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martes 8 de abril de 2008

Junot Díaz gana el Pulitzer

Junot Díaz acaba de ganar el premio Pulitzer, venciendo de paso a Tree of Smoke de Denis Johnson. La pregunta obligatoria es la siguiente, ¿por qué no invitan a Junot Diaz para esta Feria del Libro?
- Chequear una entrevista que le hicimos acá en Ping Pong.
- Chequear esta reseña que escribí sobre su novela en Hermano Cerdo.

jueves 6 de marzo de 2008

El Soundtrack de I'm not There

CD 1
1.All Along the Watchtower - Eddie Vedder y The Million Dollar Bashers. Odio esta versión. Es la misma de Jimmy Hendrix. Siempre que pongo el primer CD la vuelo. La canción ha sido tocada por todo el mundo. Desde U2 a Jimmy Hendrix y de Dave Mathews Band a Bryan Ferry. Recuerdo que Bob Dylan cerró los dos conciertos en que lo vi, en el 2005, con una extraña versión de esta canción.

2. I´m not there - por Sonic Youth. Tremenda. Tremenda. Sonic Youth haciendo Bob Dylan. Si no me equivoco, la canción proviene de la era de los Basement tapes con The Band. Chequeen la aparición de Kim Gordon en la película.

3. Goin' To Acapulco - Jim James y Calexico. Me salvaron esta canción. Ahora mismo es mi canción favorita. Demasiado buena para escribir sobre ella. Quiero esta banda para la boda de mi hija y morirme al otro día de una indigestión.

4. Tombstone blues - Richie Havens. Imagínense a Ezra Pound corrigiéndole The Waste Land a T S Eliot. Es lo mismo. Por cierto, ¿quién no quisiera tener la voz de Richie Havens?

5.Ballad of a Thin Man - Stephen Malkmus y the Million Dollar Bashers. Increible. El cantante de Pavement cantando a Bob Dylan. Pobres junkies y suicidas de los noventa que no pueden presenciar estos milagros.

6. Stuck Inside Of Mobile With the Memphis Blues Again - Cat Power.
Cat Power deleita. Hace poco leí sobre la capacidad que tiene Cat Power de apropiarse de las canciones que interpreta. Es como si fuera la reina de los karaokes. En esta canción, se siente tan feliz, como si fuera su último día en el centro de rehabilitación o algo así.

7. Pressing On - John Doe
Dame un poquito del Dylan evangélico. No podía faltar gospel. Amén.

8. Fourth Time Around - Yo La Tengo
La parodia de Norwegian Wood de los Beatles. ¿La amada anda en silla de ruedas? Interpretada por la baterista de Yo la tengo en una versión super romántica.

9. Dark Eyes - Iron & Wine & Calexico
A mí me gusta como le queda esta canción a Patti Smith y a Bob Dylan. Pero esta versión, funciona. En serio. Oh, time is short and the days are sweet and passion rules the arrow that flies, A million faces at my feet but all I see are dark eyes.

10. Highway 61 Revisited - Karon O & the Million Dollar Bashers
Esta es la cantante de la banda de punk Yeah Yeah Yeah. Los escuchaba mucho. Recuerdo haber escuchado su música en Nueva York. Definitivamente, es una de las canciones punks de Dylan, plagiada por Raul Zurita.

11. One More Cup Of Coffee - Roger McGuinn & Calexico
Le quedan asombrosos los mariachis, como si se encontraran debajo del valle, a unos pasos de la muerte. Calexico es mi banda favorita.

12. The Lonesome Death Of Hattie Carroll - Mason Jennings
Parece sacada de un karaoke o del puente Carlos de Praga donde un muchacho toca canciones de Bob Dylan toda la noche.

13. Billy 1 - Los Lobos
Como llegar a Montecristi al mediodía. Como montarse en los caballitos mecánicos de las ferias de pueblo. Como ver ponerse el sol en el malecón.

14. Simple Twist Of Fate - Jeff Tweedy
Aqui tenemos al cantante de Wilco. Está bien, pero mucho mejor está la versión de Brian Ferry de su album Dylanesque, del año pasado.

15. Man In the Long Black Coat - Mark Lanegan
De nuevo, los noventa. El cantante de Screaming Trees interpreta la canción que en el libro Chronicle, Dylan considera como su mejor.

