una edad peligrosa. Hasta los treinta, la gente no hace más que fornicar.
- ¿Y después?
- Nada cambia. Leí no sé dónde que la vida se compone de nacer, fornicar y morir. El resto no será más que yugo, para ganar el sustento, y representación (la llamada cultura), un teatro para quedar bien ante los otros y uno mismo.

lunes 18 de junio de 2007

Una Muñeca Rusa de Adolfo Bioy Casares


Leandro es argentino. Según dice la contraportada de su libro de poesía, ha vivido en Italia por largas temporadas realizando una interesante carrera gastronómica. De Italia vino a Santo Domingo y desde hace unos largos meses ha estado viviendo aquí. Leandro me llama a las seis y me dice que nos juntemos en un café. ¿Pero qué café? ¿Cuáles cafés están IN? ¿Cuáles cafés están OUT? No tengo idea. No veo televisión, no leo periódicos y apenas salgo. Le pregunto que por dónde anda. Me dice que está de compras en Multicentro con Yelidá y que empuja un carrito de supermercado. Le pregunto si quiere ir a un café en específico. Leandro titubea. Le pregunta a Yelidá y ella no responde. Aprovecho y le pregunto a Giselle y esta me responde que en Segafredo. Le repito a Leandro que en Segafredo. Leandro me responde que van a estar por allá a eso de las ocho.

A las ocho en punto, llegamos a Segafredo. La verdad me gusta Segrafedo. Me gusta ver a Carlitos tomándose una piña colada. Me gustan las bebidas de colores que tienen. Me gusta una foto del parque Colón que hay en el interior. Me gusta el lavamanos que tienen. Me gusta la frivolidad del sitio. Me gusta que sea un café exento de poetas de los ochenta.
Nos sentamos afuera, entre las mesas repletas de turistas que hablan en francés, portugués o inglés. Fuman y beben cerveza y se quedan mirando a los dominicanos y a los otros turistas que pasan. Giselle y yo hacemos lo mismo. Se acerca al mesero y Giselle pide una botellita de agua y yo pido una cerveza. Es una tarde calurosa. Llevo una camisa de mangas cortas que comienza a pegárseme al cuerpo mientras Giselle saca un cigarrillo, lo enciende y empieza a fumar. Se acerca un mesero que siempre nos atiende y me pregunta que por qué no le hice señas para que me atendiera él. Me disculpo y le digo que eché un vistazo por los alrededores y no lo vi.

Leandro llega con Yelidá. Me pasan un libro de Osvaldo Soriano (Una Sombra Ya Pronto Serás) que pertenece a Yelidá. Ambos me suplican que no lea la dedicatoria. Leandro dice que la escribió borracho. Juro que no la voy a leer. Yelidá pide una cerveza y Leandro pide otra. Al rato, distinguimos a Chelo que se aproxima desde el oeste, esquivando mesas de turistas, perros realengos y limpiabotas.
- Hoy cerraron Cinemacafé, dice Yelidá.
- Que pena.
- Estaban haciendo una vigilia.
- Que pena.

