miércoles 1 de abril de 2009

De vuelta a la Secretaría de Cultura

Plata Caribe. Así se llama una antología que publicaron el año pasado en Uruguay y que esta noche ponen a circular en la Secretaría de Cultura. Es una antología donde presentan a poetas dominicanos y uruguayos del siglo veintiuno.

Me dirijo a la actividad por varias razones. La primera: porque estoy tomando un curso de escritura creativa con Rafael Courtoisie, encargado de la antología por el lado uruguayo. La segunda: porque hay que redactar una crónica de la actividad para la clase. La tercera: porque yo aparezco en la Antología y me toca leer un poema en el recital que harán a propósito de la publicación.

Llego junto a Maritza, Jaime y Miguel Ángel, que están tomando el curso conmigo. La sala Ramón Oviedo se encuentra a la izquierda y por lo que distingo ya han alineado las sillas y hay poetas por doquier. Ante la entrada, hay poetas que hablan de TS Eliot y discuten. Abril es el más cruel, repiten, como si debieran de poner la feria para otra fecha. Yo me quedo hablando con Ángela Hernández de narrativa. Ella me habla de una tal Ariadna que trabaja en el Banco Central, que es muy talentosa y queda en enviarme algunos de sus textos. Luego Basilio se acerca con Plinio Chahin. Le estrecho la mano a ambos. Gracias por venir, dice Basilio y señala a Homero que se ve en la sala, departiendo con Noe Zayas, el editor de Ángeles de Fierro y que compartió una casa con nosotros cuando fuimos a un festival en Jarabacoa.

Noé Zayas dice que quiere que vayamos a San Francisco a presentar nuestro show. Se compromete a pagarnos hotel y transporte. Claro que sí, le respondemos.

Aprovecho y le echo un vistazo al salón. No está lleno aún, pero hay varias personas sentadas entre los que reconozco a algunos de los que están tomando la clase, algunos poetas y otros que presumo son estudiantes de Basilio y que vienen porque van a pasar lista en la actividad.

Van entrando los demás poetas, el embajador de Uruguay y los ilustres poetas encargados de la antología.

-El hombrecito pronto en San Francisco de Macorís. Ya me imagino el afiche. Un afiche del Golden Gate.
-¿El hombrecito? ¿Quién de los dos es el hombrecito?
- Así se llama el show que hacemos.
-¿Por qué se llama así? - pregunta Noé.

Noé nos pone a pensar. Lo dejamos sin darle una respuesta y pasamos al salón donde está a punto de empezar la actividad. Recorro con la vista el salón ya atestado de gente. En las paredes se distinguen cuadros de una exposición que está vigente. Son cuadros pequeños, coloridos y de temática caribeña.

De pronto el moderador de la actividad, que si no me equivoco es actor y pertenece al reparto de la película El Caballero de la Medianoche, hace la presentación. Primero presenta a Basilio. Le digo a Homero que me pase la antología que tiene un formato de bolsillo y que edito la Universidad del Trabajo de Uruguay. Le doy un vistazo al índice y busco mi nombre. A ver, Frank Báez, página 77. Me dirijo a la página 77 y veo una pequeña introducción donde se me cataloga como poeta y traductor. ¿Traductor?, me pregunto
- Me puso traductor – le digo a Homero.
- Loco, pero a mi me puso: Poeta y Publicista.

El moderador llama a Basilio para que haga la presentación de la parte que este se encargó de recopilar en la isla. Lee la introducción que escribió en el libro.

Mientras lee, vuelvo a la página 77 y me pongo a ver los poemas míos que incluyeron: Bajo este mundo, Ejercicio y Jarrón.
- ¿Tú viste lo poemas que me seleccionaron? – le doy un codazo a Homero.
- A mí igual.
- Yo creo que el segundo no es mío – le digo.
-¿De verdad?

Vuelvo a leer el poema. Entonces recuerdo que lo escribí hace mucho y que de seguro lo consiguió en Internet. Creo que todos los consiguió ahí. ¡Que horror! ¡Es como si subieran una foto mía en calzoncillos a YouTube!
Digo otras cosas más, que no creo prudente incluir aquí. Si continuo criticando, nunca bautizarán una de las calles de la Feria del Libro con mi nombre. Homero, en cambio, está frío: Basilio acaba de
mencionarlo junto a Félix María del Monte.