16. Señor (Tales Of Yankee Power) - Willie Nelson & Calexico
Senor, senor, do you know where we're headin'?
Lincoln County Road or Armageddon?
Seems like I been down this way before.
Is there any truth in that, senor?


CD 2


1. As I Went Out One Morning - Mira Billotte
Tremenda. Una de mis favoritas. Prestarle atención a esta jevita.

2. Can’t Leave Her Behind - Stephen Malkmus & The Bashers
Como el humo que deja el muffler de un motor.

3. Ring Them Bells - Sufjan Stevens
Me gustó mucho, el album Illinois, especialmente la canción Chicago, de este señor. Pero debe aprender algo, con las piezas de arte no se hace malabarismo, porque se caen fácil.

4. Just Like a Woman - Charlotte Gainsbourg & Calexico
La interpretación de esta canción es como el ring perfecto donde se entran a puñetazos Bob Dylan y Serge Gainsbourg.

5. Mama, You’ve Been On My M
ind - Jack Johnson
La balada muy tipo Jack Johnson. Una linda canción de los Basement Tapes. A los dos minutos treinta y cinco segundos, la canción se interrumpe y Jack Johnson empieza a rapear un extracto de un poema de Bob Dylan dedicado a Woody Guthrie titulado Last Thoughts on Woody Guthrie.

6. I Wanna Be Your Lover - Yo La Tengo
Yo la tengo suena como si estuvieran en los sesenta. Buen experimento. Pero a veces me aburre.

7. You Ain’t Goin’ Nowhere - Glen Hansard & Marketa Irglova
Se trata del pana y la jevita que ganaron los Oscars este año por la película Once rodada con tres mil dólares. Esta canción les quedó amorniosa y dulce. Es una canción para enamorarse.

8. Can You Please Crawl Out Your Window? - The Hold Steady
Esta canción sale en un poema de Allen Ginsberg. La versión está bien. Nada del otro mundo.

9. Just Like Tom Thumb’s Blues - Ramblin’ Jack Elliott
Este clásico desempolva esta canción como si la acabara de encontrar escondida en un baúl. En esta versión Just Like Tom Thumb’s Blues parece venir del pasado mientras en la de Bryan Ferry proviene del futuro.

10. The Wicked Messenger - The Black Keys
Suena como a Black Sabath o Deep Purple. ¿No?

11. Cold Irons Bound - Tom Verlaine & the Millions Dollar Bashers
Queda muy bien en la película. La voz de Tom Verlaine es perfecta como si cantara dentro de una probeta. Quizás la de Lou Reed hubiera quedado mejor porque es Lou Reed, pero Tom Verlaine convierte esta canción en el lamento de un voyeurista o de un pedófilo.

12. The Times They Are a Changin’ - Mason Jennings

Parece sacada de una esquina de San Francisco en los sesenta llena de hippies.

13. Maggie’s Farm - Stephen Malkmus & The Million Dollar Bashers
Esta es una canción para acelerar el carro y llevarse todo por delante. De nuevo, Stephen Malkmus, sorprendente.

14. When the Ship Comes In - Marcus Carl Franklin
Quien la interpreta es el niño que hace de Dylan en la película y que vemos tocando con Richie Havens y subiéndose en vagones de trenes. No se puede perder.

15. Moonshiner - Bob Forrest
A Nick Cave le hubiera quedado magnífica esta. Es una de mis favoritas. Me dan ganas de dejar todo esto e irme a beber a un bar. Mientras escribo esto, hablo con mi amigo Paul que está trabajando ahora mismo en un bar de Long Island. Le pregunto cómo está y a través de su iphone me dice que la cantante del bar le va a dedicar una canción. Le digo que le dedique Moonshiner. La cantante no la conoce.

16. I Dreamed I Saw St. Augustine - John Doe

Le dije a mi novia que quiero comprar un gato y llamarle San Agustín. Mi novia dice que los otros gatos le van a decir Gustinsito y que se va a sentir mal. Las Confesiones de San Agustín es uno de mis libros favoritos, por lo que esta es una de mis canciones favoritas de Dylan, pero no una de las mejores interpretaciones.

17. Knockin’ On Heaven’s Door - Antony & The Johnsons
Es uno de esos procedimientos que hacía Andy Warhol. Por ejemplo, ese de ponerle pintalabios y colorete a Mao. En este caso, Antony rehace esta canción del forajido, convirtiéndola de repente en una canción de cabaret cantada por una drag queen e interpretada por vaqueros rosados.