Empezamos a hablar de comida. De comida china. Luego Yelidá hace un recuento de todas las personas que confuden su nombre. La confunden con Yaneli, con Yolanda, con Gina, con Giselle, con Yessica, con Yesenia. La confunden con Yanet, con Yadira, con Yuli. Es increible la cantidad de gente que no lee poesía dominicana, pienso. Luego Chelo habla del famoso viaje a Israel en que pusieron una bomba en su avión. Luego empezamos a hablar de la película Viajeros y de la escena en que le arrancan el brazo al personaje de Richard Douglas y de ahí pasamos a Bioy Casares y Borges. Chelo habla de un libro sobre la arquitectura en la obra de Borges, del libro de carta de Borges a Estela Canto, del Antiborges. Rememoramos cuando María Kodama vino para la Feria del Libro del 2006 y cómo repitió la conferencia que dio en la Feria del Libro del 2000: La memoria de Shakespeare. Entonces hablamos de Bioy.
- En Argentina, a Bioy lo tienen como el discipulo de Borges.
- Pero es más que eso.
- Lo ven así.
- No sé. Creo que con El Diario de la guerra del Cerdo, Bioy realizó su mejor obra.
- Pero tiene cuentos buenísimos y después de esa obra seguía con pilas. Con pilas Energizer.
- El Diario de la guerra del cerdo es una novela perfecta. No la pudo superar.
- Un Campeón Desparejo también. En el sentido de que todas las cosas están en su sitio. No hay una palabra que desentone.
- No sé. Ese Bioy no me gusta. Hay una entrevista en que él habla del día en que murió Borges. Alguien lo detiene, se lo dice y él replica ¿en serio? y sigue caminando por la calle, confundido, como si estuviera dentro de un cuento de Borges.
- Ahora acaban de publicar los diarios de Bioy, los diarios que Bioy escribía antes de acostarse y que guardaba en su mesita de noche. Escribía sus encuentros con el maestro Borges como si se tratara de un maestro de Kung Fu. Fresán describió el libro como una cruza entre La Vida de Johnson de James Boswell con La Conjura de los Necios de John Kennedy Toole.
- Ah no sabía.
-Sí, ha causado mucha controversia en Argentina. Porque no se centra en el Borges y en el Bioy eruditos, sino en el Borges y el Bioy cotidianos que charlan de nimiedades y chismean como doñas de barrio. No lo he leído. Quiero leerlo. Es más, estoy releyendo y leyendo lo que me faltaba de Bioy para entrarle al libro.
- ¿De qué trata?
- He leído fragmentos.
- Hablan mal de Baudelaire y lo consideran cursi, dice Giselle.
- Sí, son super crueles.
- Habla de Oliverio Girondo, habla de su libro Veinte poemas de amor para leer en un tranvía, habla acerca de la palabra tranvía que no se usaba en esa época en Argentina y que Bioy especula que puede deberse a la influencia de un escritor español que se encargaba de corregir la obra de Girondo.
- Hablan mal de Ortega Gasset y de Quiroga. Hablan mal de Puig.
- También. ¿Del secretario de Medio ambiente?
- No, del escritor. Borges le pregunta a Bioy sobre Puig y Bioy le dijo que es el escritor de Boquitas Pintadas. Entonces Borges responde que cómo puede leer un autor que haya escrito un libro con un titulo tan cursi como Boquitas Pintadas.
- Hablan mal de los negros. Son extremadamente racistas.
- Sí, sí. Bioy dice que en una entrevista le preguntan si le gusta Brazil. Bioy responde que no le gusta porque es un pais lleno de negros.
- Vaya, eran tremendos.
- Sí.
- Ácidos.
- Cáusticos.
- Hijos de Papi y mami.
- En un artículo, Alan Pauls se pregunta por la cantidad de tiempo libre con que disponía Bioy. Tenía tiempo para leer, para sus aventuras amorosas, para colaborar en revistas, para chismear con Borges, para viajar, para escribir su valiosa obra.
- ¿Y no trabajaba?
- No trabajaba.

Me he bebido ya dos cervezas. Chelo se ha bebido dos Maui. Entre Yelidá y Leandro se han bebido cinco cervezas.
- ¿Has leído Una Muñeca Rusa?
- No me gustó.
- Pero a mí me gusta. Mucho.
- ¿Por qué?
- No sé.

Nos despedimos.

Después de darme una ducha, me pongo a leer. Abro Una Muñeca Rusa y termino de leer los cuentos que me faltan. El libro Una Muñeca Rusa - así como las Muñecas Rusas que tienen muñecas rusas dentro de muñecas rusas que tienen dentro muñecas rusas - está compuesto de cuentos dentro de cuentos. Alexei Kolejov le trajo una de esas muñecas a mi mamá. Tomo la muñeca y la abro. Saco todas las muñecas y las coloco alrededor del escritorio mientras reflexiono. El método de escritura de Bioy en algunos de sus libros funcionan de dicha manera. Bioy destapa un cuento y de ese cuento saca otro cuento y de ese otro cuento hasta el infinito. Al igual que la obra de Borges y la de un gran número de cuentistas, Bioy trata de escribir cuentos que tienden al infinito. Se pudiera escribir una teoría del cuento partiendo del principio de las Muñecas Rusas de Bioy. Pero no estoy de humor hoy.