Cuando Basilio termina, le ceden el turno a Rafael Courtoisie que explica cómo reunió el material de la selección uruguaya. Sin embargo, no puedo concentrarme en sus palabras, quizás porque pienso en que el Frank Báez que aparece en la antología no tiene que var nada conmigo. Quizás así se sienten los poetas muertos cuando le llegan las nuevas ediciones y antologías al infierno.
Así que vuelvo al índice y reviso los demás autores. Entonces me doy cuenta de algo. Mientras en el índice Frank Báez aparece de la página 77 a la 79, es decir dos páginas, los demás tienen una media de cuatro páginas en adelante. ¿Me pusieron de castigo? Vuelvo al índice y busco algunos de los poetas que mencionó Basilio en la introducción y no los encuentro. Recuerdo algo que escribió mi amigo el poeta Darío Jaramillo en un email y que incluyo aquí: Yo creo que los antologistas no merecen un castigo adicional al hecho de ser antologistas. A Cobo lo han zarandeado desde que publicó su antología de poesía latinoamericana en el FCE. Por los que metió y por lo que omitió. Sobre todo a escala continental, o del idioma, me parece difícil que haya alguien que tenga la visión panorámica completa: la más reciente antología, Las ínsulas extrañas, que hicieron Blanca Varela, Milán, Valente y Sánchez Robayna, en lo que toca a Colombia omitió a Aurelio Arturo, acaso el mejor poeta colombiano del siglo 20, a José Manuel Arango y al mismísimo Jaime Jaramillo. Lo que quiero subrayar es que no fueron incluidos porque mediara un juicio estético sobre ellos sino porque no los conocían.

Más o menos lo mismo está diciendo Rafael Courtoisie ahora mismo. En fin, mejor dejo de estar quejándome como una doña
y prosigo. Ahora toca el turno de la lectura. Cada vez que un poeta lee su poema, le aplauden y le obsequian un libro de la antología. Parece una graduación. Una graduación de poetas donde en vez de un diploma les dieran un libro. Lee Médar Serrata,León Felix Batista, César Zapata, Ángela Hernández, Pablo Reyes, Homero Pumarol, Plinio Chahín, Adrián Javier, Noé Zayas. De las lecturas, la mejor es la que hace Dionisio de Jesús, publicista también.

La mía es malísima. Aparentemente, no me pego mucho al micrófono y el poema apenas se escucha. Cuando me voy a sentar, una rubia se da la vuelta y me pide el libro. Busca el poema que leí y se pone a leerlo.
-Es que no te pegaste bien al micrófono. Tienes que pegarte así – dice acercándose un puño de manera vertical a la boca. Me devuelve el libro sin reaccionar ante el poema.

Los estudiantes se marchan. Incluso la rubia se marcha. Cuando la lectura termina, el moderador, que quizás fue en Viajeros donde lo vi o en Yuniol o quizás en Ladrones a Domicilio, anuncia que pasamos a la segunda parte de la actividad: la presentación del libro de Rafael Courtoisie: Biblia Húmeda.

Reviso la hora. Tengo que pasar a buscar a mi novia para llevarla a cenar. Le digo a Homero quien asegura que si no se bebe una fría en menos de cinco minutos le da un yeyo. Quedamos en que yo salga primero y que luego nos encontremos en los parqueos.

Salgo con cautela. Avanzo hacia los parqueos de la Secretaría de Cultura. Distingo a la rubia que me pidió el libro y entra a su carro parqueado al lado del mío. Prende las luces
. Yo espero que llegue Homero. Ella baja el vidrio derecho y me dice que suba.
-No, gracias.
- Súbase, poeta.
-No - le digo y entro a mi vehículo. Lo prendo y pongo la palanca en R. Cuando estoy a punto de dar reversa, suena el celular y veo que es mi novia. Quiere saber si la voy a buscar o no la voy a buscar. Voy en camino, le explico. Cuando miro a la derecha, el carro de la rubia se ha ido. Gracias a Dios. Ella bien podría ser mi tía.