18. I’m Not There - Bob Dylan with The Band
Excelente coda.

lunes 12 de febrero de 2007

Canto del beisbol


1
Si no recuerdo mal, Canto del Béisbol, fue el primer poema que leí del poeta Lawrence Ferlinghetti. Lo leí una tarde, después de sacar una antología de Alberto Girri sobre Poesía Norteamericana de la biblioteca de INTEC. El poeta argentino había seleccionado el poema Baseball Canto, protagonizado por el pitcher dominicano Juan Marichal, junto a poemas de los beatniks, de Marianne Moore, Wallace Stevens, entre otros.

2
En una ocasión, hablando con Alexis Gómez Rosa, éste me habló de ese poema, de la referencia a Juan Marichal, a Pound y reiteró la importancia de que fuera traducido para los cronistas deportivos. ¿Para los cronistas deportivos?, le pregunté. Sí, dijo. Me acuerdo que me dispuse a traducir el poema. De lo que no estoy seguro, es de si llegué a entregárselo a Alexis Gómez Rosa, aunque sí recuerdo, que en una noche que deambulaba por Casa de Teatro, éste me dijo que un cronista deportivo se había referido a Canto del Béisbol y que consideró que era uno de los grandes poemas escritos por un poeta norteamericano.

3
Este es el poema

“CANTO DEL BEISBOL”

Observando el béisbol
sentado bajo el sol
comiendo palomitas de maíz
releyendo a Ezra Pound

y deseando que Juan Marichal
dejara un hueco justo en el centro
de la tradición anglosajona en el primer canto
y que demoliera a los invasores salvajes

cuando los gigantes de San Francisco tomaron el campo
y todo el mundo se levantó para el himno nacional
con alguna voz de tenor irlandés cantando en las altas bocinas
con todos los jugadores que permanecían muertos en sus lugares
y los ampallas blancos como policías irlandeses en sus trajes negros
y pequeñas gorras negras presionadas sobre sus corazones
de pie derechos y detenidos
como en el funeral de un adulador bartender
y todos contemplando el este
como si esperaran la gran esperanza blanca
o a los padres de la patria
que aparecieran en el horizonte
como en el 1066 o en el 1776

Pero en vez de eso apareció Willie Mays
cerrando el primero
y un rugido se alzó
cuando él mandó la primera hacia el sol
y corrió
como un corredor de pista de Tebas
La pelota se perdió en el sol
y las damas gimieron ante él
pero él se mantuvo corriendo
a través de la épica anglosajona
Y Tito Fuentes vino
parecido a un matador de toros
en sus apretados pantalones y sus pequeños
zapatos puntiagudos

Y el bleecher del jardín derecho se volvió loco
con chicanos y negros y bebedores de cerveza de Brooklyn
“¡Tito , golpéala duro hacia él, dulce Tito!”
Y el dulce Tito puso su pie en el plato
y le dio a una que no retornó para nada
y corrió a través de las bases
como si estuviera escapando de la United Fruit Company
así como el dólar gringo abate las libras
Y el dulce Tito la abate
como si estuviera batiendo la usura
sin mencionar el fascismo y el antisemitismo
Y Juan Marichal vino
y el bleecher chicano se puso loco de nuevo
y Juan le pegó a la primera bola
fuera de la vista
y corrió a la primera y siguió corriendo
y corrió a la segunda y corrió a la tercera
y siguió corriendo
y golpeó en una jugada sucia
ante el rugido de la asquerosa gleba
mientras algún idiota presionó el botón de pánico tras bastidores
con la cinta grabada del himno nacional nuevamente
para salvar la situación
pero no detuvo a nadie esta vez
en su revolución a través de las bases blancas
en este final de la gran épica anglosajona
en el Territorio Libre del béisbol


4
Con el tiempo, le envíe el poema junto a una traducción de otros poemas a la página Cielo Naranja de Miguelín de Mena. Este publicó los textos, junto a unas postales firmadas por Juan Marichal que encontró. Desde entonces empecé a leer los otros libros de Ferlinghetti con avidez. Paúl Alvarez, que entonces se había mudado a Nueva York, empezó a traducir el libro A Far Rockaway Of The Heart que el poeta había publicado a finales de los noventa. Posteriormente, conoció a Ferlinghetti quien colaboró en uno que otro poema de la traducción.