Publicado en 1991, Muñeca Rusa es otro de los libros del Bioy maduro y que publicó bajo un contrato con Tusquet.

A continuación algunos de los pasajes que subrayé del libro:

Los muebles del departamento eran antiguos y sin duda hermosos, pero lo que llamó la atención de mi amigo fue una muñeca rusa.
- Un regalo de mi padre - refirió la señora -. Yo debía de ser muy chica o muy sonsa, porque mi padre creyó necesario aclarar: " Trae adentro muñecas iguales, de menor tamaño. Cuando una se rompe, quedan las otras".
Página 18

En la relación con una mujer rica, en cuanto el hombre se descuida, la mujer es el hombre. Una prueba de coraje varonil tal vez pueda restablecer las cosas
Página 28
Durante años dije que Jorge Davel era un galán de segunda, imitador de John Gilbert, otroo galán de segunda.
Página 69

"...Yo diría que es un verdadero machista, lo que en este país no es de una originalidad extraordinaria. Para no viajar con una mujer ¿el imbécil viaja solo?" " Sí, aunque él diría que no." " ¿Mentiroso además? Machista y mentiroso. Te participo que empiezo a cansarme de tu amigo." "Viaja con una muñeca inflable".
Página 101

martes 12 de junio de 2007

Un Campeón Desparejo de Adolfo Bioy Casares


En 1993, a la edad de de 79 años, Adolfo Bioy Casares publica la novela Un Campeón Desparejo. Se trata de una novela corta, de 110 páginas, según la edición que tengo de Tusquets en la colección Fabula y que se caracteriza por utilizar una tipografía para lectores que son cortos de vista o se están quedando ciegos o quizás para lectores que tenían la edad de Bioy cuando éste publicó la novela y no podían forzar mucho la vista.

Lo primero es el título de la novela: Campeón Desparejo. Es un titulo que no vende. Es como el titulo de una reseña de la sección Deportiva del periódico Hoy mezclada con una de Sociales del mismo periódico. Pero como es una novela del Bioy maduro, del Bioy de 79 años, cómo tiene pocas páginas, uno se hace el chivo loco y condescendientemente abre la novela y la encara.Entonces se lee la primera oración: Lo Tomaron en Tupungato y Alma Fuerte. Aunque uno nunca haya estado en Buenos Aires, esa oración agarra. Puedes tener un bebé en los brazos y esa oración te agarra. Por lo que lees y lees hasta que quedas dentro de la novela como si esta de repente se convirtiera en un taxi y arrancara.

En Un Campeón Desparejo, Bioy narra las peripecias de Luis Ángel Morales, un taxista de Buenos Aires, ex alcoholico, de buen corazón y poco inteligente. La novela empieza cuando Luis Ángel Morales recoge a dos extraños tipos que le dan a beber una extraña poción que le transforma la vida. De ahí en adelante, Luis Ángel Morales se convierte en una especie de Hulk, de hombre increible, de salvador de amas de casa y de putas bonaerenses. Pero es más que Hulk. Imagínense una versión de Hulk dirigida por Godard en Buenos Aires.

Bioy escribe: La señora volvió a trastabillar, pero evitó la caída. Morales bajó, para auxiliarla, y el colectivero, con una barra de hierro, bajó para enfrentarlo. Apenas tuvo tiempo de hacerse a un lado, asir con la mano izquierda la barra y quitársela al agresor. Mientras éste lo miraba sin entender, Morales retorcía el hierro entre sus manos. Prontamente el colectivero se metió y se encerró en su vehículo. Morales le gritó:
- Quieto ahí.
Se disculpo ante la señora y le preguntó si estaba bien. Con una mirada, comprobó que tampoco el taxi había sufrido perjuicios. Le gritó al hombre:
- Andando.
- ¿Cómo lo hiciste, mi hijito? - preguntó la señora - . Me gustaría llevarme ese fierro, de recuerdo.
Al recibirlo en las manos, la señora casi cae para adelante.
- Pesa demasiado- dijo Morales-, como si fuera de plomo.
- Pero no es de plomo. Por eso no lo suelto. Cuando yo cuente lo que hiciste, si alguien cree que el caño era de plomo, lo llevo a casa y se lo muestro para que vea que no es de plomo, sino de fierro.

