sábado 10 de mayo de 2008

Chicago (2) Boys Town

El área que se extiende desde el Wrigley Field (el estadio de los Cubs donde el Sammy dio los famosos jonrones) hasta Lakeview, fue bautizada años atrás como Boys Town. Entre casas de madera y edificios de ladrillo rojo y marrón habitan casi medio millón de homosexuales. ¿Cómo se sabe esto? No sé. Hay que preguntarle al síndico Daley que tipo de muestra utilizó para recolectar esos datos. Según Wikipedia, Boys Town es la primera comunidad de gays, de lesbianas, de bisexuales y travestis de todo los Estados Unidos. A través de arterías principales como Clark, Belmont, Sheridan, Diversey y Halsted, uno se topa con pubs irlandeses, pizzerías, teatros como Metro, The Vic Theater, Blue group, teatros de stand up comedy como The Beat Kitchen, tabaquerías, restaurantes marroquíes, árabes, tailandeses, mujeres que te leen las manos, librerías como Borders y Barnes and Noble e independientes como Gallery Books y Books and Records, cines de porno gay, bares como Closet, como Circuit Nigth Club 2.1, terrazas, discotecas en general, tiendas sadomasoquistas y malls.

Recuerdo que cuando vivía en Chicago, una tarde, doblando en Belmont, fui interceptado por el desfile gay que ese año era encabezado por Rupaul y cerca de cuarenta hombres en calzoncillos y con aceite untado en los pechos y los brazos. Recuerdo los fines de semana por todo Clark en que se confundían las hordas de travestis con hordas de fans borrachos de los Cubs. Recuerdo el bar Berlin donde si eras straight se hacía problemático ir al baño y tenías que salir y orinar en el Dunkin' Donuts que está a una cuadra y donde uno tiene que consumir por lo menos una donut para usar el baño. Recuerdo a Galea comprando zapatos. Recuerdo un policía pegándole a un travesti parecido a Angelina Jolie y que una patrulla se llevó. Recuerdo a Billy Corgan escribiendo en una laptop en el Starbucks de la esquina de Belmont con Clark. Recuerdo a un junkie en la estación de Belmont que me dijo que el metro no avanzaba porque había un cadáver en los rieles. Recuerdo que me encontré una bufanda que el viento hacía rodar y que me la puse y que al rato una rubia se me acercó y me dijo que se la había robado. Es una bufanda de trescientos dólares, me dijo.

D y yo avanzamos en autobús por Boys Town. Pedimos la parada en Fullerton y procedemos a andar. Como estamos a principio de primavera, los árboles están echando sus brotes y aunque hace frío es agradable caminar por los alrededores, sobre todo cuando el viento amaina. Avanzamos frente a Urban Outfitters y tiendas de ropa vintage, restaurantes de mariscos, taquerías y sushi places.

Tan pronto cruzamos Diversey, decidimos entrar en los cines Landmark. Los críticos de cine, incluido Roger Ebert, consideran que estas son quizás las mejores salas de cine de Chicago, sobre todo porque pasan excelentes películas extranjeras e independientes, además siempre pasan cortos antes de iniciar las películas. Se encuentra en el último piso de un mall que denominan: The Century Shopping Center. Chequeamos las películas y ninguna nos llama la atención. Pasamos a los baños, vemos los posters y pululamos por las tiendas. De pronto, en la salida del mall, nos detiene un pecoso con lentes parecido a Philip Seymour Hoffman que saluda a D por su nombre y que le estrecha la mano.

Se da el caso de que D lo había conocid
o en los tiempos que estudiaba teatro por Pilsen.

En español la conversación es algo así.
Philip Seymour Hoffman: ¿Qué has estado h
aciendo?
D: Estudiando, trabajando.
Philip Seymour Hoffman: ¿No has vuelto a hacer teatro?
D: No. ¿Y tú?
Philip Seymour Hoffman: Voy a trabajar en una película
.
D: ¿En serio?
Philip Seymour Hoffman: Actually, la mitad del guión es mia y la otra de mi novio. Aunque podemos decir que la escribimos entre los dos.
D: Claro. Como Matt Damon y Ben Affleck.
Philip Seymour Hoffman: Exactamente, yo sería Ma
tt Damon y mi novio Ben Affleck.
D: Cool. Por cierto, este es Frank.
Philip Seymour Hoffman: Encantado de conocerte.
Yo: Igual.
Philip Seymour Hoffman: ¿También eres actor?
Yo: No. Creo que poeta.
Philip Seymour Hoffman: Otro poeta más (señala un grupo de seis hombres que conversan a unos metros). Cuatro de los de allá son poetas. El de la cartera Prada escribió un poema que me hizo pedazos. Me cubría la cara para no llorar. Anyway, tienes buen porte para ser actor. Al igual que D. Me gustaría que ambos participen en nuestr
a película.
Yo: ¿De verás?
Philip Seymour Hoffman: Claro. También soy el encargado del Casting. Je je je.
D: Bueno, hablamos luego.
Philip Seymour Hoffman: Chao, guys.
D y yo: Chao.

Dos cuadras más adelante, después de pensarlo una y otra vez, finalmente le suelto
la pregunta a D.
- ¿Crees que sea una porno?
- ¿Una porno?
- La película. La película de la que él escribió el guión.
- Je je je. Que va.
- Puede ser. De repente le pide a un
o que entre vestido de policía e irrumpa en un apartamento donde hay una orgía de gays y con la macana en la mano grite QUE ES LO QUE ESTA PASANDO AQUI.
- Je je jeje. No, es un tipo serio. Al igual que
Matt Damon.
- Sí, me di cuenta.