5
Me di cuenta de la importancia del poema el año pasado, no sólo la que tiene como documento en el ámbito literario, sino también la que tiene para la cultura popular. Bob Dylan conduce un programa de radio norteamericano. El programa que se presenta en la emisora xm mantiene una buena sintonía todos los miércoles en la mañana. Bob Dylan hace una introducción de canciones relacionadas con los temas elegidos para ese día. El año pasado, en el programa dedicado al Béisbol, Bob Dylan conversó con Charlie Sheen de pelota. En un momento, habló de Lawrence Ferlinghetti y de la importancia de su poema Baseball Canto. Puso un disco en que aparece Ferlinghetti leyendo el poema (se puede escuchar dicho poema leído por Lawrence Ferlinghetti en la página del Poetry Center de Chicago), y después puso las demás canciones, sobre todo blues de los cincuenta y los cuarenta.

miércoles 26 de julio de 2006

No Direction Home



El domingo en la mañana me puse a mirar el documental que hizo el director Martin Scorsese acerca de los primeros años de la carrera artística de Bob Dylan. El documental es bien largo y aunque no logra saciar a los fans de Bob Dylan -insaciables por naturaleza-, al menos nos presenta de manera convincente su primera etapa y una serie de fotos, apariciones en programas de TV, comentarios de músicos, novias, amigos, managers, productores musicales, poetas, grabaciones inéditas, entrevistas que no conocíamos anteriormente, pero sobre todo, nos presenta al mismo Dylan hablando de sus primeros años. Un Bob Dylan parco de sesenta años y con un humor negro y corrosivo. Bob Dylan que desde la publicación del primer volumen de su biografía y sus éxitos discográficos, se ha abierto un poco más al vouyerismo norteamericano, aunque la verdad, tan sólo un poco. Con el documental de Martin Scorsese no hace más que catapultar su fama más allá de lo posible, suponiendo que lo posible significa un firmamento empedrado de estrellas y el futuro.


Sobre No Direction Home me gustaría señalar un aspecto importante, que es sin duda el más enigmático de las tres horas de documental. Estamos ante uno de los momentos más álgidos y valientes de toda la carrera de Bob Dylan. Este se encuentra en una gira, que lo lleva a lo largo y ancho de toda Inglaterra, donde recibe abucheos continuamente por el sencillo hecho de tocar sus canciones eléctricas en vez de las canciones contestatarias y acústicas a las que sus fanáticos estaban acostumbrados. En el escenario del Free Trade Hall de Manchester, Bob Dylan está con su banda y acaban de tocar una de esas canciones eléctricas que el público adoraba abuchear. Bob Dylan se pasea por el escenario, y entonces, una voz masculina grita JUDAS. Bob Dylan se da la vuelta y mirando al público, le responde: no te creo. Le dice algo a la banda y vuelve nuevamente al micrófono y dice: eres un mentiroso. Se vuelve a la banda y aunque no dice esto en el micrófono se escucha bien claro, arengándolos y gritando, play it fucking loud, y entonces se oyen la batería y los primeros acordes de Like a Rolling Stone. Pero analicemos esto. El fanático le vocea Judas para dar a entender que Bob Dylan se ha vendido por unas monedas, es decir, ha dejado el compromiso llevado por los cantantes contestatarios a la manera de Woody Guthrie para dedicarse a la música pop como un montón de bandas que pululaban por la Inglaterra de principios de los sesenta. No obstante, la simbología es rica y legendaria, ya que sucede que Bob Dylan es judío e incluso a través del documental se comenta que él pudo cambiarse su nombre original, aquel de Robert Zimmerman a Bob Dylan, con tal de evitar la represión que existía en esa época contra los artistas judíos. Con este incidente salta a relucir la leyenda de Bob Dylan, como el judío errante, idea que quiso caracterizar Scorsese con el titulo del documental y que es extraído de uno de los versos de la canción Like a Rolling Stone, donde muchos han querido ver ese errar de piedra rodante que los judíos sufrieron en Europa y en tantos lugares y que Bob Dylan revive cuando canta la canción Like a Rolling Stone jodidamente fuerte, después de que el tipo voceara lo de Judas.

