En las esquinas de la Plaza de la Cultura que dan a la Máximo Gómez, donde suelen poner los afiches del Teatro Nacional, se distinguen ahora dos enormes afiches: uno de Junot Díaz y otro de Derek Walcott. Si se diera el caso de que soy un turista noruego y que tengo un día en Santo Domingo y me topo con esos afiches, pensaría que en Santo Domingo se lee mucho y me fuera con ese pensamiento en el avión en dirección a Europa.
Sin embargo, la realidad es otra. Por cada libro que se vende en la Feria del Libro se venden tres toneladas de Pizza y tres mil litros de refresco. Y no me hagan hablar de los hot dogs. No dudo de que en todos los países, en términos generales, pase lo mismo. Sin embargo, es tanta la proximidad de la comida y de los libros que se hace complicado no pensar en la correlación. Pongamos por ejemplo esto: en el stand de la secretaría de Cultura o de Ferilibro (no sé de seguro cuál es el nombre), están vendiendo los cinco tomos de la obra completa de Pedro Henriquez Ureña en 250 pesos. Si se piensa que cada tomo lo compré anteriormente a quinientos pesos, estamos ante la mejor oferta de la Feria, es decir los cinco totalizarían 2,500 pesos. Le están rebajando un cien por ciento. ¿A cuanto equivalen 250 pesos? A 7 dólares, quizás 8 dólares. Equivalente a cualquier trago de Segrafedo. O sea, la obra completa de PHU vale una piña colada de Segafredo. No tengo humor como para calcular. Debe ser la mejor decisión tomada por los funcionarios de cultura en el día. Dije del día, debería decir del mes o de lo que va del año. La cuestión es que para esa ganga debiera haber una fila larga de potenciales compradores, tan larga como la que hay para pasearse por el metro y donde los ansiosos compradores debieran repartir trompadas y halarse los pelos cada vez que un vivere se mete en la fila. Pero no hay fila. Una pena.
Ahora bien, estaba hablando de la comida, pero me equivoqué. Si a algo va la gente a la Feria del Libro es a ligar. Supongo que esto también suena como que se trata de un país progresista, donde las relaciones se establecen en ferias de libros en vez de bares o en fiestas. Lo primero que uno piensa es en sexys mujeres con lentes y con libros debajo del brazo y poetas con boinas y hablando de existencialismo por doquier y criticando al sistema. Pero no. Es el ambiente. Es el cúmulo de gente. Es que la feria es gratis y abierta para todos y lo único que hay que hacer es caminar y caminar entre todas las clases sociales y económicas que convergen durante esas dos semanas de Feria. Por cada libro que se vende se planifican trescientas cincuenta mil citas. Y supongo que mucho más ahora con el pabellón del amor de Pablo Mckinney, al que tan sólo le falta un jacuzzi. Porque si hay un sitio en Santo Domingo adecuado y perfecto para ligar es la Feria del Libro. En serio. Que hay más sencillo que acercársele a un mujerón o a un rubión o una gringa de ONG que esta parada frente a los anaqueles viendo los libros de Sopa de Pollo para el Alma o Sopa de Pollo para el Niño o Chocolate Caliente para el Alma o Quien se Robó el Queso, y decirle la portada de ese libro hace juego con tus blusa, mi amol. O con los zapatos o con tu boca o con lo que sea. Que más sencillo que acercársele a una jevita que está de pie frente a las estatuas humanas, las estatuas de Bob Marley, de Yemaya y de los piratas del Caribe, que por más que uno las mira no se mueven.
- Que no se mueve.
- Mira, se movió.
- Que no se mueve.
- Que te digo que se movió.
- Quédate mirándole los ojos.
Cinco minutos después.
- Sí, se movió.
Ahora bien, la gente que ama los libros existe. Incluso existe en Santo Domingo. No hay que ser tan pesimista. Hay gente que gasta parte de su sueldo para comprar libros y comprar libros buenos. En el pabellón de Juan Bosch, una muchacha de Los Alcarrizos, gastó seiscientos pesos en la edición de Alfaguara de los Cuentos Completos de Juan Bosch y no le tembló el pulso al pagar. Tenía ya una funda de libros, libros de Onetti y escritorazos así. Pero estas son excepciones. Lo que más sobra son personas que gastan veinticinco mil pesos en ponerle aros a la yipeta y que gastan sólo cincuenta pesos en la Feria del Libro en matatiempos y crucigramas, y no para dedicarles tiempo y llenarlos, sino para echarse fresco con ellos por el calor que hace en estos días. Por otro lado, están los intelectuales que se van con cajas llenas de libros y que compran los libros el primer día para no dejarles a los demás lectores. Y están los ladrones de libros. Me encontré con uno en el stand de Venezuela y Cuba.
Librero: Señor, usted se está llevando un libro. ¡Oiga señor!
Ladrón de libros: Excúseme, es que no me di cuenta. Fue que me dejé seducir por la lectura.
Librero: Démelo.
Ladrón de libros: Excúseme.
(Sé que de seguro lo están pensando, pero ese no fui yo.)
Luego están las embajadas que tienen los libros en exhibición y que cuando uno ve un libro interesante y pregunta cuánto cuesta, la dependiente de mal humor responde: están en exhibición.