En Belmont, en la esquina con Clark, nos decidimos entre ir a The Alley para comprar unas camisetas de punks o picar algo. Optamos por picar algo. Ahora bien tenemos que decidirnos entre si comer en Ali Baba o Pot Belly. Decidimos Pot Belly, la cafetería nueva, que colocaron recientemente casi en frente de la librería The Gallery Bookstore.

- Viejo, pero ahí donde está el Pot Belly no era que estaba el bar Berlin.
- No, ese está allá.
- Que no. Lo tumbaron para poner el Pot belly.
- Que va, viejo.

En Pot Belly pido un italian sin pickles y sin onions y una batida de oreo. D pide una ensalada. Nos sentamos en una d
e las mesas desde donde podemos mirar a todo lo largo y ancho del establecimiento y a través del ventanal.

Vemos punks de pelo verde moco, corredoras en sudadores y travestis que pasan.

Pasa una rubia preciosa.
- Que mujer, viejo.
- Camina como si estuviera en una pasarela.
- Sí.
- Debe tener un arete ahí debajo; de esos que se mueven mientras las jevas caminan.
- De seguro.

De ahí empezamos a hablar de mujeres. De las Hot Cakes. De feministas de Chicago que terminaron haciendo porno y de insaciables pajeras. Nos concentramos en esto último. Lucian le envió hace como tres años un test por email a una gringa donde esta debía dar respuestas a una serie de preguntas íntimas con el fin de que el test le dijera cuál es el nivel que tenía para mantener una buena relación de pareja. El truco del test es que inmediatamente lo completas y lo envías, el test se reenvía a la persona que te lo había enviado, quien es capaz de ver cada una de tus respuestas. Lo que es totalmente infame, si te pones a pensar un poco al respecto. Entre las preguntas, se halla una referente a la frecuencia con que la persona se masturba al día. Cuando Lucian leyó el test de la gringa en cuestión, se dio cuenta de que en esta pregunta esta había puesto cinco veces al día. Esto causó todo un revuelo. Creo que Lucian terminó con la nariz rota, no estoy seguro, pero de lo que sí estoy seguro es que no lo volvió a hacer.

- Es saludable.
- Sí.
- Aunque al mismo tiempo, es mucho.
- No es tanto.
- Pero claro, loco. Es un estilo de vida.
- ¡Que va! Quizás como hacer aeróbicos.
- No, no, no. Pongamos que la jevita trabaja aquí en Pot Belly. Pongamos que es la gordita con lentes que atiende la caja. Si ella trabaja aquí de nueve de la mañana a cuatro de la tarde, debe hacerlo por lo menos dos veces aquí para mantener el promedio.
- Vamos a calcular. Una en la mañana antes de salir al trabajo; otra al mediodía después de comer; una en la ta
rdecita; dos en la noche.
- Bueno, la del mediodía debe ser acá.
- Te concedo eso.
- Pero pongamos que sea viernes y que ella tenga que salir con amigos y que llegue a la casa a las dos de la mañana. Le van a faltar dos.
- Claro. Pero puede hacerlo de corrido.
- También.
- Pero no es lo mismo de corrido.

Le doy un vistazo a dos adolescentes que se turnan para entrar en el baño: un moreno y un blanquito. Este último se toma casi veinte minutos dentro mientras el moreno aguarda sentado en una de las mesas de madera mirando por el ventanal. Al rato, sale el primero y el que estaba sentado ingresa. Dura lo mismo que el anterior y ambos se marchan juntos sin consumir nada.

- ¿Ella tenía novio?
- ¡Ay ay ay! Además de las cinc
o, habría que agregarle las veces que lo hace con el novio.
- Eso es vivir.
- Seguro.

Los adolescentes vuelven y se apostan frente al baño. Aunque en esta ocasión se alternan y el primero que entra es el moreno. Cuando sale el blanquito y ambos se marchan, a mí me entran unas enormes ganas de ir al baño. Ahora bien, me da un poco de curiosidad y al mismo tiempo de asco, enterarme el por qué duraban tanto tiempo metidos en el baño. ¿Estaban vomitando? ¿Fumando hierba? ¿Dándose pases? ¿Estaban enfermos del estómago? Me levanto y me dirijo allá. Los baños de Pot Belly son individuales y siempre están ordenados y limpios. El baño que accedo está inmaculado. Lo único que puede resultar diferente es un fuerte olor a perfume barato. ¿Será la puerta del baño una de esas puertas que te llevan a otra dimensión? Uno nunca sabe. Orino y me lavo las manos.

Caminamos por Boys Town y casi son las diez de la noche. El viento sigue circulando por las calles acorralando a la gente que no lleva bufandas ni abrigos para acuchillarlos como si se tratara de un atracador.

D toma el autobús rumbo a Halsted. De pie, en la parada de Halsted con Clark, le digo adiós con la mano mientras sube al autobús. Me meto las manos en los bolsillos del abrigo y espero por la llegada del mío. Pasa un tipo en un BMW negro, toca bocina, da reversa un poco, baja el vidrio y me pregunta hacia dónde voy. Le explico que voy a Downtown. Dice que me va a convidar un trago en un bar, incluso me abre la puerta para que entre, pero yo niego con la cabeza y doy unos pasos atrás y espero por mi autobus que no da señas de arribar.

1 comentarios:

G dijo...

Y esa foto de Hillary de donde es? The Alley?