¿Pero quién fue el sujeto que gritó Judas? Al principio se creía que era Keith Butler, fanático de Bob Dylan que después de escuchar al Dylan eléctrico, quedó totalmente decepcionado. Keith Butler falleció en el 2002. Antes de su muerte, había repetido en entrevistas que el grito no había sido premeditado y que se debió a que se había sentido decepcionado y con rabia. No obstante, en los últimos años, el grito se ha empezado a atribuir a otra persona, a un tipo llamado John Cordwell que se encontraba esa noche en el concierto y que en ese entonces era estudiante de derecho. En una entrevista realizada para una revista, éste, al igual que Keith Butler, explica lo decepcionado que se encontró con las nuevas canciones que Bob Dylan estaba presentando. Cuando le hacen la pregunta de qué le diría a Dylan si alguna vez se llega a encontrar con él, John Cordwell se queda pensativo y responde al rato que le diría que todavía le gusta su música y que lo perdona.

viernes 20 de mayo de 2005

Bob Dylan en el Auditorium Theater


Los fans de Bob Dylan dicen que después de ver a Bob Dylan en concierto tu vida inmediatamente cambia. Dicen que te apareces en el siguiente concierto, en el que sigue y que sin darte cuenta estás siguiendo a Bob Dylan en caravana por todas las ciudades. Los fans de Bob Dylan van a los conciertos con libretas donde apuntan los cambios que hace Bob Dylan de las letras de sus canciones. Los fans de Bob Dylan llevan estadísticas de las canciones que Bob Dylan toca y hacen apuestas para ver cuáles va a tocar en los conciertos. Los fans de Bob Dylan se toman todo en serio y si hablas alto mientras Bob Dylan está tocando son capaces de estrangularte o arrojarte desde un balcón a la platea.

Vi a Bob Dylan dos veces en el Auditorium Theater. Me acuerdo de la primera vez en que haciendo fila para ingresar al teatro, se aproximó uno de los encargados de seguridad y recordó que está prohibido sacar cámaras, ya que en el concierto anterior alguien le había tomado una foto a Bob Dylan y éste dejó al instante de tocar y se marchó dejando a toda la multitud confundida. A mi eso me resultó ridículo, pero los fans de Bob Dylan advirtieron que si alguien le tomaba fotos a Bob Dylan lo iban a matar y miraron para atrás a no sé quién. Los fans de Bob Dylan van desde motoristas repletos de tatuajes a lolitas, de ejecutivos con corbata a profesores de primaria. Lo siguiente fue escrito después de la experiencia de mi primer concierto de Bob Dylan.

Ayer fui al concierto de Bob Dylan en el Auditorium Theater. El concierto fue magnifico, tanto que si cierro los ojos puedo ver a Dylan tocando sus canciones en el teatro que diseñó Louis Sullivan de cinco niveles con capacidad para cinco mil personas. El Show de Bob Dylan, lo abría Amos Lee, un tipo joven e interesante que anteriormente le abrió los conciertos europeos a Norah Jones y que lo están promocionando maniáticamente con posters en las tiendas de discos y en las librerías. También estaba Merle Haggard y The Strangers. Merle Haggard es un clásico de la música norteamericana y The Strangers consiste en una banda de alrededor doce personas, que incluye la esposa rubia y joven de Merle Haggard. Merle hizo unas declaraciones interesantes acerca de Bush, y explicó que estaba escribiendo una canción con Bob Dylan acerca de la marihuana y Martha Stewart, los dos peligros, según dijo de manera irónica, más grandes de Norteamérica, y después dijo, dont pay atention to Bush... Pay atention to Bob Dylan. Y el público se volvió loco, vitoreando, y mucho más cuando empezaron los acordes de We dont smoke marijuana in Missouri. En la banda había un señor de 93 años y otro de 85 y otro de 82 y Merle ya se encuentra en sus setentas largos y parecía estar borracho por la manera en que se tambaleaba por el escenario y por las gafas de sol que usaba. El de 93 años tocaba la guitarra de doce cuerdas y el autoharp sin sufrir un ataque cardíaco, lo que me pareció un logro superior al de cualquier integrante de los Rolling Stones. Fueron sensacionales, y cuando se fueron, el público seguía aplaudiendo. Entonces salió el presentador de un lado del telón, diciendo que lo próximo era Dylan y el público se fue abajo, arrojando sombreros y golpeando con los zapatos y las botas el piso de madera, gente de todas partes, de todas condiciones, de todas las edades, de 12 a 99 años, fanáticos de verdad que han comprado todos los discos y que se saben las trescientas y tantas canciones de memoria.