Entro en la librería Thesaurus y paso a una parte donde están vendiendo los libros en liquidación. Soy tan tacaño que desde que veo el letrero de LIQUIDACION entro a chequear, a ver que me encuentro, sabiendo de antemano que no va a haber nada interesante, quizás un Condorito, un libro de biología marina o una biografía de Shirley McLaine. Inmediatamente entro lo primero que me encuentro es un poemario mío llamado Jarrón y otros Poemas. ¡Un libro mío en liquidación! ¡Es como un derechazo en el hígado, ese hígado mio tan jodido como mi ego! Lo están vendiendo en cuarenta pesos, y ahora tiene una bolita amarilla detrás, lo que equivale a que lo están vendiendo en 20 pesos. ¡Que bajo he caído! Me siento como un zapato pasado de moda en uno de los bazares de descuentos que organizan en El Conde. Bueno, peor sería encontrarlo en Las Pulgas, me repito para consolarme. Al rato suelto un zafa; por si acaso. Aunque no dudo que en par de meses empiecen a aparecer los libros por allá.
(También vi el libro de cuentos míos en el Pabellón de Ferilibro o de Cultura donde están vendiendo las obras de PHU. Está a 70 pesos. Una ganga comparada a los doscientos en que yo lo vendía.)
La última vez que me pesé estaba en 180. Pongamos que ahora estoy en 182. Pues bien, me sentía como 182 libras de mierda. Me senté en el café de Thesaurus, justo al lado del pintor Ramón Oviedo.
- Esas cosas pasan, me dice Oviedo.
Asiento con la cabeza mirando junto al pintor a la gente que avanza en ambas direcciones por la callecita que tiene el nombre de Ligia Minaya o no sé de quién.
miércoles 23 de abril de 2008
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17 comentarios:
uff me gustó, me gustó.
Vaya post y cuan tristemente cierto!
Lo del jacuzzi no me parece tan mala idea, considerando que ahí ponen cualquier cosa... o quizá podrian llenar la fuente que está detrás del Museo del Hombre y hacer una piscina pública...
¿Por qué no pones el nombre del ladrón de libros?
¡¡¡Fueeeerrrteee!!! :-)
No me sé el nombre. Y no fui yo.
Te acompaño en tu sentimiento!, es duro lo de la liquidación, jejejejee. Esperaba tus crónicas de la feria con ansias...
Describes la misma sensación que cada año me acompaña en la Feria Internacional del Libro.
muy acertada descripción... sólo falto hablar de las ordas estudiantiles que gritan desaforadas al mando de un profe que GRITA "Muchaaachosss, cállense que estamos en una biblioteca el aire libre"
"Dejate seducir por la lectura" es el slogan de la Feria, con una mujer abrazando un libro y una rosa. Mejor hubiese sido: "Deja que La Isla del Tesoro te lo mame."
(no tengo acentos)
Por que todo tiene que tener un tonito erotico, olla?
Y las conferencias: "Poemas eroticos leidos por mujeres feas" por varias escritoras; "Los Politicos y los poemas de amor" por Pablo Mckinney, y asi las cosas.
Ahora bien, estaran Walcott y Junot, creo que con eso se ganaron un cien.
Por cierto, muy buena la cronica Frank, y ni por un momento pense que tu eras el ladron de libros; tal vez otro amigo de nosotros pudo haber sido, tal vez poeta como tu...
hola..cuando lei este post lo primero que pense fue ir a la feria juyendo a comprar tu libro, porque no lo tengo y porque ya me había preguntado antes donde podria conseguirlo.. asi que en efecto cogi palla. Te falto decir algo, el area de liquidacion ni siquiera esta Adentro de thesaurus.. esta Afuera, al ladito con su letrero de “solo efectivo”, aunque seria el colmo tener un verifone para esta sección de volumenes miscelaneos al aire libre. Si, vi tu libro de una vez y lamento tener que corregirte una cosa. Cuando lo voltie tenia dos stickers, amarillo y verde, los cuales según la leyenda pegada en la pared significa que el libro cuesta 10 pesos. Pense que no era justo ver tus libros alli, asi que mi novio (que por cierto se llama Frank tambien, y que por cierto tambien es poeta) y yo cogimo y lo compramo todito, a lo fokel. Los 8 que quedaban. No para venderlos mas caros, por si acaso jajaja, mas bien para regalarlos a gente que si lo pueda apreciar. Simplemente me parecio ver un pequeño desbalance entre tus versos y los libros de Walter Mercado y el Show de Cristina.
en chile las ferias del libro son solo una farandula comercial...mejor que no encuentres nada tuyo en las de ese tipo.
Excelente crónica, me leo en cada línea. Un abrazo,
rrs
Excelente crónica, la disfruté con el placer de viejo Barthes.
rrs
Melissa, gracias por comprar los libros de poemas.
Nada, esa es la realidad de nuestro país. Vivimos en una isla donde lo que se lee sólo son las revistas Vanidades y Cosmopolitan, algunos relatos de Paulo Coelho (con el respeto que se merece) y uno que otro libro de superación personal, me da hasta pena que voy todos los años con la esperanza de encontrar LIBROS, pero libros de verdad y que al final sólo vaya un día y no quede con ganas de volver, porque más que Feria del Libro parace pasarela o centro recreativo...
keyling, permiteme decir algo... en la feria hay de todo.. la feria no es una pasarela, ni un centro para comprar libros, ni un mercado de pulgas, ni un evento estrictamente cultural.. la feria es a lo que uno vaya, porque tambien es cierto que este año se ha roto frontera trayendo a figuras como derek y junot. Mucho ha sido para satisfacer solo a la minoria que le interesa. No podemos quejarnos tanto.
Lo lamentable es que es asi.
Que conste yo tengo el poemario y no lo compre en rebaja.
A juzgar por la experiencia de PHU, ver tus libros en saldo es el paso preliminar a la inmortalidad literaria. ¡Ánimo, Frank! Nadie es escritor hasta que sus libros empiezan a ser de segunda mano, es decir, de relectura. Ja, ja. Me encantó tu crónica. Saludos.
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