Particularmente, lo que más me agrada de la novela es como Bioy va desbaratando todas las conjeturas que uno se va haciendo acerca del desenlace de la novela. Como un semáforo, la trama va cambiando de un punto a otro y volviendo de nuevo al punto de inicio. De los escritores recientes, me parece que César Aira tiende a esas vueltas, pero en Bioy hay una gracia y un manejo de un lenguaje llano y sencillo de una precisión y una riqueza incomparable.

Bioy es excéntrico, no trata de ser excéntrico. Por lo tanto no es aparatoso. Por lo tanto no provoca la risa forzada, sino de las que hacen mearte en los pantalones.
Al final, cobra sentido el título de la novela. Y uno mira la portada del libro con el título y se lo encuentra bueno y arenga: bárbaro Bioy, bárbaro, dónde sea que estés, te quedó bárbaro.

martes 5 de septiembre de 2006

El factor Borges



Empieza de la siguiente manera. En una de las conferencias de nuestra feria del libro pasada, Giselle Rodríguez Cid levanta la mano y le pregunta a María Kodama sobre el libro El Factor Borges de Alan Pauls. Todos nos quedamos contemplando a María Kodama que se ha quedado mirando a Giselle, pero María Kodama no dice nada o dice que no va a responder la pregunta o sencillamente se encoge de hombros y bebe de su vaso de agua. Meses después leí El Factor Borges, pensando en la rara actitud de María Kodama y buscando el nombre de ella sin lograr encontrarlo.

Pedro Henríquez Ureña, quien avistó el factor Borges antes que naciera Alan Pauls, escribió lo siguiente: "Habrá quienes piensen que Jorge Luís Borges es original porque se propone serlo. Creo al revés: Jorge Luís Borges será original hasta cuando se proponga no serlo. Lo es hasta en su manera de recordar, de usar las reminiscencias que le ofrecen sus lecturas innumerables. Lo es, en fin, porque le ha tocado en suerte una de esas pocas miradas que conservan a través de los años la avidez y la frescura de descubrir las cosas y porque sus maneras de decir son siempre nuevas, como ajustadas a sus maneras siempre nuevas de mirar”.

Ese comentario de Pedro Henríquez Ureña bien pudiera servir para describir el proceso de análisis de los ensayos que componen El factor Borges. Escrito por Alan Pauls e ilustrado por Nicolás Helft, personaje de quien Roberto Bolaño presumía que se trataba de una invención de Alan Pauls y que en sí es un famoso coleccionista de artículos y artefactos borgeanos. Fotos, dibujos, imágenes materiales iconográficos sirven para ilustrar y para reforzar el texto redactado por Alan Pauls, que se compone además de notas a pie de página, de un mapa de lectura y de una serie de referencias pertinentes.

Alan Pauls explica que nunca le interesó Borges como individuo, sino más bien como literatura. Por esa razón, En el Factor Borges, rescata a un Borges totalmente diferente, no al Borges héroe, salvador de las letras castellanas, ni al Borges antihéroe de ultraderecha, sino al hombre que vivió entre un mundo de paradojas y que hizo de esas paradojas y de su circunstancias personales, una de las literaturas más preciadas de todos los tiempos. Mientras María Kodama nos pide que agradezcamos a Borges que haya escrito en español y no en ingles, Alan Pauls resalta el escenario que Borges construyó en torno suyo, la importancia de ese círculo argentino para él y de esa tradición argentina de intelectuales que lo influyeron y que él al mismo tiempo influyó.