Yo hablaba con una pareja de gays que había a mi derecha. Uno de ellos había asistido a casi cincuenta conciertos de Bob Dylan, y ambos habían comprado los tickets de las seis presentaciones de Dylan en Chicago. Yo me acuerdo que le dije que según los reviews que había leído del concierto, todo iba a ser una farsa, pero el tipo me dijo they dont dig Dylan... Fuck them. Y yo repetí Fuck them. Entonces las luces se apagaron, y el mismo presentador de la otra vez, dijo BOB DYLAN y la música empezó a sonar mientras el telón se alzaba. Ahí estaba Bob Dylan, encorvado, tocando el teclado con un sombrero negro y un traje negro, estilo que al parecer ha retomado de los tiempos de Nashville and the Skyline. La banda estaba también con sus respectivos sombreros y vestidos de negro como si de vaqueros se tratara, excepto por una linda mujer que estaba tocando el violín en el centro del escenario y que tenía un vestido negro hasta las rodillas y el pelo negro y los zapatos de tacón negro con los lazos que le subían hasta las rodillas, y estaban tocando Maggie Farm en una versión que no tiene nada que ver con la original. Y ahí estaba todo el público bailando, un joven de 18 años con un sombrero que no paraba de bailar y frente a mi un tipo que gritaba yes, yes, y casi al final de la canción Dylan dejó el teclado y tomó la harmónica y se paseó por el escenario tocando. Bob Dylan, un señor bajito, viejo pero no tanto, con sombrero, tambaleándose en el escenario como lo ha hecho en los últimos treinta años, y la gente no paraba de aplaudir como si de repente se hubiera materializado Jesucristo o algo por el estilo. Al acabar la canción se acercó al micrófono y dijo thank u. La otra canción fue un blues nuevo. Después de esa canción vino con Desolation Row, una canción que por la imaginería ha influido a un montón de escritores y cantautores. Esa fue una de las pocas canciones que sonaban a la original, y en que Dylan, no le cambió completamente la letra. Después tocó la primera canción del CD Love and theft, o sea, la canción twedle dee and twedle dee dum, que tiene ese toque tejano con el banjo y el violín, y que a mi juicio trata acerca de Bush papá y Bush hijo. Después de esa canción, tocó otra canción de ese CD, Moonlight, una versión completamente diferente a la original, en que le cambió las letras, la armonía de la canción, la música en general, y que lo único que mantuvo fue la estrofa final. Al rato tocó una canción de Blonde on blonde: Most likely you go your way and I go mine. Los arreglos fueron estupendos. Después tocó Summer days. Prosiguió con Like a Rolling stone, en una versión medio trágica, tipo balada y que todo el mundo se tuvo que parar a bailar y a aplaudir. Un viejito de ochenta y tantos años se paró a mi lado a bailar, y yo pensaba en la época que él oyó por primera vez la canción, y lo observaba bailar alegre e iluminado. Y yo entonces me acordé de un cuento de Bolaño, la vida de Anne Moore, y más, me acordé de un montón de gente que quiero, de Alejandra Pizarnik, de Anne Sexton, y de jevitas arrojándose por ventanas y de un montón de cosas y se me empezaron a salir las lágrimas, porque era tan hermoso que cuando acabó fue como si uno experimentara lo que experimenta el astronauta al final de la película 2001 Space Oddisey.

Ya se iban. Se alinearon todos y Bob Dylan tímido como siempre, en el centro, como si los aplausos y los silbidos no fueran con él y él estuviera pensando en apretarle las tuercas a una puerta o prepararse un té al regresar a su camerino. Y salieron. Y el público se quedó ahí, aplaudiendo, y Bob Dylan volvió con el grupo y tocaron Every grain of sand, y después tocaron All along the wachttower que nadie se percató de que era esa sino casi al final que Bob Dylan cantó unos versos, ya que había transformado la canción por completo. Bob Dylan se quedó mirando al público bien serio, como si mirara algo que no está ahí, y el público de pie, homenajeando a uno de los artistas norteamericanos más importantes de la actualidad. Me paré a aplaudir con los gays a mi lado y la multitud de gente a mi espalda y a lo lejos y sobre los cinco niveles y los balcones del teatro diseñado por Sullivan con sus pinturas y sus detalles de oro en las paredes. Salí al lobby y de ahí a la calle, aunque me devolví porque tenía ganas de orinar. Ya en la calle caminaba en busca de una línea de metro y no sé por qué, pero me dieron nuevamente ganas de llorar. Pero esta vez me aguanté las lágrimas.

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