En este momento que escribo, debe haber un montón de gente escribiendo ensayos o artículos sobre la obra de Jorge Luís Borges, artículos que sirven de pretexto para que una serie de pedantes se explayen en textos soporíficos y aburridísimos. Leamos el Factor Borges de Alan Pauls, pensando en encontrarnos con la literatura de Borges y no con otra cosa.

lunes 7 de agosto de 2006

Jardines de Kensington de Rodrigo Fresán


El año pasado, en una breve conversación que tuve con el escritor norteamericano Rick Moody, le pregunté si conocía a la nueva generación de escritores hispanoamericanos y qué le parecía. Rick Moody sonrió y me respondió que había leído a Rodrigo Fresán, que es un gran amigo y que hacía poco había leído con mucho agrado y admiración la novela Jardines de Kensington. Yo no había leído Jardines de Kensington. Conocía a Mantra y los cuentos y artículos de Fresán. Pero no había leído Jardines de Kensington. Y mientras Rick Moody la elogiaba yo me preguntaba por qué diablos no había leído Jardines de Kensington.


Hace unos días, un amigo me prestó la novela y desde entonces la he estado leyendo. Inmediatamente la tuve entre mis manos, reflexioné acerca de la costumbre que tienen los libros de Rodrigo Fresán de no aparecer nunca en las librerías de Santo Domingo.

En la portada de Jardines de Kensington, se divisa a Michael Llewelyn Davies, disfrazado de un agreste Peter Pan. La foto fue tomada por James Matthew Barrie con la intención de buscar un modelo para la estatua de Peter Pan que iban a erigir en los jardines de Kensington. Michael Llewelyn Davies sostiene un palo y mira a la cámara como si estuviera repitiendo en la cabeza el mantra de Peter Pan: no voy a crecer, no voy a crecer, no voy a crecer, y estuviera a punto de golpear a alguien si le plantea lo contrario. Podemos decir que la novela Jardines de Kensington es el largo monólogo de un escritor de novelas infantiles llamado Peter Hook. En casi cuatrocientas páginas, leemos los balbuceos de un escritor psicópata que a través de la excéntrica vida de J. M. Barrie, el afamado escritor escocés, va ensamblando su pasado, como si se viera en un espejo y la imagen que le devolviera la hoja del espejo fuera la de Barrie. Con esto como pretexto, Peter Hook cuenta y cuenta durante toda una noche, su vida y la vida de J. M. Barrie y sobre todas las cosas, la vida de Peter Pan, aquel niño que se rehusó a crecer. Como trasfondo a este dilema, aparece la ciudad de Londres, un Londres victoriano de finales del siglo XIX y principios del siglo XX, que Rodrigo Fresán alterna con los Swinging Sixties y la época actual.

A través de un sinnúmero de páginas, se encuentran y desencuentran figuras primordiales de la cultura inglesa. Son hilarantes las apariciones de Bernard Shaw, J. M. Barrie y G. K. Chesterton disfrazados de vaqueros, de Cat Steven como niñera, de Bob Dylan vomitando en la habitación de los niños, de Allen Ginsberg dando vergüenza ajena, de The Beaten (aka) the Beaten Victorians (aka) The victorians como los rivales por antonomasia de los Beatles, de la grabación de A Day in The Life y la premisa de que quizás el reloj que se oye en dicha canción es el que está en el estómago del cocodrilo, enemigo del Capitán Hook, que aparece en la obra Peter Pan y que representa el tiempo o la muerte, que es prácticamente lo mismo.

En una entrevista, Rodrigo Fresán enmarcó su obra dentro del realismo Lógico, movimiento que se inventó él mismo y del que se considera único miembro. Pensemos en Rodrigo Fresán como heredero del elemento más rico y caracterizador de la literatura argentina: el cosmopolitismo. Muchos han calificado a Rodrigo Fresán como un Borges Pop, al tiempo que otros lo consideran el novelista más prometedor de la actual literatura latinoamericana. Sea lo que sea, Rodrigo Fresán se ha ganado el puesto de imprescindible.

En la página 39 de Jardines de Kensington escribe: Los libros como punto de fuga, como sitio desde el cual descolgarse y dejarse caer y salir corriendo para adentrarnos sorpresivamente ágiles y veloces en el bosque. No es casual, pienso, que los libros están hechos con la carne de los árboles y que las bibliotecas, finalmente, acaben convirtiéndose en bosques petrificados, en ramas y raíces que se hunden en nosotros y florecen en nuestra imaginación.

Leamos Jardines de Kensington pensando en lo anterior.

viernes 3 de junio de 2005

Mantra de Rodrigo Fresán


No voy a hacer una reseña de Mantra de Rodrigo Fresán porque ya en el pasado hablé mucho de ese libro y lo recomendé a un montón de personas. La vaina es que yo recomendaba el libro sin siquiera haberlo leído. El domingo pasado finalmente leí el libro. La lectura fue maratónica y empezó la madrugada del domingo y acabó, minutos después de la puesta del sol, conmigo sentado en un banco frente al río Chicago y las gaviotas y los edificios y las calles vacías, ya que el downtown estaba desahuciado como si se hubiera detectado una epidemia masiva y yo no lo supiera o no me importara porque lo único que me importaba era el libro y hacia que lugar se dirigía éste. Mantra se debe leer de una sentada aunque se lea parado, pero de una sentada. Si se trabaja pedir vacaciones en el trabajo para leer a Mantra. Si se es escritor dejar de escribir para leer a Mantra. Si se es ladrón dejar de robar para leer a Mantra. Si se es soñador despertarse para leer a Mantra. O leer a Mantra para seguir soñando.

La primera vez que hablé de Mantra fue hace como dos años atrás en que lo único que sabía del libro era una entusiasta reseña que acababa de publicar Roberto Bolaño sobre la novela. Estaba sentado en el parque Duarte bebiéndome una cerveza junto a Mario Nuñez y conversábamos de un montón de cosas hasta que acabamos hablando de películas bizarras, de una revista hardcore chilena y del libro de Rodrigo Fresán, porque en esos días si hablaba mucho de literatura o arte o de lo que fuera, comentaba de paso ese libro excéntrico que se había escrito acerca de México, un libro exótico y que yo pensaba que sólo unos cuantos elegidos lo habían leído. Mario Nuñez quedó maravillado con lo que le conté del libro pero no lo pudo adquirir, al igual que yo, al igual que un paquetón de amigos, ya que el libro ha tenido poca distribución. Reviso la última página del libro y me doy cuenta de que esta edición apenas es de dos mil ejemplares. El libro pertenece a la editora Mondadori y pertenece a la colección año 0. Esta colección incluye también la novela corta de Roberto Bolaño, Una novelita lumpen, entre otras.

Me he prometido no hacer una reseña del libro. Lo único que puedo decir es que se compre el libro y se lea varias veces. Pero ya que estoy hablando del libro voy a copiar algunas oraciones ingeniosas que he subrayado.

Yo soy la maldita cucaracha de esa canción en que Kafka y México comulgan en un insecto resistente.

Ver una película es lo más parecido a soñar y soñar es lo más parecido a estar muerto y estar muerto es lo más parecido a soñar que uno está viendo una película.

Alguien me dijo que Bob Dylan compuso Like a rolling stone a partir de la inversión - la marcha atrás - del riff original y sin dueño de la Bamba

(Este que recuerda un diálogo de Zelig de Woody Allen)
Mi padre siempre estaba borracho y le pegaba a mi madre. Mi madre siempre estaba borracha y me pegaba a mí. Yo no tenía nadie a quien pegarle, así que opté por aprender a luchar.

...asombrándonos tantos años después por la poca distancia que separaba entonces al ejecutor del ejecutado, y ahora, del ejecutivo.

Así me habla Joan Vollmer, esto es lo que me dice mientras fuma varios cigarrillos invisibles. Me dice que son cigarrillos de marca diferente: unos la hacen hablar en primera persona, otros en tercera persona, en ese entrecortado y espamódico idioma sísmico que es el lenguaje internacional de los muertos.